Reseña: El rostro en el espejo y otros relatos góticos

La Biblioteca de Carfax se está convirtiendo en una de las editoriales más interesantes del mercado español, sobre todo para quienes amamos las historias terroríficas de aroma gótico y victoriano. En sus cuidadas traducciones no se agazapan arañas de luces y sus selecciones escapan de lo obvio, bien por publicar a autores (sobre todo autoras) inéditos o casi en nuestro país, bien por mostrarnos facetas diferentes de la obra de consagrados.

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Portada de El rostro en el espejo y otros relatos góticos (La Biblioteca de Carfax, 2018).

La antología de la que os hablo hoy se engloba en el primer grupo. Mary Elizabeth Braddon resulta poco conocida para el lector moderno, sobre todo el español; sin embargo, en su día fue una superventas que, además de escandalizar a la sociedad victoriana tanto con su obra como por su vida privada, se erigió como una de los iniciadores de la novela sensacionalista. Fue la fundadora de Belgravia: a London Magazine, una de las revistas literarias más vendidas de su época y supo ver a tiempo los cambios en ese mercado para apostar más adelante por las publicaciones navideñas.

No cultivó en exclusiva la narrativa fantástica, pero cuando abordó esta, optó por un estilo que tuvo resultar rompedor para sus contemporáneos. Es algo que se aprecia en los seis relatos que componen esta antología.

Braddon huye de la frialdad que impregna habitualmente el cuento clásico de fantasmas y nos ofrece historias sobrenaturales con toques melodramáticos, crueles a su modo, que nos infunden desasosiego a través de la fatalidad. No hay una dicotomía bien/mal; en la mayor parte de ocasiones no hay tampoco una lucha contra esa amenaza extraña, pues la víctima asume el destino aciago como algo inevitable. A veces, esa sensación de inevitabilidad se refuerza con manifestaciones físicas: señales como esos espejos que, en vez de reflejar el rostro de quien se mira en ellos, pueden mostrar la imagen de otra persona. Lo sobrenatural carece de motivaciones o de explicación en algunas historias; en otras es una amenaza con nombre propio que se mueve por egoísmo o venganza. Incluso si esa fuerza extraña no posee una malignidad consciente, su presencia resulta opresiva y tóxica.

Un aspecto que parece haber caracterizado el grueso de la obra de Braddon es su retrato crítico de la sociedad de la época y sus heroínas atípicas para aquellos días. No es quizá el rasgo de su escritura que más se aprecia en estas historias, aunque, por ejemplo, en La buena lady Ducayne nos muestra a una protagonista que busca prosperar y asegurarle una vida más cómoda a su madre buscando un buen trabajo, no a través del matrimonio. En esta historia, la autora pone en labios de otro personaje críticas hacia el clasismo de la época y la concepción de que la valía de una persona, sobre todo una mujer, dependiese de su fortuna. Hay también en estas historias un retrato ácido de la sociedad. Esta ese representaba muchas veces por unos grupos familiares nada idílicos. A través de algunos, por ejemplo, se refleja la falsedad de aquellos que, quizá por religiosidad, son tenidos por «buenas personas», pero luego maltratan a otros más débiles, por considerarlos egoístas o indignos según su estrechez de miras. También se ejemplifica esa falsedad mediante personajes capaces de llamar «tipo formidable» a un canalla que maltrata a su esposa y derrocha su dinero en borracheras y juego.

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Cuadro de Mary Elizabeth Braddon (1865).

En estos relatos quizá no veamos la vena más provocadora de Mary Elizabeth Braddon, pero tampoco encontraremos un retrato idílico de la sociedad que la miró muchas veces con reproche.

En cuanto a calidad, la prosa de Braddon resulta bella en algunos pasajes, aunque de un modo oscuro, evocadora a la hora de tejer atmósferas y capaz de desasosegarnos incluso bajo el cálido sol italiano. Los diálogos pueden sonar algo grandilocuentes en algunos momentos, al menos al lector actual; en otros, son brillantes, directos y naturales. En el ya mencionado La buena lady Ducayne, la autora nos muestra además una gran habilidad para manejar la ironía o retratar con fino pincel paródico personajes repelentes.

Los relatos incluidos en la antología brillan todos a muy buen nivel. Si acaso, El rostro en el espejo me ha dicho menos que otros, pero aun así tiene pasajes de gran fuerza capaces de inquietar al lector moderno. De Ella me ha encantado ese contraste entre el escenario idílico y la sensación de fatalidad que impregna el desarrollo de la historia. La sombra de la esquina, además de aportar variaciones interesantes al concepto de habitación encantada, me generaba una fuerte impotencia a medida que leía y ganas de pegarle un par de leches a determinados personajes. Hasta ese punto te involucra Braddon en la trama.

La buena lady Ducayne tuvo que ser muy rompedor en su día y es uno de mis relatos favoritos de la antología, pese a que una escena crucial se solventa de forma algo apresurada. Por cierto, mientras disfrutaba de la narración, como aficionada al cine de terror europeo de los años sesenta y principios de los setenta, no dejaba de encontrar similitudes con un par de películas italianas y otra inglesa que, pese a tener desarrollos y argumentos diferentes a esta historia, comparten un elemento clave con la misma.

Su última aparición es una historia que a ratos encoje el alma. Un gran relato que trasciende la época en que fue escrito y aquella en la que desarrolla para seguir (tristemente) vigente hoy en día en su disección del drama humano. El visitante de Eveline supone un buen cierre para la antología. Una historia de venganza donde, de nuevo, Braddon nos hace un brillante retrato de la mezquindad.

En resumen, las editoras de La Biblioteca de Carfax han vuelto a ofrecernos un trabajo notable, cuidado en la traducción y en la selección de los relatos. Será un caramelo para todos los amantes de las historias foscas con aroma vetusto, pero creo que puede ganarse a un público más amplio. Eso sí, es recomendable alternar su lectura con alguna otra obra. Leer los relatos de corrido puede crearnos una sensación de monotonía no del todo cierta y hacer que pierdan parte de su magia.

Colaborador
Ana Morán Infiesta (Colaboradora): Tejedora de historias y monstruos de ganchillo. Amante del terror clásico. Colaboradora de El vals de la araña. También escribe en su propia Cueva.


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2 comentarios en “Reseña: El rostro en el espejo y otros relatos góticos

  1. Hola, Ana, me ha gustado mucho tu reseña. No conocía a Braddon y me encanta saber de una autora más que añadir al canon literario donde predominan los hombres. Además, según explicas, parece que sus relatos son interesantes. Los incorporo a mi lista de lecturas pendientes. Enhorabuena por el blog y gracias.

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  2. Muchas gracias 😉
    Me alegro haberte ayudado a descubrir una nueva autora. Yo también disfruto cuando descubro nombres nuevos, o vertientes desconocidas de la obra de una autora más famosa, gracias a las iniciativas de visibilización o a las editoriales que se arriesgan apostando por autoras más o menos olvidadas. Espero que disfrutes con la antología cuando la leas.

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