Entrevista a Blanca Rodríguez

Blanca aborda esta entrevista con timidez. Dice que ella no es nadie y nada tiene que contar, pero no creo que así sea. Blanca Rodríguez es una afamada traductora que en los 6 años que lleva dedicándose a la traducción literaria ha sido finalista del premio Esther Benítez por La constelación del Perro, de Peter Heller (a cuatro manos con Marc j. Buzzi). También ha traducido obras como El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad; El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde, de Robert L. Stevenson; o El archivo de atrocidades, de Charles Stross, primera entrega de la serie Los expedientes de La Lavandería. Blanca es también autora de la novela infantil Las Aventuras de Undine: La Gran Tormenta, que ha vendido más de 4000 ejemplares y se encuentra en la segunda edición. Además, muchas la conocemos por su activismo feminista en Twitter y su canal de Youtube.

Esta entrevista quiere recoger tu triple vertiente, como traductora, escritora y activista feminista. ¿Por cuál quieres empezar?

Ese orden me parece bien.

Foto de la autora.

Pues empecemos como traductora. Si no recuerdo mal, empezaste como traductora técnica, ¿cómo fue el cambio a la traducción literaria?

Pues estando en la universidad me dijeron que no se podía vivir de la traducción literaria y ni siquiera lo cuestioné. Me lancé a hacer textos técnicos porque creía que era la única forma de ganarme la vida, pero yo no les gustaba a ellos ni ellos a mí. Creo que precisamente lo que me hace una traductora literaria más o menos digna es lo que me hacía una traductora técnica del montón: mi necesidad de ser creativa. La técnica te encorseta muchísimo y me moría de aburrimiento.

Llevaba once años en la profesión cuando un día me llamaron al móvil y me puse a llorar al ver en la pantalla el número de una agencia con la que trabajaba en un proyecto odioso pero alimenticio. Me dije: «Blanca, tienes 35 años, te quedan otros tantos como mínimo de vida laboral y ya odias lo que haces. Si pasas hambre, mejor pa ti, pero tienes que intentarlo». Así que lo intenté. Al principio fue duro, porque el mundo de la traducción técnica y la literaria son compartimentos estancos. No tenía ningún contacto, no sabía cómo «entrarles» a las editoriales… Y entonces mi santo patrón en este oficio, Manuel de los Reyes (sí, te menciono, Manuel. Si te da vergüenza, te fastidias), me echó un cable, me recomendó a alguna editorial, me pasó algún encargo y así arranqué. Lo cierto es que es una profesión muy solidaria, al menos en mi experiencia. Pilar Ramírez Tello también me ha echado cables muy grandes… Mucha gente está ahí cuando necesitas ayuda. Es muy bonico to.

¿Buscaste específicamente el fantástico o este llegó a ti?

No lo busqué, no. Eso no significa que no lo desease, pero lo cierto es que he traducido de todo, incluso no ficción. Lo que pasa es que la cabra tira al monte, me muevo mucho con el sector friki de los traductores literarios y supongo que una cosa fue llevando a la otra. Sea como fuere, ya llevo encadenando unos cuantos libros de género.

¿Quiénes son tus referentes como traductores?

Buf, menudo compromiso. ¿Puedo pasar de contestar?

Puedes.

De las obras que has traducido, ¿cuál ha sido la más especial?

Bueno, hay varias. ¿Me dejas quedarme con tres?

Adelante.

El corazón de las tinieblas, porque fue mi primera novela y un reto tremendo que sufrí y disfruté a partes iguales.

La constelación del Perro, porque cuando la leí no podía creerme la suerte que había tenido de poder traducirla. Es un libro que me encantó como lectora. También fue un gran desafío, porque tiene un estilo muy peculiar. Fue mi primer trabajo a cuatro manos y estoy muy orgullosa del resultado que obtuvimos Marc [Jiménez Buzzi] y yo. Y, además, me valió la nominación al premio Esther Benítez. No sé qué más se le puede pedir a un libro.

Un cálido escalofrío, porque hacía mucho tiempo que tenía ganas de traducir literaria del catalán, que es una lengua que me encanta y a la que le tengo un cariño especial, porque es un libro precioso, y porque me hacía ilusión trabajar contigo. Esto es todo #TrueStory y no se me ha pagado por la promoción.

¿A quién te gustaría traducir?

Mi sueño sería saber alemán para traducir a Michael Ende. Me marcaron sus libros de pequeña y, como autora de LIJ, me encantaría tener una décima parte de su talento.

Pero como no creo que a estas alturas de mi vida me vaya a poner yo a aprender alemán, diré a Jane Austen, Kameron Hurley, Douglas Adams, Tolkien… ¡son tantos! ¡Ah! Y a Almudena Grandes y a Nieves Delgado al gallego. No creo que vaya a ocurrir nunca, tal y como está el mercado editorial en Galicia, pero por soñar…

Recientemente, en el Celsius 2018, pude compartir tiempo con muchos traductores, y fue bonito ver la camaradería y buen rollo que había entre vosotros. ¿Eso es así o es cosa de la magia del Celsius?

