Antes, todas estas autoras eran campo

Nuestro trabajo en La Nave Invisible es visibilizar a las escritoras. Llevábamos tiempo, cada una por su cuenta, dándonos cuenta de que tenía que haber más escritoras de las que conocíamos. Sabíamos que las habíamos leído y que estaban ahí, pero no recordábamos sus nombres.

Cuando empezamos, pensábamos que tendríamos que visibilizar a las actuales para no olvidarlas, porque por fin las mujeres empezaban a escribir y publicar en los géneros fantásticos, que eran parcelas literarias que siempre habían estado reservadas a los hombres. Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando, así como empezamos a investigar un poco, descubrimos que las mujeres siempre han estado escribiendo géneros fantásticos, cuando no inventándolos.

Resulta que vivimos en un sistema social patriarcal que nos lleva a olvidar los nombres de las mujeres relevantes y sustituirlos por los de los hombres. Las mujeres siempre han escrito ciencia ficción, siempre han escrito fantasía y desde luego, siempre han escrito terror. Sin embargo, la mayor parte nunca se tradujeron, se editaron mal o se descatalogaron al poco tiempo. Nos hemos olvidado de sus nombres. La industria editorial las ha maltratado o las ha ignorado, así que tenemos que recuperarlas.

Este fue el tema de la charla que dimos en la LitCon de 2018, en el marco de la Feria del Libro de Madrid. En esta entrada hemos querido recopilar los nombres de las autoras y obras de las que hablamos esa tarde, y así dejar constancia por escrito de todas esas mujeres que siempre han estado ahí, desde el origen de los géneros fantásticos. Que estos sean campos de señores es mentira. Estos son solo unos pocos ejemplos y, en esta ocasión, solamente podemos hablar de las autoras de fantasía y ciencia ficción pues, en realidad, la Historia está formada por muchísimas más:

Foto de Elsie Wright, 1927.

Las autoras de fantasía

Trazar los orígenes de la fantasía como género literario es casi imposible, ya que la fantasía está muy ligada a la literatura en sí desde sus propios orígenes. Las primeras muestras de literatura que conservamos (La Odisea en Occidente, El poema de Gilgamesh en Oriente) tienen muchísimos elementos fantásticos, desde sirenas a gigantes.

Sin embargo, para ver obras que siguen la concepción actual que tenemos de “novela fantástica”, es decir, no una historia oral que sirve para asentar las bases de nuestra cultura o para transmitir conocimientos, si no un producto de ocio, tenemos que irnos al siglo XVII.

Poco antes de que estallase el Romanticismo, se empezaron a recoger cuentos orales. La Baronesa d’Aulnoy (Marie-Catherine Le Jumelle de Barvenille) empezó a recopilar cuentos de hadas. Más tarde, escribió los suyos propios.

Si avanzamos un poco en el tiempo ya sí que tenemos autoras en los términos completamente actuales. Entrebrumas es otro de los libros de fantasía clásicos en el mundo anglosajón. En Entrebrumas, Hope Mirrlees nos cuenta la historia de una ciudad feliz y próspera. Más allá de la ciudad, en el País de las Hadas, hay unos frutos prohibidos que vuelven excéntricas y creativas a las personas que los prueban. Quienes contraen esta enfermedad son personas marginales y son un mal inevitable en una ciudad sana. Sin embargo, todo cambiará cuando este mal llegue a un colegio de señoritas.

Entrebrumas se escribió en 1926 y se tradujo a español por primera vez en 2005. Por suerte, el año pasado, Roca decidió rescatarlo de la descatalogación y ahora está disponible en todas las librerías.

Portada de Una arruga en el tiempo

Otra escritora clásica y longseller en el mundo anglosajón es Madeleine L’Engle, que escribió Una arruga en el tiempo en 1962, se tradujo a español en 1985 y estuvo descatalogado hasta que en 2017 estrenaron su adaptación cinematográfica y Océano Gran Travesía lo reeditó.

