Vencer al dragón: roles y relaciones atípicas

De las innumerables novelas de fantasía que ha escrito Barbara Hambly, Vencer al dragón es una de las más conocidas. Fue publicada en el año 1985 por Ballantine Books, y traducida al español por Márgara Auerbach de la mano de Ediciones B en 1990. Además, estuvo nominada al premio Locus a la mejor novela de fantasía en 1986, quedándose en tercer lugar. Y aunque es el inicio de la saga Winterland, puede leerse de manera independiente.

Barbara Hambly.

El argumento que nos plantea Vencer al dragón no destaca, en principio, por su originalidad pero su magia reside en eso. Y es que, cuando comienzas a leer, te das cuenta de que no tiene nada que ver con la fantasía que se había escrito hasta ese momento. El primer capítulo nos presenta a la narradora de la novela, Jenny, una hechicera que, en el camino de vuelta a su hogar, se encuentra con Gareth, un joven que se descubre es el heredero del reino. ¿Y qué hace el príncipe tan lejos de su hogar, perdido por las Tierras del Invierno? Gareth va en busca del cazador de dragones del que hablan las leyendas, el invencible John Aversin, para que derrote al dragón que asola su reino y quema sus cosechas.

Pero, en Vencer al dragón, la hechicera no resulta ser tan poderosa como cabría esperar, el cazador de dragones no es tan invencible como Gareth se imagina y el príncipe no es un caballero valeroso dispuesto a salvar él mismo a su reino. Nos encontramos una subversión de los roles protagonistas típicos de la literatura de fantasía que sorprende desde el primer episodio, y ese es su encanto.

Una de las cosas que más destaca de su lectura es la modernidad que existe en el tratamiento de ciertos conceptos; recordemos que se trata de una novela escrita en 1985. Quizá, el que más sobresale es la visión feminista de las mujeres, que tienen un papel activo, independiente y protagonista. Y esta perspectiva feminista también está presente en toda la narración a través de la plasmación de una maternidad existente y activa, del reflejo de relaciones románticas sanas y de los roles tan distintos, comparados con las sagas de fantasía de la época y de algunas novelas de la actualidad, que Hambly les da a los protagonistas. Estos, a grandes rasgos, son los temas de los que se va a tratar en el artículo, en el que ahondaremos en detalles de la personalidad de los protagonistas.

Subversión de los roles tópicos en la literatura de fantasía

Al pensar en los personajes prototípicos de la literatura de fantasía, la mayoría coincidiremos en sacar una lista de los roles más comunes con unos rasgos definitorios muy concretos. Alister Mairon expuso hace unos años en su blog las características más repetidas en los personajes de mundos fantásticos.

Portada de Vencer al dragón.

Los personajes que nos interesa analizar de Vencer al dragón son las figuras de la hechicera, el caballero, el príncipe y el dragón; cuatro de los pilares básicos de la mayoría de historias de la fantasía clásica y de la alta fantasía. Pero su enfoque es muy distinto al habitual: nos encontramos con los valores típicos de estos personajes totalmente invertidos con el fin de desmitificar las cuatro figuras más representativas del género.

La representación que Barbara Hambly hace del dragón no es lo más original de su historia pero sí rompe los esquemas establecidos en la mayoría de libros de fantasía de la época. Sin ahondar en profundidad para evitar las sorpresas que la autora prepara para el desenlace de la historia, se puede comentar que Morkeleb, el dragón, se aleja de lo animal para adentrarse en el terreno de la inteligencia, recordando al célebre Smaug de El Hobbit de J. R. R. Tolkien.

La figura de la hechicera suele estar asociada a rasgos muy concretos: es una mujer poderosa, de gran belleza con la que encandila a los hombres que hay a su alrededor y que, además, suele pertenecer a la raza feérica. Es frecuente que sus rasgos de independencia se relacionen directamente con un criticado deseo por el poder. Y es que, al contrario de lo que ocurre en los personajes masculinos que tienen estas características, las mujeres que las poseen son tachadas de malvadas y egoístas.

