Stephany Folsom: de Toy Story 4 a Paper Girls

Stephany Folsom fue una de las autoras más influyentes en el complejo proceso creativo que dio como resultado Toy Story 4, un nuevo cierre para la saga pionera de la animación digital. Sin embargo, Folsom no tiene perfil en Wikipedia, su ficha en IMDB es breve e incompleta y, en líneas generales, es una perfecta desconocida. En silencio y casi siempre por fuera del radar masivo, esta joven aparece mencionada en medios que se especializan en guión cinematográfico como una de las escritoras a las que se le debe prestar especial atención. 

Stephany Folsom.

Su carrera, breve pero contundente, puede pensarse en tres actos.

La odisea espacial y la conspiración

El guión que la hizo repentinamente famosa puertas adentro de la industria y parece destinado a convertirse en un clásico de culto es 1969: A Space Odyssey, or How Kubrick Learned to Stop Worrying and Land on the Moon. Lo magnético de este borrador es, justamente, su cualidad de obra inconclusa. En 2013 fue alabado por los integrantes de The Black List, un grupo dedicado a bucear en guiones que aún no han salido de los discos rígidos de sus creadores, pero que exudan una creatividad que atrae las miradas de los productores. En el caso de Folsom, su proyecto recoge una muy difundida teoría conspirativa que sugiere la participación del director Stanley Kubrick en el supuesto montaje ficticio del alunizaje en julio de 1969. Folsom tiene una postura escéptica, pero admite el universo de posibilidades que, en la ficción, abre la conspiranoia. «Me encanta la idea de que un grupo de gente pueda estar tan organizado para orquestar lo que esencialmente es una estafa gigante, pero simplemente no creo que las personas sean tan competentes como para ejecutar algo a una escala tan grande sin que alguien se le escape el secreto», reflexiona en una entrevista para el sitio Slate.com.

Folsom tuvo un rápido ascenso dentro de los círculos de guionistas estadounidenses. Su pasión por el cosmos se acopló a la fascinación que le generan las teorías conspirativas, a las que califica como «mitología moderna». Pero si algo destaca de ese primer guion es el protagonismo femenino, un hilo conductor en sus trabajos siguientes, ya con un perfil mucho más alto.

Toy Story 4, el otro final

La llegada de una nueva secuela para la saga iniciada en 1995 fue una sorpresa. Tras un cierre bastante claro en la tercera entrega, la gran pregunta era qué quedaba por contar. En enero de 2018, Disney anunció que Stephany Folsom había terminado de reescribir tres cuartos del guion iniciado cuatro años antes por la dupla creativa de Rashida Jones y Will McCormack. El objetivo de esa reescritura quedó reflejado en el resultado final: ahondar en el vínculo entre Woody y su interés romántico desde la primera película, el personaje de Bo Peep que había sido suprimido en la tercera película. Sin eclipsar que toda la saga gira en torno al vaquero, sus crisis de liderazgo y sus fuertes creencias sobre el vínculo entre los juguetes y sus niños, esta nueva entrega se propuso que el personaje cuestionara sus principios y que, a la vez, la presencia femenina en la saga tuviera una revancha.

Existen varios métodos para medir objetivamente la presencia de mujeres en pantalla. Toy Story, como casi todas las historias que nos marcaron la infancia, no sale muy bien parada. El sitio The Pudding analiza los diálogos en 2.000 películas para establecer porcentajes de participación según el género de sus personajes. En la primera de Toy Story, el 92% de los diálogos son masculinos, mientras que las mujeres sólo alcanzan el 8%. En la tercera el panorama mejora con la vaquera Jessie, pero se mantiene desbalanceado: 76 a 24. Otro mecanismo es el test de Bechdel que plantea tres simples preguntas para concluir si una historia de ficción tiene brecha de género: ¿Aparecen por lo menos dos personajes femeninos? ¿Hablan entre sí? ¿Hablan de un tema que no refiera a un hombre? De las cuatro Toy Story, la tercera y la cuarta pasan la prueba.

Para Folsom, la mayor presión, cuenta en tono bromista, fue «evitar arruinar la infancia de la audiencia». No habrá salido airosa con todos y cada uno de los espectadores, pero la recepción fue mayormente positiva si se toman en cuenta las estadísticas de Google, Filmaffinity, SensaCine y Rotten Tomatoes. La experiencia previa de Folsom había sido en Thor: Ragnarok, una cinta más polémica y que generó varios artículos críticos respecto a su llegada a la producción de Pixar. Pero la «polémica guionista» (como la calificaban varios), mantuvo un eje: «Siempre digo que los personajes son lo primero». Para Folsom, entender en profundidad a los protagonistas lleva a que la historia funcione. 

Su sello en Toy Story 4 fue reinventar a Bo Peep, un personaje con ínfimo desarrollo en pantalla, pero gran peso emocional en la vida de Woody. Para pulir ese rol y adecuarlo a la reivindicación de las mujeres en un tono que se corresponda con el siglo XXI, Bo Peep pasó a tener lo que hasta ese momento nunca había conseguido: una vida propia. Es que, hasta entonces, así como los juguetes debían petrificarse ante la mirada de los niños, la pastorcita parecía dejar de existir cuando el vaquero se iba a vivir aventuras. En este sentido, la película refleja ese proceso de comprender a los personajes como seres vivos autónomos y cuyas tramas evolucionan, aunque sea fuera de cámara. Para Bo Peep, el llamado a la aventura (en términos de Joseph Campbell) llegaría al separarse de Woody.

Viñeta de Paper Girls.

Entre orcos, repartidoras de periódicos y aborto clandestino

El estreno de la cuarta Toy Story supuso el salto de Folsom a las grandes ligas del entretenimiento. Empezó a trabajar en los guiones de la próxima serie de El Señor de los Anillos y en paralelo escribe This is Jane, la historia real de una mujer que combate el expulsivo sistema de salud de la ciudad de Chicago montando una clínica de abortos y asesoramiento familiar en los años 60.

La impronta de Folsom y su interés por desarrollar personajes femeninos fuertes en la ficción masiva cuenta con una coyuntura que acompaña, fomenta y demanda estas historias.

En julio, Amazon Studios anunció la adaptación a serie televisiva del cómic Paper Girls. Rápidamente hubo quienes la situaron en la injusta categoría de «Stranger Things con chicas», pero lo cierto es que esta novela gráfica escrita por Brian K. Vaughan en 2015 cuenta la historia de un grupo de niñas que en la década del 80 reparten periódicos y de golpe se encuentran ante una invasión alienígena. Si hay una historia destinada a pasar el test de Bechdel y mostrar que hay otras formas de ficción posible, es Paper Girls.

Ahora bien, haber llegado no significa tener el camino allanado. Para plantarse ante ejecutivos que la doblan en poder, la escritora incurre en un «autoengaño que funciona», según sus palabras. «Siempre asumo que soy igual que ellos y que mis ideas son igual de válidas», plantea. Por eso, todavía, quedan muchas batallas que librar. 

Colaborador
Malena Baños Pozzati (Colaboradora): periodista argentina de 31 años. Trabajo en el diario Clarín de Buenos Aires y escribo para diferentes medios gráficos independientes. Podcastera, fanática de Star Wars, de la ciencia ficción, el retrogaming y la fantasía en general.


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