En Una arruga en el tiempo tenemos a un grupo de niños que se ven arrastrados en un viaje temporal para buscar a su padre desaparecido. Tendrán que enfrentarse al Mal, vivirán aventuras y harán amigos inesperados por el camino. Es decir, una novela que tiene todos los elementos juveniles y fantásticos (y alguno de la ciencia ficción) ya escrito en 1962, y que en Inglaterra se convirtió rápidamente en un clásico. En España, incluso a pesar de tener la película estrenada hace unos meses, ¿cuántos conocemos o hemos escuchado el nombre de Madeleine L’Engle antes?

En cambio, si queremos hablar de fantasía épica, no podemos olvidarnos de Margaret Weiss, la autora de muchísimas de las novelas de Dragonlance, que empezaron a publicarse en 1984. Dos años antes, en 1982, Barbara Hambly escribió Vencer al dragón y con esa novela se llevó el premio Locus; Nova acaba de reeditarlo en una edición lujosa y preciosa (porque también estaba descatalogadísima). Estamos hablando de principios de los 80: Tolkien y Robert E. Howard estaban más que asentados, pero Joe Abercrombie y Brandon Sanderson, en parte responsables de la explosión de la fantasía épica que hemos estado viviendo estos años, estaban todavía aprendiendo a escribir en el colegio. George R. R. Martin era un escritor reconocido, pero todavía escribía ciencia ficción.

Las autoras de ciencia ficción

En cuanto a la ciencia ficción, está más o menos aceptado de manera generalizada que fue una mujer, Mary Shelley, la que la inventó. Si nos ponemos puristas, hay obras con elementos que hoy atribuimos a la ciencia ficción incluso un par de siglos antes, como las ucronías –historias desarrolladas en un tiempo paralelo–, que se consideraban un género en sí mismo. Sin embargo, fue Shelley la primera en hacer una novela que plantease un dilema ético o moral sobre el uso de la ciencia o la tecnología. Podemos definir la ciencia ficción de muchas maneras diferentes, pero si no plantea un problema ético o denuncia el mal uso de la tecnología o los avances, la ciencia ficción se nos queda en marcianitos o luces de neón.

Portada de El mundo resplandeciente.

El moderno Prometeo se escribió en 1823. Casi 150 años antes (1666), Margaret Cavendish escribió El mundo resplandeciente. En esta novela, una joven entra a través del Polo Norte en otro mundo, uno en el que existe una sociedad compuesta por diferentes clases de animales parlantes. Es una novela romántica, pero también de aventuras y tiene una crítica feminista muy interesante. A pesar de esto, se ha traducido por primera vez a español y se ha editado aquí en 2017, gracias a Siruela.

Unos pocos años después de Frankenstein, en plena rebelión sufragista, muchas autoras vieron en la ciencia ficción un género que podía transformar el mundo y que era el medio perfecto para ensayar nuevos modelos de sociedad. Charlotte Perkins Gilman, en Herland, imagina una sociedad secreta, oculta también tras el Polo Norte, en el que solo hay mujeres. Unos exploradores hombres llegan sin querer a este lugar y, bueno, el resto os lo podéis imaginar. Herland fue traducido como Dellas. Un mundo femenino en el 2000 y está descatalogado, pero hace unos meses Akal volvió a publicarlo, con el nombre Matriarcadia. Además, la editorial Bestia Negra publicó hace unos meses El papel amarillo, una novela corta o un relato largo (tiene una longitud ambigua) sobre la depresión postparto. Gilman señala un problema mucho antes de que los médicos de su tiempo se dieran cuenta de que lo había y las soluciones que propone se adelantaron un siglo a su tiempo. Aunque esté en este apartado, en realidad se acerca más al terror que a la ciencia ficción.

Portada de Swastika Night.