Nuestra protagonista, Jenny, es todo lo contrario al tópico de hechicera: es un personaje con características muy realistas, defectos y gran complejidad que conocemos en mayor profundidad por ser la narradora de la novela. Jenny es descrita como una mujer de cuarenta años, con dos hijos —hecho del que hablaremos más adelante—, rasgos feos y poco o ningún atractivo. Sus poderes son débiles; no es la gran maga que representan todas las novelas fantásticas, sino una simple hechicera, llena de inseguridades, que se ha quedado muy lejos de alcanzar sus deseos de superación.

Jenny era consciente ahora de la pequeñez de sus propios poderes y eso la aterrorizaba, sobre todo porque sabía contra qué tendría que medirlos. O sea que al final así era como había pagado por el amor de John, se dijo, con ironía. Lo había pagado con una batalla que no podía esperar ganar. (…) Con razón siempre se advertía a los poderosos contra el amor, pensó.

Además, una característica fundamental en este personaje es que, aunque su vocación es ser hechicera, es curandera de su poblado porque es el único trabajo disponible para hacer en la zona. Tiene continuos discursos internos acerca de su vida laboral y su conciliación familiar en los que se plantea el alcance de sus responsabilidades, su verdadera vocación y las limitaciones que le impone la vida. Podemos ver que, incluso en un mundo de fantasía como el de Vencer al dragón, la cruda realidad se alza impidiendo que los personajes cumplan sus sueños.

Fragmento de portada de Vencer al dragón.

Jenny rompe con los tópicos del rol clásico en la que se le enmarca y los elimina de la manera más natural posible: siendo humana y teniendo fallos.

En el caso de John Aversin, nos encontramos con una situación parecida. El joven Gareth va en su búsqueda con el fin de pedirle ayuda contra el dragón; él se espera un héroe de leyenda, al ídolo sobre el que cantan las canciones, a la persona que mató a una de las fieras más terribles en su juventud, y al señor de parte de las Tierras del Invierno. Lo que Gareth encuentra es que John es un porquero, un granjero de cerdos, al que se encuentra embarrado hasta la cintura y lleno de estiércol.

—John —dijo ella y se volvió hacia el muchacho—, Gareth de Magloshaldon…, te presento al lord John Aversin, el Vencedor de Dragones de Alyn.

Por un instante, Gareth se quedó absolutamente mudo. Permaneció sentado durante un momento, mirando, atónito y confundido como si lo hubieran golpeado en la cabeza; luego desmontó con tanto apuro que tuvo que aferrarse el brazo lastimado con un gemido. Era como si en todas sus fantasías alimentadas por las baladas, en todos sus sueños de conocer al Vencedor de Dragones, nunca se le hubiera ocurrido que su héroe estaría de pie, para no decir hundido hasta los tobillos en el barro, junto al chiquero del pueblo. Su rostro era prueba evidente de que, aunque medía más de un metro ochenta y debía de ser más alto que cualquiera que conociera, nunca había conectado eso con el hecho de que, a menos que su héroe fuera un gigante, seguramente era más bajo que él. Y las baladas, pensó Jenny, tampoco mencionaban los lentes.

Al conocer a John, enseguida nos queda claro que no es el típico héroe de la fantasía clásica. Es una persona con inquietudes muy distintas a la lucha y la guerra; a Aversin le gusta leer, le fascina averiguar el funcionamiento de las maquinarias y de los fenómenos naturales y, además, lleva gafas. También cabe destacar la indignación que sufre Gareth cuando descubre que su admirado héroe patrulla las lindes de sus tierras cada día con el fin de evitar que los peligros se adentren en ellas; según el joven príncipe, ese no es el trabajo de un señor sino que este debe centrarse en la caballerosidad y en el honor.

Es interesante mencionar, acerca de la muerte del primer dragón que les otorga la fama, que John y Jenny reconocen haber tenido suerte en el enfrentamiento y desmontan las imágenes tópicas que Gareth tiene acerca de un enfrentamiento con un dragón: mientras el joven sostiene que lo honorable es tener la lucha en campo abierto y sobre un caballo, escena extraída del imaginario de la fantasía clásica, los dos protagonistas comentan que su mejor decisión fue envenenarlo con gases, a pesar de lo cual casi mueren en el intento.

