Reseña: Beloved

La autora, Toni Morrison (1931-2019).

Escribir una reseña sobre Beloved, de la grandísima Toni Morrison, es harto complicado, porque se han vertido ríos de tinta sobre la obra magna de esta autora afroamericana. Ganadora del Premio Pulitzer, Beloved se publicó en 1987, época en la que la literatura negra ya llevaba unas décadas de esplendor; tenemos, por ejemplo, El color púrpura, de Alice Walker; a Maya Angelou diciendo Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado; y a Audre Lorde dando guerra con sus poemas. Encontrar un ejemplar de Beloved hoy en día no creo que sea (demasiado) complicado; seguro que hay alguno en la mayoría de bibliotecas. La traducción, a cargo de Iris Menéndez, es correcta, poética a menudo; pero creo que habría que volver a revisar este libro que, como todas las obras clásicas, permanece en un limbo intocable e inalcanzable, con traducciones y ediciones del siglo pasado.

Sin embargo, quizá os sorprenda que hablemos de Toni Morrison aquí, en La Nave Invisible. Y es que esta autora, que tanto prestigio tiene y que nos faltó hace menos de un año, escribió una novela de terror. En Beloved hay fantasmas, pero, además, todas las historias sobre la esclavitud de personas afrodescendientes deberían considerarse obras de terror. A veces cuesta recordar que algo así existió (múltiples factores intervienen en esto; entre ellos el más peliagudo, quizá, lo poco que se habla de ello en las escuelas e institutos). Pero las atrocidades cometidas desde el descubrimiento de América, que se extienden hasta nuestros días, deberían pesarnos en nuestras conciencias y cuerpos como una losa que arrastraremos hasta nuestras míseras muertes («No hay una sola casa que no esté llena hasta el techo con el pesar de un negro muerto», dice en una ocasión Baby Suggs, personaje de la novela). No soy quién para blandir el látigo de la moralidad (blanca, además); para ello es mejor escuchar y leer a nuestras compañeras afrodescendientes.

Dicho esto, aquí hemos venido a hablar de fantasmas. Fantasmas con nombre de mujer: Beloved.

En el 124 había un maleficio: todo el veneno de un bebé.

El 124 está embrujado, y todo el mundo lo sabe. El espíritu de un bebé triste, que sufre algún berrinche de vez en cuando, plaga las vidas de Sethe, su madre; Denver, su hermana; y Baby Suggs, su abuela. Nadie entra en el 124. Nadie habla con sus habitantes. Aunque seguro que hablan sobre ellas. Pero el fantasma no tiene la culpa. La culpable aquí es Sethe, la madre, una esclava que huyó de sus amos (cuyo recuerdo la asedia del mismo modo que un fantasma) y quien rajó el cuello de su hijita con una sierra.

Pero este no es el único elemento sobrenatural en Beloved. Toda la novela está impregnada de un leve misticismo que alcanza a sus personajes: Baby Suggs, esa anciana que se alzó como predicadora de la comunidad negra de su ciudad; Denver, a quien nada malo le pasa, ni siquiera cuando nació en una barca medio hundida y acompañó a su madre a una cárcel infestada de ratas; Paul D., que sobrevivió a lo indecible y consiguió espantar al fantasma del 124… durante una temporada, al menos. Y es que la figura central aquí no deja de ser Beloved, ya cobre forma de bebé fantasma caprichoso o de adulta igual de caprichosa. Porque Beloved se vuelve corpórea y, en vez de berrinches y tristeza, se obsesiona con su madre, Sethe, quien desconoce su auténtica identidad, y empieza a beber de sus historias y de su esencia como si de agua se tratara.

Tengo un árbol en la espalda y un espíritu en mi casa, y nada entre una cosa y otra salvo la hija que estoy abrazando

Amor, posesión, celos, obsesión. Cuatro palabras poco relacionadas semánticamente entre sí, pero que, en cuestión de relaciones familiares y amorosas, cobran una nueva dimensión. En general, estas palabras podrían describir una relación tóxica en una pareja, pero Toni Morrison lo lleva más allá.

Edición de Beloved de 1997.

El amor puede convertirse en celos cuando una mujer celebra la mayor fiesta de su comunidad y todos sus vecinos, al día siguiente, después de hartarse de vino y viandas, se sienten celosos porque ella pudo celebrar esa fiesta mayúscula y ellos no. Y eso les llevará a traicionar a dicha mujer y a su nuera y a sus nietos. Y puede que su nuera acabe rajando el cuello de su propia hija porque nadie avisó de que los blancos venían, de que iban a por ella, y por eso prefirió la muerte de sus hijos antes de traicionarlos y volverlos esclavos como lo fueron ella, su padre, sus abuelas.

El amor puede convertirse en obsesión cuando dicha hija muerta tiene hambre de amor, hambre de vivir, hambre de estar con su madre. Y su madre da y da y da, pero nunca es suficiente. ¿Cómo puedes pagar la deuda de quitarle la vida a tu propia hija, aunque lo hicieras motivada por el amor más puro? ¿Cómo se sacia esa sed? La obsesión de una hija, que consume a la madre y a la hermana; la posesión (¿con el derecho de poseer?) a esa madre traicionera, que la abandonó en la oscuridad.

Las tres, madre, hija, hermana, se ven envueltas en un torbellino de celos, posesión, obsesión, traición, envidia, muerte y rechazo. Y, por encima de todo ello, la esclavitud, que sigue impregnando la vida de todas las personas negras de Estados Unidos, por muy libres que sean sobre el papel. Porque la libertad se compra, pero también se sacrifica por el amor hacia una madre o hacia una hija. Pero ¿de verdad se consigue libertad para amar lo que una desea cuando el amo la concede al fin? ¿Se puede aprender a amar la libertad y a dejar de mirar por encima del hombro por si vienen los blancos a llevarnos de vuelta al yugo?

Ser libre era una cosa, pero reivindicar la propiedad de esa libertad era harina de otro costal. 

En Beloved hay fantasmas. Fantasmas del pasado, fantasmas del presente. Fantasmas vivos que te quieren muerta; fantasmas muertos que te quieren viva. El fantasma de la esclavitud, que nunca desaparece, que no se puede exorcizar, por mucho que decolonicemos nuestras mentes y pensamientos. Sin embargo, por algún punto debemos empezar, y ese punto podría ser Beloved.

Carla Bataller Estruch
Carla Bataller Estruch (Artículos/Reseñas): Traductora literaria y audiovisual de día, visibilizadora de autoras de noche en su Twitter. Feminista no sensata. Dadle ciencia ficción social y fantasía no normativa para hacerla feliz.


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