No tiene una lectura feminista porque es obvia su intención, pero otro gran ejemplo de precursora es Elizabeth Burgoyne Corbett, la autora de Nueva Amazonia. La protagonista de esta novela se despierta en el siglo XXV, en Nueva Amazonia, una nación que está en lo que antes llamaban Irlanda. Esta nación está gobernada y dirigida por mujeres y los hombres han perdido todo el poder social que tenían siglos atrás. Con un claro tono de humor, pero también siendo muy crítica con su momento, va alabando y mostrando los prodigios de esta sociedad, las posibilidades de un capitalismo humanista y también denunciando a los caballeretes seductores todoterreno que son imposibles de tomar en serio.

Nueva Amazonia se escribió en 1889 y se publicó en español por primera vez en febrero de este 2018 gracias a Defausta.

Las autoras en otros géneros

Estamos de acuerdo con que Mary Shelley inventó la ciencia ficción, pero solemos obviar que además inventó el género postapocalíptico. En El último hombre, una plaga está terminando con la humanidad y los personajes tienen que encontrar una razón para seguir vivos y no dejarse consumir por la miseria y el hastío.

No lo sabemos, pero las mujeres han estado detrás de la invención de muchos subgéneros de la fantasía, la ciencia ficción y el terror. En este último caso, las victorianas tenían su propio género, el terror gótico. Una mujer estuvo detrás de la primera novela de fantasía oscura: Francis Stevens era el pseudónimo de Gertrude Barrows Bennett, que tiene una bibliografía muy extensa. Unas cuantas de sus historias se consideran el inicio de la fantasía oscura; la más aclamada es Serapion. Pero Francis Stevens también publicó la primera distopía: The heads of Cerberus. Sin embargo, de esta autora en español solo se ha traducido y publicado La ciudadela del miedo en 2002, por Río Henares Producciones Gráficas en una línea de pulp.

Portada de The Heads of Cerberus.

En cuanto a las distopías, no puedo explicarme cómo es que Swastika Night, de Katharine Burdekin, no está considerada una de las grandes distopías del siglo XX. Escrita en 1937 –fijaos en la fecha– imaginó un futuro en el que Hitler ganaba la Segunda Guerra Mundial (¡no había habido Segunda Guerra Mundial por entonces!) y fundaba un imperio tiránico que ocupaba casi toda Europa y sus seguidores le veneraban casi como a un dios. La novela, además, trata muchos otros temas, como la deshumanización de las mujeres o la supresión de la creatividad, además de tener trazos transhumanistas… Nunca se ha traducido a español. Nunca.

Las mujeres también han estado en los orígenes del space opera, un género del que se están queriendo apropiar el grupo de puppies estadounidenses. Andre Norton (pseudónimo de Alice Mary Norton) y Leigh Brackett, junto a C. L. Moore, ya escribían space opera en la década de los 40. En español, la edición más reciente de alguna de sus obras que he encontrado es de 1992. De Leigh Brackett, en 2008. Y de C. L. Moore, Costas de Carcosa publicó en 2016 la saga de Northwest Smith.

Estos son solo unos pocos ejemplos. Las mujeres siempre han escrito. Las hemos olvidado, se han descatalogado o nunca han llegado a traducirse. Pero así como se investiga, aparecen. En español, Lola Robles y Teresa López-Pellisa acaban de hacer un gran trabajo de investigación sobre las autoras de género en España que ha concluido con la publicación de Poshumanas y Distópicas. En las dos antologías se puede ver que los géneros fantásticos también se han cultivado en España y por nuestras escritoras.

No vamos a dejar que nos olvidemos de ellas. La ciencia ficción, la fantasía y el terror también cuentan nuestras historias desde hace mucho tiempo.

Laura Huelin
Laura Huelin (Reseñas/Investigación): Licenciada en Filología harta del canon literario y los géneros sociales. Me aburren los mundos realistas y me apasiona la ciencia ficción y el apocalipsis. Me encanta investigar, aprender y conocer. Podcaster en Los cuatro navegantes.
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