Terrores clásicos para un octubre de miedo

Octubre es un mes especial para quienes amamos lo fantástico. Para muchas escritoras es momento de planear historias y calentar motores para enfrentarse en noviembre al NaNoWriMo; también es el mes del Leo Autoras y culmina en una de las noches más mágicas del año. Samhain, Halloween, Noche de Difuntos… Una fecha que puede festejarse de muchas formas, entre ellas, disfrutando de historias de terror en la intimidad, sean películas, libros, cómics… Aunque, ¿por qué limitarnos a un solo día para sumergirnos en terroríficas maratones? Del mismo modo en que muchas leemos mayoritariamente autoras a lo largo de todo el año, podemos disfrutar en cualquier momento de una buena historia de terror, o convertir nuestro Leo Autoras de este año en una oportunidad para disfrutar de horrores variados.

Mi intención como lectora es hacer tal cosa, pero no es menester de este artículo desglosar mis potenciales lecturas, sino realizar un puñado de recomendaciones para quien quiera sumergirse por vez primera o profundizar en el terror de aroma clásico.

Las antologías de autoras clásicas de la Biblioteca de Carfax

La Biblioteca de Carfax es una editorial ya de sobra conocida por las seguidoras de esta página. En su apuesta por el terror, están desarrollando un catálogo muy equilibrado donde se mezclan obras modernas, novelas de culto rescatadas del olvido o los páramos de la descatalogación y antologías con aroma a polvo ancestral.

Dentro de este grupo han publicado antologías dedicadas a Edith Nesbit, Amelia Edwards, Mary-Elisabeth Braddon, H. D. Everett o Rosa Mulholland, sin olvidar a Daphne Du Maurier quien, aunque vivió en una época posterior al resto de las mencionadas, se merece ser considerada un clásico.

Todos los libros mencionados de la editorial Carfax, apilados.

Foto de familia.

 

Relatos Sombríos, de Edith Nesbit, es quizá la más floja del grupo, sin ser una mala antología. Aunque alberga algunos relatos potentes, buenas ideas y algún texto con toque seudocifi muy curioso, los cuentos no siempre resultan redondos, como si estuviesen escritos con el piloto automático puesto o la propia autora se autocensurase para adaptarse a las normas de la época.

El Carruaje fantasma y otros relatos, de Amelia Edwards, es una pequeña rareza. La autora fue una incansable viajera y arqueóloga. En sus relatos, siempre protagonizados por personajes masculinos, nos encontramos aventuras montañeras, historias bélicas o incluso un precedente del survival horror en el que los momentos de acción están narrados con excelente pulso narrativo.

El rostro en el espejo y otros relatos góticos, de Mary Elisabeth Braddon, es una obra que ya he reseñado en esta página, así que no me extenderé mucho. De enfoque más clásico que la previa, la autora fue una de las creadoras y estrellas de la novela sensacionalista victoriana, aunque hoy se recuerde más a sus homólogos masculinos. En sus relatos nos ofrece una interesante disección de la hipocresía de sus contemporáneos.

La máscara de la muerte y otras historias, de H.D. Everett, también la he reseñado en estos lares. Una antología especialmente recomendada para quienes les gusten las historias con un toque a leyenda clásica o las ambientaciones escocesas.

Historias extrañas, de Rosa Mulholland, la he terminado de leer hace unos días y aún estoy asentando mis impresiones. En líneas generales, me ha gustado mucho e incluso sorprendido. Me he encontrado a una autora de prosa cuidada, que no repite esquemas narrativos de un relato a otro y, sobre todo, posee muy buena mano a la hora de recrear atmósferas y escenarios palpables, especialmente si son tétricos o umbríos paisajes irlandeses. 

No mires ahora y otros relatos demuestra que Daphne Du Maurier fue mucho más que la escritora de Rebecca. Novela que, por cierto, nunca ha estado descatalogada en su idioma original. Todos los relatos brillan a gran altura, tanto en calidad como en mala leche, pero merece la pena destacar el texto que da nombre a la antología y el cuento que la cierra “Los lentes azules”, una verdadera joya del cifi horror que sigue resultando impactante hoy en día.