Es así, como creo que ya ha quedado claro. Hay mala gente, como en todas partes, tampoco vamos a vivir en el mundo de la piruleta, pero mi experiencia ha sido abrumadoramente positiva. Me siento muy orgullosa de mis compañeras y compañeros de profesión.

¿Qué le recomendarías a una joven que te dijera que quiere dedicarse a la traducción de fantástico?

Que se atreva, que se lance, que no se desanime. Que cuesta entrar, pero se puede. Que viva la profesión y el frikismo. Que se relacione con quienes formamos este mundillo: la mayoría de los encargos y los contactos llegan de las compañeras y si no saben que existes no se van a acordar de ti cuando les pidan una recomendación. Que lea mucho (supongo que ya lo hará) y, muy importante, que lea traducciones; se aprende mucho del trabajo de las demás. ¡Ah! Y que valore su trabajo, que no lo malvenda.

Foto del libro Las aventuras de Undine.

Vayamos ahora a tu vertiente de escritora. Además de autora de diversos relatos, has publicado Las Aventuras de Undine: La Gran Tormenta, una novela dirigida a lectores jóvenes. Háblanos de ella.

Pues yo soy esa niña repipi que de pequeña quería ser escritora, pero nunca se había atrevido. Escribía cosas para mí de tanto en tanto, hasta que un día dije «Venga, va, ponte, a ver si haces un libro». Y lo hice. Pensé en escribir un libro infantil porque creo que nunca he disfrutado tanto de la literatura como cuando era una cría, y porque… no sé, me salió natural. No quiero hacer spoilers, pero trata de una niña de diez años que se pierde en el mar durante una tormenta. Ella, su mejor amigo y su perro, quedan a la deriva en una barca. El libro es la historia del camino de vuelta a casa, en el que vive muchas aventuras y descubre cosas de sí misma. Una crítica de un blog lo comparó con la Odisea (bueno, lo compararon con la Ilíada, pero es obvio el fallo técnico) y, en cierta medida, sí es la clásica historia del viaje del héroe (la heroína, en este caso), solo que la Odisea está llena de señoros matando cosas y siendo muy señoros, y Las aventuras de Undine está llena de gente diversa, que colabora, que se ayuda, que se entiende. También hay conflicto, pero se solucionan con la razón y la empatía, no con la fuerza. He querido meter mensajes positivos para la chavalada porque creo que las autoras tenemos una responsabilidad, especialmente cuando escribes para menores, aunque no solo. No existe una forma neutra de narrar historias y, aunque tu libro vaya de recorrer el mundo en barco y pasar peligros, puedes reflejar una visión de las cosas u otra. Yo elegí meter diversidad, mujeres empoderadas, masculinidad no tóxica, pensamiento crítico, amor por la ciencia, tolerancia, respeto, ecologismo porque es el tipo de mensaje que quiero para mi hija y para el mundo en general. Cada cual que elija el suyo.

¿Vas a seguir con la saga o vas a abordar nuevos proyectos en juvenil?

Pues cuando escribí el libro ni me lo planteé, ni siquiera tenía fe en que me lo publicaran, así que no lo concebí como una saga. Pero cuando salió el libro y empecé a hablar con las lectoras, me pedían muchísimo una segunda parte, así que la tengo a medio escribir.

Me ronda la cabeza, además, una novela corta juvenil, una space opera con personajes exclusivamente alienígenas. Le he prometido a una persona que la voy a escribir, así que no me queda más remedio que hacerlo.

Y qué nos puedes contar sobre tus proyectos para adultos. He oído hablar de una novela bastante interesante. Danos alguna pincelada, si quieres.

Estoy ahora mismo superilusionada con un proyecto que empezó como una broma en Twitter. Los que me sigan conocerán un hashtag con el que llevo ya más de un año (#DosisDiariaDeTinder) en el que comparto, en clave de humor, los horrores del ligoteo en apps. Alguna gente empezó a decirme que tenía que recopilarlo en un libro, pero realmente eso no me motivaba en absoluto.

Un día tuve en Tinder una experiencia desagradable con un tipo, una combinación de arrogancia, machismo y gordofobia, y de pronto el libro salió solo. No quiero contar mucho de momento, porque está muy verde, pero va a rebosar humor negro, feminismo y reflexiones sobre las relaciones humanas, el amor (a los demás y a una misma), el autodesprecio, la autoimagen, el empoderamiento. Está siendo una experiencia catártica, la verdad.

A punto de entrar en la última parte de la entrevista, en todos tus textos, destaca la fuerza que das a tus personajes femeninos, y a la voluntad de liberarlos. ¿Es así?

