Reseña: Las mocedades de Rodrigo

Si hay una vertiente de la literatura humorística donde la línea que separa la maestría de la mediocridad es fina, es la parodia. Sea en cine, literatura u otras artes, han nacido parodias magistrales, que se elevan incluso por encima del objeto de su burla u homenaje, y acumulaciones de chistes de dudosa gracia destinados a ser olvidados apenas han sido vistos o leídos, si no son abandonados en el camino.

Las mocedades de Rodrigo se ubica en el primero de los grupos, algo que no es de extrañar en una novela corta amparada por el sello de calidad de Cerbero. En menos de doscientas páginas de bolsilibro, Almijara Barbero nos brinda una historia que destila originalidad y locura bien administrada, pero que también es seria cuando resulta necesario. Lo mismo nos despierta la carcajada que nos emociona. Se lee en un suspiro y al reelerla, lejos de perder fuerza, desvela mayores méritos.

las mocedades de rodrigo

La genial portada de Juan Alberto Hernández

Como se pude deducir por el comentario previo, he disfrutado leyendo esta historia cual gochín chapoteando en un charco de lodo. Sin embargo, no la recomendaría a todo tipo de lectores. Es probable que cause urticaria a: los puristas que ven los clásicos como algo intocable, los paladines del «es fantasía medieval, no puede haber igualdad» y a los alérgicos a la presencia de personajes LGBT+ en las ficciones bajo el absurdo «no está justificado en la trama». Para mi gusto, uno de los puntos fuertes de la novela es precisamente la libertad creativa que se transmite en cada párrafo.

 Las mocedades de Rodrigo es, en palabras de su propia autora durante la presentación en el Celsius, un fanfic queer del Cid. No reimagina el Cantar ni parte de este, sino que es una suerte de precuela del mismo. En esa versión de la historia, Rodrigo es un mozo de cuadra esmirriado, soñador y empanado, cuya vida tranquila cambia cuando se le aparecen cuatro vírgenes y el Flurflur, una criatura que solo podía imaginarme como un mazacote de Blandiblú (a riesgo de que Geperudeta me sacuda una colleja), pero con superpoderes. Rodrigo descubrirá que está destinado a convertirse en héroe de leyenda y conquistar Valencia, y así empezarán sus desventuras. Suerte que tendrá a una Babieca de crines coloridamente bisexuales para ayudarlo. Mientras todo esto sucede, el reino que deja atrás no se queda quieto, y Urraca I se convertirá en Emperatriz de Todas las Españas a la muerte de su madre, Sancha. También aparecerán por ahí intrépidas capitanas de barco, vacas, polillas, perretes adorables y un coro celestial, porque ciertas cosas se hacen con la solemnidad adecuada o no se hacen… Todos los elementos que se muestran en la excelente portada de Juan Alberto Hernández están presentes de una forma u otra en la historia.

Como cabe esperar, en la novela hay un despendole importante que, a ratos, provoca verdaderas carcajadas y algún ataque de tos, si tienes la mala suerte de estar leyendo en un espacio público y no quieres asustar a quienes te rodean. Cualquier momento protagonizado por las vírgenes es una genialidad y te dan ganas de pedir una novela entera dedicada a ellas. Rodrigo despierta mucha ternura, Babieca lo mola todo y el resto de personajes reimaginados por Almijara se ganan rápido el interés, y casi siempre el corazón, del lector. Personalmente confesaré que esa Jimena capitana de barco me conquistó en su primera aparición. Sin embargo, no todo es despiporre. Uno de sus puntos fuertes es la habilidad de la autora para cambiar el tono de la narración; sabe darle intensidad cuando resulta necesario reflejar tensión, y los momentos de mayor fuerza dramática o emotividad están narrados con gran delicadeza y empatía. Además, para mi gusto, lo hace con naturalidad, sin brusquedades que nos saquen de la historia.

Si tengo que buscarle un «pero» a esta obra es que, si bien funciona perfectamente como novela corta, el tempo narrativo me resultó ligeramente descompensado. La historia se divide en tres partes (<<Descendencia>>, <<Legado>>, <<Imperio>>), y la primera ocupa casi la mitad el libro. En ella asistimos a la aparición mariana y a una serie de acontecimientos de la corte que sirven para presentarnos a los distintos personajes y su historia previa. Alberga algunos de los momentos más desternillantes de la historia, aunque también sea la parte más densa de la novela; y, si uno no está atento o va leyendo a trompicones, es fácil perder el hilo de la narración. En los dos bloques restantes asistimos a las desventuras de Rodrigo para convertirse en héroe de leyenda y los distintos sucesos que rompen la tranquilidad la corte. La historia avanza sin pausa y resulta imposible soltar el libro hasta llegar al final. Si acaso, algunos momentos resultan algo precipitados. Te quedas con ganas de haber visto sucesos en la vida de Rodrigo que conocemos por alusiones, descubrir más sobre ciertos personajes o de reírte con nuevas locuras marianas.

Índice del libro

En cuanto a la prosa, la autora evita acertadamente imitar el castellano antiguo o el estilo del Cantar real. No obstante, el uso de abundantes subordinadas respecto a lo que es común en fantasía «épica», la adjetivación, la acertada dosificación de arcaísmos a lo largo de la narración y el estilo general de la misma se unen para darle a estas <<mocedades de Rodrigo>> cierto tono antiguo que nos sumerge con mayor fuerza en la historia.

Dejando a un lado la novela y sus virtudes narrativas, no puedo cerrar esta reseña sin quitarme el sombrero ante el trabajazo de edición que ha hecho Editorial Cerbero. Además de la genial portada que mencionaba antes, se han currado una maravillosa maquetación personalizada para esta obra. Sirvan de ejemplo las fotos situadas dos párrafos más arriba.

 Poco más puedo decir sin destripar de modo innecesario esta maravilla. Ojalá existiesen más historias que reinventasen con desparpajo esos clásicos de nuestra literatura que muchos terminamos odiando en nuestra infancia o adolescencia. Dadle una oportunidad a Las mocedades de Rodrigo. Si entráis en su juego, querréis releerlas nada más terminarlas.

Bueno, aprovechando que el Guano pasa por Manzora, me gustaría preguntar un par de cosas. ¿A qué virgen, santa o diablillo hay que poner velas para tener una continuación? ¿O más historias protagonizadas por las vírgenes? ¿O una novelita, o un ciento, protagonizadas por esa intrépida marinera llamada Jimena? O… para conseguir las tres cosas, ya de paso.

Ana Morán Infiesta
Ana Morán Infiesta (Reseñas/Artículos): Tejedora de historias y monstruos de ganchillo. Amante del terror clásico. También escribe en su propia Cueva. Twitter

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