Nuestras escritoras #24

Brisas nuevas, nuevos parajes, puertos fascinantes… Y autoras desconocidas para el gran público de género hispanohablante son las que os traemos este mes de septiembre, en nuestra celebración anual de apertura de La Nave Invisible.

Aurora Bertrana

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Aurora Bertrana fue una autora catalana más conocida por sus estudios respecto a la figura de su padre, el escritor Prudenci Bertrana, que por su escritura. Sin embargo, la pluma de Bertrana es afilada, precisa e irónica; aunque su obra más conocida es Paraísos oceánicos, una recopilación de impresiones en Tahití y sus islas colindantes, publicada en los años 30, continuó escribiendo hasta la senectud.

Con La ciutat dels joves (La ciudad de los jóvenes), su última novela, dio un salto a la ciencia ficción a través de la narración de un periodista en una ciudad joven e idealista, en contraste con una ciudad de adultos enraizados en el pasado, la tradición y lo caduco de todo ello. De ella hablaremos en La Nave y os dejamos con su inicio.

Había escuchado hablar mucho de la Ciudad de los Jóvenes. Me decidí a hacer un reportaje allí. Me alentaba que un trabajo de esta naturaleza, bien pensado y documentado, interesaría a los lectores del semanario Ahora o nunca, donde colaboraba regularmente.
El director, Pere Peret y Pericot, se había animado con mi idea. Prometía ayudarme económicamente. Me esforzaría lo que hiciese falta para darle más relevancia a mi trabajo periodístico.

Todo el mundo me había advertido que el control policíaco de la frontera de aquel extraordinario país era muy severo. No se permitía la entrada a ningún hombre o mujer que pasase de los cuarenta años. Era una ley inflexible como todas las leyes de esa república.

(Traducción propia de Claudia Fontana)

Marina Colasanti

Resumen-Colasanti

Escritora brasileña que ha destacado en la literatura imaginativa por su interesante acercamiento al cuento maravilloso, al que se ha dedicado tanto en su trabajo ficcional como ensayístico y expositor. Más allá de esta faceta, Marina Colasanti ha publicado más de cincuenta libros de diversas temáticas para niños, jóvenes y adultos, recibiendo numerosos premios por muchas de estas publicaciones.

Comenzó con hilo verde. No sabía qué bordar, pero iba a ser verde, estaba segura, verde brillante. Hierba. Fue lo que apareció después de los primeros puntos. Una hierba alta, con las puntas dobladas como si estuviese mirando algo.

«Mira las flores», pensó ella, y eligió una madeja roja.

Así, poco a poco, sin modelo, fue apareciendo un jardín en el bastidor. Obedecía a sus manos, obedecía a su propio impulso, y surgía como si germinase en el rocío de la noche.
Todas las mañanas la niña corría hacia el bastidor, miraba, sonreía y añadía un pájaro más, una abeja, un grillo escondido detrás de un tallo.

El Sol brillaba en el bordado de la niña.

Y era tan lindo el jardín que lo empezó a querer sobre todas las cosas.

Fue el día del árbol. El árbol estaba listo, parecía no faltarle nada. Pero la niña sabía que había llegado la hora de añadir los frutos. Bordó una fruta violácea, brillante, como nunca había visto en su vida. Y otra, y otra, hasta que el árbol estuvo cargado, hasta que el árbol se hizo rico, y su boca se llenó del deseo de aquella fruta jamás probada.

La niña no supo cómo ocurrió. Cuando se quiso acordar, ya estaba montada en la rama más alta del árbol, saboreando las frutas y limpiándose el jugo que se le escurría de la boca.

«Seguro que ha sido por el hilo», pensó a la hora de volver a casa. Miró —la última fruta aún no estaba lista— y tocó el punto que acababa en una hebra de hilo. Y allí estaba ella, de vuelta en su casa.

Ahora que había aprendido el camino, todos los días la niña bajaba hasta el bordado. Elegía primero lo que le gustaría ver: una mariposa, una santateresa.

Bordaba con cuidado; después bajaba por el hilo hacia la espalda del insecto, y volaba con él, y se posaba en las flores, y reía y brincaba y se tumbaba en el césped.

El bordado ya estaba casi listo. Se veía poco paño entre los hilos de colores. Pronto estaría terminado.

