El día que cogí mi tren

Portadas de "Café de Canterville"

Historias pulp de la colección El Café de Canterville.

Abandonar un trabajo estable, dejar atrás la nómina fija y emprender en el difícil mundo de la literatura para alcanzar un sueño a medio-largo plazo. Y no un sueño cualquiera, no. Mi sueño: ser escritora.

Soy autónoma, madre y mujer. Y también soy escritora y editora. Pero para llegar hasta aquí he tenido que arañar muchas horas al día y a la noche, y trabajar de lunes a domingo, por supuesto sin vacaciones de verano ni de Navidad. Y también he tenido que hacer muchas cuentas y formarme en un sinfín de disciplinas que jamás me creí capaz de dominar, casi siempre de manera autodidacta, porque cuando se cuenta con un presupuesto ajustado y con un tiempo limitado, cada detalle cuenta. Es en momentos como este cuando has de confiarte a los brazos de la audacia y beberte la dosis justa de insensatez para coger el tren. Porque hay trenes que pasan una sola vez.

Tras haber ejercido varios trabajos muy dispares (entre otros, docente y correctora de textos), fue con la llegada de mi hija cuando empecé a plantearme que era el momento de dar un giro a mi vida profesional. Buscaba un trabajo que me llenara, que me convirtiese cada día en una mujer feliz, que me permitiese disfrutar de mi familia. Y, ¿quién sabe? Tal vez algún día este pueda ser el legado de mi pequeña. Tanto si decide seguir mis pasos como si no, deseo que tenga una casa donde resguardarse. Y esa casa se llama Tres Inviernos.

En ese momento, sentí la ferviente necesidad de sacar a relucir públicamente mi parte más artística y de luchar, esta vez de verdad, para hacerme un hueco entre las escritoras del siglo XXI. Tenía tantas historias escritas, guardadas en una caja, tantas ideas, tantos proyectos y tantas ganas que, con el presupuesto irrisorio de los ahorros de los últimos años, decidí liarme la manta a la cabeza y trabajar como escritora autónoma al mando de mi propio proyecto editorial.

Al hablarlo con un amigo hace unas semanas, me di cuenta de un hecho que no me había planteado. «¿Cómo se te ocurrió?» me preguntó él, «Montar una editorial justo en el año en el que empezó la fiebre de las series».

Como yo no veo series, no he sido consciente de esta circunstancia hasta ahora: esta es nuestra realidad social. Las series, el cine, un mundo cada vez más adaptado a los canales audiovisuales. ¡Y yo sin enterarme! En ocasiones me pregunto si las pantallas terminarán por comerse el papel. Aunque, siendo sincera, siempre me respondo que no.

A propósito de esta reflexión, me lamenté por mi torpeza, por mi poca visión comercial y de márquetin. Y es que yo soy filóloga, con todas sus consecuencias. Pero mi amigo (él sí que es de Márquetin) no acabó la conversación sin antes hacer un apunte: «Desde 2016… Y, fíjate, has salido adelante».

Después de esta charla me dije que, en efecto, una microeditorial autogestionada, que sobrevive en medio de la adversidad, en plena crisis y liderada por una mujer, está destinada a existir. Y es que siempre quedará un reducto de personas que, como yo, conectan mejor con el lenguaje escrito. Es por ellas por las que merece la pena continuar escribiendo, y a ellas me debo en cada una de mis líneas. Tengo muy presentes a mis lectores cada vez que escribo un libro nuevo, porque me acuerdo de ellos, de sus palabras, de sus gestos de cariño, y eso me empuja a trabajar con muchísimo más mimo, ya que siento que estoy preparando algo muy especial, como si envolviera un regalo con un papel precioso. Existe entre ellos y yo una especie de lazo invisible que trasciende las páginas de mis libros y el teclado de mi ordenador.

Minerva Gallofré.

Casi tres años después de emprender esta locura, esta idea peregrina de escribir y autogestionar mis propios proyectos, después de dieciséis obras publicadas y varias en camino, puedo constatar lo duro que ha sido llegar hasta aquí, aunque también la infinita satisfacción que llena ahora mi vida, lo fuerte que me he hecho el proceso, lo mucho que he crecido y aprendido (incluso a llevar las cuentas, ¡yo que soy de letras!), y a menudo repito en mi interior las palabras de Chaplin:

El talento no es nada. Hay demasiado talento, hay talento por todas partes… Trabaja, trabaja, mátate a trabajar. 

Por supuesto, no puedo terminar de redactar mi testimonio sin agradecer todas las manos amigas que he encontrado en este camino, en especial las de Dani y Diego, un músico y un ilustrador, tanto o más locos que yo, que se enrolaron en mi viaje sin garantías de regresar enteros.

Ahora que he encontrado mi camino de vida, ahora que sé hacia dónde tengo que avanzar, he descubierto que en el mapa no hay ninguna cruz que señale el tesoro. Porque el tesoro son mis sueños, y mis sueños no están al final del sendero, sino durante todo el trayecto.

Si caminas junto a mí en mi blog, cada jueves te regalaré un cuento.

Colaborador
Minerva Gallofré (Colaboradora): Apasionada por la mitología y el cuento folklórico, licenciada en Filología Hispánica con una mención en Filología Clásica. A día de hoy es escritora profesional y editora. Identifica el realismo mágico como su tendencia predilecta al escribir y siempre trata de integrar la magia en lo costumbrista y captar la ligera poesía que envuelve a todas las cosas.

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