Vernon Lee

De Vernon Lee (Violet Paget) y sus mejores relatos podría hablar durante horas, o miles de palabras en este caso. Para mí es una de las grandes figuras del relato fantástico, aunque a ella le disgustase que la llamasen «autora de terror». Lee veía su obra de ficción como una vía para explorar las leyendas que le contaban a lo largo de sus viajes o complementar su obra ensayística. De ese modo, en sus historias está muchas veces presente el arte (sobre todo pictórico y musical) y la forma en que este puede afectarnos como contempladores del mismo; pero sus ficciones eran también una vía para satirizar las religiones, sobre todo la católica, a la aristocracia con más petulancia que medios o a los esnobs con más pretensiones y afán coleccionista que cultura real. Sus relatos suelen caracterizarse por reflejar perfectamente la esencia del lugar donde suceden y en muchas ocasiones son un reflejo magistral de la obsesión humana. Además de todo esto, Lee nos brindó un puñado de mujeres fatales carismáticas e inolvidables, que no son juzgadas sino observadas con admiración.

Entre sus obras maestras me gustaría destacar Amour Dure, uno de sus cuentos más largos (podríamos considerarlo una novellette), donde se hilan a la perfección todas sus constantes. Fue también el primer relato suyo que leí y, aunque transcurrieron dos décadas hasta que nuestros caminos volvieron a cruzarse, muchos de sus pasajes y escenas jamás se borraron de mi memoria.

Vernon Lee en 1870.

Amour Dure narra las desventuras de un joven historiador polaco afanado en estudiar la historia de Urbania. Dentro de ese proceso, investiga la figura de Medea da Carpi, verdadera mujer fatal implicada en las viejas guerras de poder del ducado. El interés académico se convierte primero en admiración y justificación, tras descubrir retratos y cartas de la dama, y deriva en una obsesión que afecta a su propio comportamiento e incluso a sus percepciones. ¿O realmente lo acecha una presencia fantasmal?

Medea es un personaje tan carismático que no necesita tener voz o aparecer de forma directa en la historia para hechizarnos, como al protagonista. Incluso a través del primer retrato objetivo sobre quién fue y cuáles fueron sus crímenes, percibimos la resolución y el carisma que debía tener, comprendemos el hechizo del que eran víctimas sus amantes y por qué aceptaban cualquier destino infausto con tal de complacerla, incluso si previamente los había desairado. Y la admiramos. Y compartimos el sentir del protagonista, y contemplamos como si tuviésemos frente a nosotros los retratos de Medea, el lema «Amour dure, dure amour» que es su sello. Solo he visto desplegar un hechizo similar cuando Vera Caspary lograba que el detective Macpherson y los lectores nos enamorásemos de Laura Hunt, a través de las narraciones de sus amigos y familiares, mientras este investigaba su asesinato.

Pero Amour Dure es mucho más que Medea y su carisma. Es una lección sobre cómo jugar con la ambigüedad y mostrar presencias sobrenaturales esquivas; es también una Urbania que nos atrapa, tan palpable que parecemos estar recorriendo sus calles, experimentando el frío en nuestros cuerpos. Es, por último, una colección de personajes secundarios que sirven de dardo, más o menos sutil, contra quienes se merecían el desdén de la escritora.

Es un relato sobresaliente, y no es el único de su producción. Si la ficción fantástica de Lee os interesa, hay dos opciones para acercarse a ella:

El príncipe Alberico y la dama Serpiente y otros relatos inquietantes, editada por Valdemar, es una recopilación muy completa que recoge textos de sus cuatro antologías de ficción, entre ellos, por supuesto, está este “Amour Dure”.

La voz maligna, editado por Atalanta, recoge, además del relato homónimo, una sus obras maestras, “Amour Dure”, y “La muñeca”, un relato menor pero asimismo interesante.

“Amour Dure” también está publicado de forma independiente por Reino de Redonda.

Tres últimos apuntes antes de dar por finalizado este apartado que casi me ha salido tan largo como una reseña. Una de las inspiraciones de Lee para el personaje de Medea fue el Retrato de Lucrezia Panciatichi, hoy expuesto en la galería de Los Uffizi. En las joyas de la retratada, al igual que ocurre con Medea, se puede leer un lema: «Amour dure sans fin».