«Faltaba una garza», pensó. Y eligió una madeja blanca matizada de rosa. Tejió sus puntos con cuidado, sabiendo, mientras lanzaba la aguja, cuán suaves serían la plumas y cuán dulce el pico. Después bajó al encuentro de la nueva amiga.

Fue así, de pie al lado de la garza, acariciándole el cuello, como la vio su hermana mayor al inclinarse sobre el bastidor. Era lo único que no estaba bordado. Y el dibujo era tan bonito que la hermana cogió la aguja, la canastilla de los hilos y comenzó a bordar.

Bordó los cabellos, y ya no los agitó el viento. Bordó la falda, y los pliegues se fijaron. Bordó las manos, para siempre quietas en el cuello de la garza. Quiso bordar los pies, pero los ocultaba el césped. Quiso bordar el rostro, pero la sombra lo ocultaba. Bordó, pues, la cinta de los cabellos, remató el punto y cortó, con mucho cuidado, el hilo.

“Más allá del bastidor”, En el laberinto del viento (Anaya, 2008)

Suzy McKee Charnas

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A pesar de su extensa bibliografía, en español apenas hay traducidos algunos relatos y un par de novelas de Suzy McKee Charnas. Entre esas obras olvidadas se encuentra Motherlines, segunda parte de las crónicas de Holdfast, que ya tuvo problemas para ser publicada en EE. UU. A la autora llegaron a sugerirle reescribirla entera, ya que pensaban que una novela sin personajes masculinos era impublicable. Si podéis haceros con ella o con el ómnibus que también incluye Walk to the end of the world, mejor que mejor, porque son las dos obras de Charnas que ganaron el Premio Tiptree retrospectivo en 1995 (junto a Ursula K. Le Guin y Joanna Russ).

«Tras escribir Walk y Motherlines creo que ha cambiado mi forma de ver a las mujeres en el mundo real. Ahora, cuando conozco a una mujer por primera vez, es menos probable que la reduzca al rol femenino que nuestra cultura le permite mostrar, de modo que puedo vislumbrar su individualidad y potencial. Muchas de nosotras tenemos nuestros demonios que exorcizar sobre los patrones patriarcales de pensamiento y creatividad. Pero más allá de los demonios yace la perspectiva esperanzadora de escribir ficción sobre las mujeres tal y como son en realidad y sobre lo que pueden llegar a ser». (Fuente)

Alldera ha arriesgado su vida para escapar de Holdfast, donde los hombres gobernaban sobre las mujeres en una sociedad brutal basada en el miedo. Ha seguido un susurro: la leyenda de las mujeres libres que viven sin dueños. Y ha llegado hasta las tribus Motherline, amazonas orgullosas que se crían sin hombres. Ahora se ríe de los guerreros que la desafiaron a ser libre.

(Traducción propia de Laura S. Maquilón)

Y además…

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Este mes dos de nuestras colaboradoras más constantes, Darkor y Ana Morán Infiesta, vuelven a La Nave ahora como tripulantes de pleno derecho, reseñando dos obras muy diferentes entre sí. Mientras que la primera nos habla de un manga lleno de misterios como es Pandora Hearts, de Jun Mochizuki, la segunda nos trae una colección de relatos góticos de aire clásico: El rostro en el espejo y otros cuentos góticos, de Mary Elizabeth Braddon.

Por si fuera poco, nos hemos puesto manos a la obra y os hemos reseñado una novedad de una autora tan prolífica como es Seanan McGuire y sus niños descarriados en la novela corta Cada corazón, un umbral. También volvemos a redescubrir a una de nuestras compañeras en La Nave con la entrevista a Laura Morán Iglesias a propósito de la publicación de Pastelería Emporio, una obra muy dulce y mágica. Y por último, os recomendamos nuestro extenso pero completísimo artículo sobre autoras victorianas y su época, perfecto para disfrutarlo con té y pastas.

Os esperamos en el mejor mes del año, de celebración y de muchas lecturas en el #LeoAutorasOct. ¡Esperamos vuestra participación en octubre!

La Nave Invisible
Equipo La Nave Invisible: Artículo redactado por varios miembros del equipo de La Nave Invisible. Conócenos aquí.


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