Hay esa voluntad, desde luego. Que lo consiga o no ya… Es probable que muchas personas opinen que me limito al escribir un determinado tipo de historias, pero también te limitas al escribir un género y no otro y nadie dice nada de eso. La verdad, si hablar de vidas y procesos de los que prácticamente no se ha hablado durante milenios es limitarme, pues viva la limitación.

¿Cuál crees que debe ser el papel de la literatura fantástica en la lucha a favor de los valores feministas?

No creo que el papel de la literatura fantástica deba ser distinto al de cualquier otra literatura, ni expresión artística. O política o social, ya que estamos. Creo que a estas alturas de la civilización, quien no se alinea con el feminismo es que no se entera de nada, que le da igual el dolor ajeno o que es machista.

Lo que sí es interesante en la literatura fantástica, y creo que es un buen reflejo de hasta qué punto tenemos interiorizados los valores heteropatriarcales, es que estamos hablando de un género que nos permite una libertad casi total en la construcción de mundos y, pese a todo, en la mayoría de las obras se conservan los mismos roles de género de nuestra sociedad o incluso peores. Podemos imaginar un mundo mágico, con seres fantásticos, donde las reglas de la física no funcionan, pero en el que las mujeres son objetos, no sujetos. Podemos imaginar un futuro remoto en el que plegamos el espacio-tiempo, pero en él los hombres siguen violando a las mujeres como táctica de guerra. Y lo mismo se podría decir de otros temas como la diversidad: todo el mundo es blanco hetero y cis. Es triste, si lo piensas. Yo lo comparo con una escena de El quinto elemento (una peli palomitera que, por otra parte, adoro) que me hace mucha gracia: están reconstruyendo a Leeloo a partir de un trozo de brazo, pero uno de los científicos a cargo lleva gafas de culo de vaso. Generar seres vivos a partir de un cachito, correcto; curar la miopía, ¿estamos locos?

¿Cómo crees que estamos en presencia de mujeres en el panorama editorial? ¿Hacia dónde crees que iremos?

Creo que los premios Hugo de este año han respondido por mí a esta pregunta. Hemos llegado para quedarnos y el cielo es el límite. Y que ladren los cachorros tristes.

Uno de los retos de tu canal de Youtube, Pregúntale a Bandarrita, es hacer el feminismo comprensivo para quien no lo entiende, en especial para hombres… ¿Cómo va la tarea?

Regular. Tengo que replantearme cosas porque, cada vez más, veo que el público al que atraigo consta de dos perfiles: personas (sobre todo mujeres) que están muy de acuerdo con lo que digo y ya se lo saben, y trols que vienen a insultarme. Los trols me dan igual, pero no creé el canal para predicar al converso, así que algo debo de estar haciendo mal porque no llego a mi público objetivo. Se aceptan sugerencias.

Personalmente me descorazonaría mucho tener a hordas de haters y señoros atacándome por mis ideas, pero tu parece que lo llevas bien, ¿cómo lo haces?

Me lo ponen muy fácil porque no tienen argumentos y se limitan a llamarme fea, gorda y malfollada. Que estoy gorda ya lo sé, lo de la fealdad está en los ojos de quien mira y malfollada ya te digo que no lo estoy. Por cierto, no deja de resultarme graciosísimo que sea un insulto para una mujer el hecho de que los señores no sepan follar.

Es verdad que a veces alguno te pilla en mal momento o con la guardia baja y te sienta mal, pero también me han escrito personas (hombres, sobre todo) dándome las gracias y aportando cosas muy bonitas y eso te da la vida.

¿Cuál crees que es el reto inmediato del feminismo?

Buf, tenemos tantos… Pero si me tengo que quedar con uno, diría que recuperar la honorabilidad del nombre. Hay una clara campaña de desprestigio de las palabras feminismo y feminista y les está funcionando. Muchas mujeres famosas reniegan de identificarse con ellas, incluso muchas que tienen actitudes a todas luces feministas y que, por supuesto, disfrutan de un altavoz y una libertad que jamás habrían alcanzado sin el feminismo. Y, lo que es peor, muchas mujeres anónimas hacen lo mismo. Eso me preocupa mucho pero, como digo, retos nos sobran.

Para acabar… ¿lo lograremos?

Desde luego. No creo que lo veamos ni tú ni yo, ni nadie que haya nacido todavía, pero no dejamos de avanzar y llegaremos. Algún día el machismo nos parecerá inconcebible, si no nos extinguimos pronto.

Muchas gracias.

Muchas gracias a ti y a La Nave por entrevistarme, no te das una idea de la ilusión que me hace. Es un honor.

Colaborador
LJ Salart (Colaborador): Escribo distopías con alma utópica. Creo en Asimov sobre todas las cosas. Publico en el astronauta imposible y escribo en Origen Cuántico.
Web

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