Vernon Lee siempre escribió bajo su seudónimo masculino. Su principal labor fue la de ensayista (especialista en música y arte) y tuvo claro que jamás la tomarían en serio, o la publicarían siquiera, si firmaba bajo su nombre real. Aun así, enemigos dispuestos a desacreditarla nunca le faltaron en su época. A su muerte en 1935 fue víctima de un proceso premeditado y organizado para borrarla del canon por parte de sus «compatriotas» ingleses. Y es que Lee, además de mujer que no se callaba sus opiniones, fue una pacifista cuando tal cosa estaba vista como una suerte de traición. Fue rescatada del olvido por investigadoras feministas en los años 90. Luego sale por ahí algún señoro desnortado y la menciona en su columna para demostrar que las iniciativas de visibilización de autoras son innecesarias (y propias de mediocres), porque las creadoras de verdadero talento siempre han sido reconocidas en su época, no se quejaban de machismos, nunca sufrieron discriminación y jamás son olvidadas por la Historia.

A petición de la propia autora, toda su obra pasó al dominio público inmediatamente después de su muerte. En su testamento, también, donó toda su biblioteca, unos 400 volúmenes, al Instituto Británico de Florencia, ciudad donde residió casi toda su vida.

Edith Wharton

Portada de "Relatos de Fantasmas".

“Buuu”, dijo la sábana.

Edith Wharton es una autora que necesita poca presentación. Primera mujer en ganar el premio Pulitzer de novela, gracias a La edad de la inocencia, cultivó y fue uno de los grandes nombres de la literatura realista de su época. No obstante, en formato corto, se acercó con frecuencia a lo fantástico, demostrando siempre un profundo respecto por el género.

Relatos de fantasmas fue recopilada por la autora en vida y es quizá una de las mejores obras de esta temática dedicadas a una única pluma. Más allá de la indudable calidad de la prosa de Wharton, la sustancia de los relatos, o la evolución narrativa que muestran al ir ordenados cronológicamente, cabe destacar la variedad y originalidad de los mismos. Lo espectral no responde siempre a los parámetros del fantasma clásico, puede ser incluso una proyección de la propia alma, adquirir formas inusitadas. Junto a esto, también están presentes elementos habituales en la obra realista de la autora, como la crítica a la hipocresía de la sociedad neoyorkina de la época o los abusos psicológicos de los que eran (son) víctimas muchas esposas dentro de teóricos matrimonios respetables.

Cuentos Inquietantes, de Impedimenta, es otro buen acercamiento a la obra de la autora, e incluso complementaria de la previa, puesto que solo coinciden en un relato, el excelente “Después”. No obstante, hay que tener en cuenta que, pese al título, solo aproximadamente la mitad de los relatos tienen componente fantástico y no siempre transitan por los caminos de lo fosco.

Damas Oscuras

Portada de la antología “Damas Oscuras”.

Impedimenta es responsable de la antología Damas Oscuras, una buena oportunidad para disfrutar de una panorámica del terror clásico escrito por autoras, apta para habituales o lectoras que deseen familiarizarse con el mismo. Entre sus páginas encontramos clásicos como La puerta abierta de Margaret Oliphant o “La historia de la vieja niñera”, de Elisabeth Gaskell; también narraciones menos típicas de grandes escritoras del género como Amelia Edwards o Vernon Lee, por destacar a dos mencionadas en este artículo. Pero, sobre todo, es una buena oportunidad para disfrutar de autoras inéditas en castellano o que apenas gozan de un puñado de relatos dispersos en antologías ya descatalogadas.

Una de esas autoras es Mary Elisabeth Wilkins-Freeman, de quien se incluye “El solar”. Como otras muchas contemporáneas, no fue una autora centrada en el terror, pero publicó un par de antologías del género. La más importante de ellas fue, quizá, The wind in the rose-bush, que forma parte del dominio público y puede descargarse a través de páginas como Project Gutenberg. Si leéis en inglés merece la pena que le deis una oportunidad.

Y como esto es La Nave Invisible y nos gusta lanzar peticiones… me pregunto, ¿alguna editorial en la sala dispuesta a traernos a Mary Elisabeth Wilkins Freeman? (Además de Isla de Siltolá, que tiene una colección de relatos pero no pertenecen al género fantástico).

Aunque posterior en el tiempo a todas las autoras mencionadas, no podemos dejar de citar a una imprescindible como Shirley Jackson, renovadora del género, inspiradora de autores que luego se llevarían más fama que ella. Editorial Minúscula ha reeditado en fechas recientes La maldición de Hill House, y previamente había sacado dos antologías con sus relatos y artículos, además de su otra gran novela: Siempre hemos vivido en el castillo.