Finalmente, Gareth es, quizás, el personaje que menos rompe con los tópicos establecidos porque se agarra con fiereza a ellos, pero, aún así, también quebranta muchos de los rasgos que solemos encontrarnos en la figura del príncipe encantador. Es larguirucho, nada musculoso, poco atractivo, y no es un guerrero: no posee la capacidad para luchar sino que es un príncipe encerrado entre libros. Y aunque es un caballero y cumple con los tópicos de la defensa del honor y la vida en la corte, se siente más incómodo en ese mundo por su artificialidad cuanto más avanza la trama.

—Busco a lord Aversin, Vencedor de Dragones, barón de Alyn y señor de Wyr, el más grande de los caballeros que hayan cabalgado por las Tierras de Invierno. ¿Habéis oído hablar de él por aquí? Alto como un ángel, hermoso como una canción… Su fama ha llegado hasta el sur como se esparce el agua de las inundaciones en primavera, el más noble de los caballeros…

Gareth es, sin lugar a dudas, el personaje con más evolución de toda la saga. Comienza siendo un personaje prototípico, con algunas excepciones en su aspecto, y acaba desencantado de todo lo que hasta entonces defendía. Su primer contacto con la realidad es la decepción que vive ante lo que se esperaba de John y lo que resulta ser. Esta evolución se ve reflejada en su relación con los otros dos protagonistas en quienes, al principio, desconfía: de la hechicera por creer que ha engatusado a John y del criterio de Aversin por verlo como un porquero. Pero, con el transcurso de su aventura, el joven ve en ellos a dos amigos en los que confía más que en ninguna otra persona.

Esta evolución va de la mano del alejamiento de Gareth de su gusto por los personajes prototípicos hasta un acercamiento hacia los roles subversivos que la propia Barbara Hambly ha creado. Me atrevo a afirmar que el camino que hace Gareth es el camino que hace el propio lector cuando se enfrenta a esta historia, que al principio puede llegar a chocar pero luego apasiona, y el camino que hace la propia literatura de fantasía —especialmente en la actualidad— alejándose de los criterios marcados para explorar nuevos caminos, ahondando en personajes más realistas, más sanos y más humanos. Porque lo fantástico no excluye lo real.

Relaciones establecidas entre los protagonistas: maternidad y relación amorosa

Pero Vencer al dragón de Barbara Hambly no sólo destaca por la personalidad distinta de sus personajes. Las relaciones y los vínculos que se crean entre ellos también son características importantes, en especial la relación amorosa entre John y Jenny y su respectiva paternidad y maternidad.

Aún a día de hoy, es complicado encontrar una correcta representación de la maternidad que no cumpla con los manidos estereotipos de la madre muerta y la madrastra mala, entre muchos otros. Estamos resumiendo en muy pocas palabras un tema de gran complejidad que se trató recientemente, en septiembre del año 2019, en el Festival Luminaria. Pero, aunque la representación de la maternidad, todavía no es sana en la literatura, Vencer al dragón es un rayo de esperanza en el que Jenny es madre de dos niños que, en absoluto, coartan su libertad ni condicionan su vida.

Jenny es hechicera y es madre, pero no es la típica situación incompatible en la que la madre, tras dar a luz, debe abandonar su trabajo con el fin de cuidar a sus hijos. Es más, ella ni siquiera vive con ellos; es John, junto con su hermana, quien los cuida, ya que su trabajo requiere que viva en la torre de hechicería de la aldea. Es interesante analizar cómo se da la vuelta al papel de la maternidad y cómo es John la figura más presente en la crianza de los dos pequeños, quienes mantienen una estupenda relación con su madre porque, a pesar de no compartir techo, sí comparten los días, las horas y la vida. Jenny sigue siendo un papel fundamental en su vida aunque no sea el principal.

Morkeleb El Negro por Michael Whelan.

