Onibi: una visión extranjera del Japón rural

Onibi

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Portada de Onibi.

Cuando voy a la librería me gusta pasearme por la sección de libros en inglés sobre Japón. La mayor parte de libros expuestos son guías turísticas, pero de vez en cuando hay obras que tienen en común hablar sobre el país y no encajan en ningún otro lugar. O al menos eso es lo que pensé cuando me encontré con el cómic de Onibi entre guías de sake y de qué ver en los mejores barrios de Tokyo.

Onibi es un cómic escrito por Atelier Sento, una pareja de franceses, Cécile Brun y Olivier Pichard, que decidieron trasladar su experiencia al viajar por Japón, en concreto a la prefectura de Niigata, a lo largo de una pequeña historia de exploración de la zona y búsqueda de los yokai que la habitan.

En general, su obra se dedica a mostrar el lado más desconocido o inusual de Japón, bien en cómic, bien en ilustración, e incluso en forma de pequeños videojuegos accesibles desde la plataforma Android. Como he comentado, me voy a centrar en su cómic, Onibi.

El uso de lo fantástico como hilo conductor

Al ver la portada es inevitable que nos llame la atención el elemento de los yokai, primero en el título, luego en la forma de los fantasmas que ocupan la ilustración alrededor de los protagonistas (los propios autores). Una portada atractiva que a primera vista sugiere la idea de que la trama de la historia se desarrollará alrededor de estos seres, pero que no es así. La importancia de los yokai queda relegada a ser el leitmotiv de la obra, una presencia destinada a guiarnos a través de las peripecias de los autores en su viaje por Niigata. ¿Recordáis que dije que estaba en la sección de guías turísticas?

Sin embargo, creo que merece la pena profundizar en el uso que se da a los yokai en esta obra, ya que he disfrutado mucho de cómo los autores emplean un elemento fantástico al convertirlo en el hilo conductor a la obra.

El cómic está divido en varios capítulos autoconclusivos, cada uno situado en un emplazamiento distinto al anterior, cada uno hábitat de un yokai distinto y supuesto objetivo que ha llevado a los viajeros a semejante lugar, cámara en mano, dispuestos a fotografiar a tan esquivas criaturas. Al retratar su viaje como una aventura en la que encontrar al yokai es el objetivo común, crea una sensación de cohesión y conexión a lo largo de la obra, en lugar de semejar que cada día es independiente del anterior y cada visita, un hecho aislado.

¿Pero son los yokai una mera excusa para entrelazar los capítulos?

Quizás pueda parecerlo si se juzga por su papel en la historia: este no es un cómic sobre los yokai ni un compendio de mitología; aquí, el elemento fantástico es la herramienta a través de la cual los autores expresan su fascinación, curiosidad e interés por un país que ha generado tanta intriga a lo largo y ancho del mundo.

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Un yokai y un paraguas transparente.

A través de los yokai retratan cómo aquello que podría ser vulgar a primera vista, es natural que atraiga su mirada. Un torii no son solo dos postes cruzados por un travesaño, sino que el espíritu de un zorro pude residir bajo su umbral; los bosques no son solo un conjunto de árboles y senderos, es el hogar de tantos otros seres espectrales; incluso las ciudades modernas son más que cemento y edificios, siendo una lección importante, y en la que los autores inciden, el aprender que incluso los yokai se adaptan a los nuevos usos de las urbes igual que la espiritualidad tradicional de Japón se ha adaptado a los tiempos modernos.

De este modo considero que los autores se sirven de los yokai, no solo para conducir la historia y mostrarnos por qué encuentran a Japón un país lleno de encanto, sino que además nos señala los modos y costumbres que observaron durante su estancia, presentándonos personajes, edificios emblemáticos y la idea de que el Japón cotidiano es el Japón mágico.

Mi experiencia comparada

Por otro lado, sin dejar del todo de lado la fantasía del relato y aprovechando el hecho de que he podido disfrutar de algunas de esas experiencias en persona, me gustaría hablar del trabajo que han hecho al trasladar el mundo real a las viñetas.

Lo primero que me llamó la atención fue el nivel de detalle que contiene cada imagen; algunos pasan desapercibidos, y estoy convencida de que otros cuantos se reconocen con facilidad, pero sin duda todos reflejan a la perfección la prefectura de Niigata. Los paisajes cuentan con todos los elementos destacables de su fisonomía: igual que sobre el monte Yahiko vemos las dos antenas de radio que hay, desde la mansión Saito, en la ciudad de Niigata, se observan los dos rascacielos más altos de la zona.

Disfruté especialmente del hecho de que, al leer el cómic, se puede tener la seguridad de que a pesar de estar impregnado de un sentimiento de fascinación, no hay detalles superfluos. Los árboles cargados de caquis son habituales en Niigata, las arañas, omnipresentes con el buen tiempo, todos los estudiantes se despiden con un animado “Bye-bye” y el paraguas más habitual es grande y transparente, por mencionar algunos ejemplos.

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Yahiko, tal y como lo vieron los autores, junto a una foto del puente durante el momiji.

Sin embargo, lo que hace realmente especial a la historia es, detalles y yokai aparte, el dibujo tan preciosista que hace del mundo real.

Antes decía que la fantasía y los yokai convertían el Japón real en uno lleno de magia, pero no es solo eso lo que consigue este objetivo. Es un dibujo lleno de color, de detalles, que idealiza el Japón real al encerrarlo en viñetas demasiado pequeñas para que quepa entero. Y que aun así, al verlo, no se puede negar que eso de ahí es Japón sin lugar a dudas.

Onibi es un retrato amable del país y que al mismo tiempo nos muestra una cara algo más desconocida del mismo. Una lectura agradable y que nos permite soñar con que, tal vez, los yokai sean algo más que fantasía.

Raquel Laforet
Raquel Laforet (Investigación/Edición): Empezó escribiendo cuentos, pero lo dejó para empezar a escribir código. Como eso no era lo suyo, intentó escribir reseñas y artículos para diferentes blogs. Ahí ya estaba más encaminada, pero eso tampoco la convencía y volvió a lo de los cuentos. Ahora ya tiene una novela en su haber.
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