Hoy me gustaría aprovechar para hablar de uno de sus relatos más inquietantes; por desgracia, todas las antologías donde se publicó en castellano están descatalogadas. En mi caso, me crucé con él cuando compré de saldo Crímenes de mujer. Los mejores relatos de damas del crimen. “Los veraneantes” es puro terror de lo cotidiano. Los Allison son un matrimonio ya jubilado que decide saltarse sus costumbres y permanecer más tiempo del habitual en su cabaña de veraneo. Eso parece resultar harto chocante para los habitantes del pueblo donde acostumbran a realizar sus compras y pronto, lo que debían de ser unos días idílicos, se ensombrecen. Suministros que no llegan, correo que desaparece, teléfonos que pierden la señal… Jackson dosifica magistralmente la tensión, obligándonos a hacer nuestro el miedo de los protagonistas, pero también juega a la perfección la ambigüedad. ¿Les acecha realmente alguna amenaza, sea humana o sobrenatural? ¿Son simples víctimas del desabastecimiento que sufren muchas poblaciones cuando se termina la temporada turística y el aislamiento en que viven activa su paranoia? ¿Es otra la explicación? Jackson deja que cada lectora se forme su propia opinión en medio del desasosiego.

Todos los libros mencionados en el artículo juntos y con varios amigurumis de temática halloween.

Felices y terroríficas lecturas.

“Los veraneantes” es uno de esos relatos que siempre logran inquietarme cuando los leo, pero no es el único escrito por una autora. “Roja como la sangre” de Tanith Lee también lo logra. En este caso, nos encontramos con una revisión de Blancanieves en clave vampírica, envolvente, poético, nacido dentro de una antología que la autora dedicó a las reimaginaciones de cuentos clásicos. Lee es otra de esas autoras casi imposibles de leer en castellano. Encontramos “Roja como la sangre” en la antología Vampiras, de Valdemar, pero una parte importante de sus obras (relatos dispersos en antologías y novelas como Hijos de lobos) fueron editadas en su día por Martínez Roca y nunca recuperados. Si leéis en inglés y en digital, podéis encontrar algunas obras suyas a buen precio. No es una autora fácil, los mundos de Lee eran muy personales, acostumbraba a narrar en presente y a dar más peso a la atmósfera que a la trama en sí, lo que a veces dotaba a sus historias de un tono distante. No obstante, merece la pena darle una oportunidad.

 

Y hasta aquí llegan las recomendaciones por hoy. Os animo a gozar de la noche de Halloween o disfrutar del Leo Autoras en compañía de alguna de estas escritoras, a descubrir a otras. Confiemos que cada año sean más las recuperadas. Las escritoras de terror, especialmente las autoras de historias de fantasmas, fueron pioneras en el género, muchas construyeron aportaciones verdaderamente singulares; sin embargo, han sido olvidadas en favor de sus homólogos masculinos; de autores que resultan intocables incluso cuando se hable de sus obras más flojas o que peor han resistido el paso de los años. Sigamos rescatándolas, no dejemos que las recuperadas y las conocidas vuelvan a caer en el olvido. No olvidemos, ni permitamos que se olvide, que la mayoría de las que triunfaron lo hicieron a pesar de la sociedad en que vivían, a fuerza de ampararse en seudónimos masculinos, triunfando en otros géneros considerados tradicionalmente más propios de mujeres, para ver menospreciada su aportación al terror, sufriendo el machismo o incluso el maltrato en su vida cotidiana, padeciendo el ninguneo de la sociedad, sus insultos, el escarnio por excentricidades iguales o menores a otras que eran aplaudidas en los hombres… Muchas lograron sobreponerse a todo eso gracias a tener una posición acomodada y un entorno cercano que las apoyaba; en ocasiones también se convirtieron ellas mismas en editoras de revistas literarias de tanto o más éxito que las mixtas, como fue el caso de Charlotte Riddell, incluida en Damas Oscuras.

No dejemos que nada de esto se olvide; sigamos visibilizando a las autoras olvidadas, a las grandes voces maltratadas por el sistema editorial, a las que no entendemos por qué demonios no están traducidas al castellano. Sigamos luchando.

Ana Morán Infiesta
Ana Morán Infiesta (Reseñas/Artículos): Tejedora de historias y monstruos de ganchillo. Amante del terror clásico. También escribe en su propia Cueva. Twitter

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2 comentarios en “Terrores clásicos para un octubre de miedo

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