A lo largo de toda la novela, podemos acompañar a Jenny en un continuo monólogo sobre las decisiones que ha tomado a lo largo de la vida y que le han condicionado al presente que vive. Jenny no se arrepiente de haber formado una familia ni de haber compartido su vida con John, pero sí que es consciente de que ha tenido que compartir su tiempo y que eso le ha dificultado su objetivo de convertirse en una maga poderosa porque, recordemos, no es demasiado habilidosa. Pero este hecho no se plantea como algo negativo: la maternidad y el amor no son una carga, sino una decisión personal y racional. Jenny, a diferencia de muchas de las protagonistas femeninas de la fantasía clásica, tiene la posibilidad de elegir su camino y decide compatibilizar la vida laboral y personal, consiguiendo un correcto equilibrio entre ambas.

En parte, todo esto es posible gracias a la relación de John y Jenny y, por supuesto, a la personalidad de los dos personajes. La pareja tiene una unión sana que se basa en la confianza mutua, en la comunicación y en la sinceridad. Este tipo de relaciones no tóxicas no se reflejan habitualmente en la literatura en general, y menos en la fantasía. John y Jenny hablan y debaten las decisiones que les atañen a ambos y a su familia, siempre llegan a un punto en común en el que los dos están de acuerdo, y se tienen en cuenta a la hora de dar pasos en su vida.

Recordemos que es la voz de Jenny la que escuchamos a lo largo de la novela y es su punto de vista el que tenemos en esta relación, pero las acciones de John, de quien tenemos diálogos objetivos, son siempre correctas y para nada abusivas. A pesar de que la historia está situada en un mundo machista, la relación entre John y Jenny es bastante igualitaria. Incluso con la aparición de Zyerne, una hechicera mucho más joven y más atractiva que Jenny, la situación sentimental de estos dos personajes en ningún momento se resiente: ni John duda o se siente tentado, ni Jenny se siente celosa ante la imagen de la maga. Sino que nos encontramos con dos seres humanos independientes que han decidido compartir sus vidas.

Antes estaba celoso de ella [Jenny], ¿sabes? No de otro hombre, sino celoso de ella misma, de esa parte de ella que no me daría nunca… (…) Eso fue lo primero que tuve que aprender (…): que ella es de ella misma y que lo que me da, me lo da porque quiere dármelo y por lo tanto es más precioso.

Esta es la base de una maternidad y una paternidad —aunque la que más nos interesa ahora mismo es la primera— sana. Y es que la maternidad no es la característica principal de la protagonista sino que es una forma más de describir al personaje: igual que es maga, amante y amiga, Jenny es madre. Barbara Hambly nos expone una idea de la maternidad que hasta entonces, e incluso actualmente, es difícil de encontrar en la literatura en general.

Aún así, a pesar de que esta relación materno-filial es natural y nadie la pone en entredicho, Jenny siente dudas y se siente culpable por no dedicar más tiempo tanto a su familia como a su trabajo. Si no hubiese tenido familia, habría sido una mejor maga y, si no hubiese querido dedicar su vida a la magia, podría haber pasado más tiempo con sus hijos.

¿Por qué, a pesar de establecerse una relación sana entre los personajes, Jenny sigue dudando? La respuesta es más sencilla de lo que parece: ni siquiera Vencer al dragón se libra de la sociedad patriarcal en la que los personajes viven y se desenvuelven y en la que Barbara Hambly escribe sus historias. Recordemos que la novela es del año 1985 y que, aunque los detalles aquí analizados no son los únicos que Barbara Hambly decide cambiar y subvertir con el fin de reflejar un panorama más feminista, también refleja rasgos machistas heredados de la cultura en la que se ha criado.

Pero esto no es algo negativo. Vencer al dragón es el inicio de un cambio enorme en los roles y en las estructuras que hasta ese momento estaban impuestas en la fantasía y que, a día de hoy, siguen estando establecidas de manera mucho más débil. No son pocas las escritoras que, siguiendo la estela de Barbara Hambly, se dedican a reflejar una sociedad feminista en sus mundos de fantasía; un ejemplo perfecto de esto es la antología La otra fantasía medieval, que demuestra, una vez más, que el feminismo y la fantasía son elementos complementarios.

Raquel Aysa Martínez
Raquel Aysa Martínez (Fichas de autoras/Artículos/Reseñas): Feminista, historiadora, lectora y escritora con varios relatos publicados (y otros tantos en el cajón). Adicta a la fantasía, a la ciencia ficción, al arte y a Twitter.


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