Reseña: Mujer al borde del tiempo

Marge Piercy, autora de Mujer al borde del tiempo.

Hace un año, la editorial Consonni creó una nueva colección: El origen del mundo. «Literatura que especula, ficciona y disecciona realidades para imaginar mundos». Bajo esa definición, sin duda debían aparecer, entre otros, libros de ciencia ficción y nombres como el de Octavia Butler, publicado recientemente. Sin embargo, la novela que nos ocupa hoy es otra, de una autora mucho menos conocida y con una historia muy diferente. Mujer al borde del tiempo, de Marge Piercy, fue publicado por primera vez en 1976 y no se había traducido al español hasta 2020. Un gran reto, ya veréis por qué, del que su traductora Helen Torres ha salido airosa.

No conocía a la autora antes de leer el libro, pero me parece una mujer fascinante. Diecisiete novelas, diecinueve libros de poesía, cuatro de no ficción y una autobiografía; novela histórica, ciencia ficción (premio Arthur C. Clarke, en 1993 —Body of glass o He, she and it —), novela social y de entretenimiento; cuatro doctorados honoris causa; activista contra la guerra de Vietnam, contra la guerra de Irak, feminista. ¿Hay algo que Marge Piercy no haya hecho? Con Mujer al borde del tiempo observó el funcionamiento de los psiquiátricos de la época, se embarcó en los viajes temporales para desafiar a los hombres blancos acaudalados que monopolizaban el subgénero y sí, también imaginó una sociedad utópica; pero la novela no tiene nada del buenismo por el que mucha gente se aleja de estas narrativas.

Una utopía encubierta

Mujer al borde del tiempo es una novela dura. Ya desde el inicio. La protagonista, Connie Ramos, es una mujer chicana (estadounidense con ascendencia mexicana) que sufre una opresión sobre otra: por ser mujer, por ser racializada, por ser pobre. Durante la historia vamos conociendo aspectos del pasado de Connie que la han llevado al punto que desata la narración: su reingreso en un hospital psiquiátrico.

Cubierta de Mujer al borde del tiempo, editada por Consonni.

A Connie la violaron, sufrió maltratos por parte de una de sus parejas, su jefe la acosaba sexualmente en el trabajo, se quedó sola con su hija pequeña, se dio a las drogas, maltrató a su hija, se la quitaron y ahora vive custodiada por una asistente social. Apenas tiene comida y no encuentra trabajo. ¿Cómo salir de esa espiral de desgracia?

Su sobrina Dolly lo intenta a su manera, pero para eso se ve obligada a prostituirse. Está enamorada de su chulo, pero también la maltrata, y un día se presenta en casa con la cara ensangrentada y huyendo de él, porque quiere obligarla a abortar la criatura que espera. Connie intenta ayudarla y las consecuencias son nefastas: costillas rotas y de vuelta al manicomio donde estuvo después de pegar a su pequeña.

Si la vida fuera del hospital os parecía terrible, os doy la bienvenida al infierno. Al menos fuera Connie aún se sentía persona. En el psiquiátrico les pacientes son cosas, animales. No se les escucha, no se les intenta ayudar. Se les droga, se les aísla y se experimenta con elles de las formas más inhumanas.

En medio de este panorama, Connie encuentra una escapatoria: un ser la visita desde el futuro, ya que nuestra protagonista es más sensible a ese contacto. En un momento dado, los papeles se invierten y es Connie la que visita el futuro gracias a su conexión con Luciente, habitante de esa sociedad utópica que conocerá poco a poco. Los viajes al futuro se intercalan con la vida en el manicomio, desahogando la opresión de este último y dándole, si cabe, más valor al primero por comparativa.

El poder de la elección

Cuando hablamos de utopías y, sobre todo, cuando hablamos de futuros posibles donde no se trate diferente a nadie por su género o raza, donde no existan diferencias de clase, mucha gente agita sus bracitos hablando de panfletos y mundos de piruleta. Siento la decepción: la utopía de Piercy no es un mundo fácil ni está libre de cuestionamientos. Connie critica continuamente cada nuevo aspecto que descubre y, aunque Luciente y compañía exponen su punto de vista, la mayoría de veces se queda ahí, en una exposición. Eso da lugar a que podamos reflexionar sobre ello. ¿A qué tendríamos que renunciar para caminar en comunión hacia un mundo mejor? ¿Qué significa el progreso?

En lo que más insiste Luciente y lo que vertebra la utopía es la necesidad de construir un futuro donde la diferencia sea un valor añadido, donde las decisiones importantes no estén en manos de unas pocas personas y donde se prime el bien común, no solo para el presente, sino también para el futuro. Eso incluye salvaguardar el medio ambiente, cuidar la flora, la fauna, los ríos, etc. El mensaje ecológico es omnipresente, aunque no sea el foco principal de la historia.

Una mañana en Mattapoisett.

Durante la novela, la autora muestra que llegar ahí no es fácil, ni que todo el mundo está de acuerdo en el proceder. Siempre hay intereses cruzados, soluciones diversas para un mismo problema. Pero en lo que se incide es en la comunicación directa, en el razonamiento y en la capacidad de cada individuo de votar según su opinión y valoración del asunto.

Esta manera de obrar también se aplica en el día a día, en las relaciones interpersonales. Apenas hay secretos entre el vecindario. Al final se deduce que esta es la mejor forma de conocerse y de que todo funcione. Para que este modo de vida siga adelante, todos los individuos deben respetarse y, aunque no tengan buena relación entre ellos, deben evitar que ese choque afecte a la comunidad.

Por todo esto, el pilar en el que se sustenta la utopía es la libertad. Libertad para elegir tu nombre, tu trabajo, en qué momento quieres ser madre o ir a la guerra, con quién quieres mantener sexo.

Sin embargo, hay límites. Y es sobre todo en estos donde más podemos jugar. ¿Qué ocurre con aquellas personas que no trabajan para la comunidad? ¿Qué ocurre con la violencia? ¿Hay relaciones tóxicas? ¿Qué ocurre con las personas que quieren dar a luz y el sistema se lo impide? Estas cuestiones aparecen a lo largo de la obra y nos demuestran que por muy utópico que sea el futuro, no puede ser perfecto, pues la vida y las situaciones son demasiado complejas para tener una línea moral única y válida.

La importancia de la lucha

Para mí, el foco de la novela no está tanto en criticar nuestra forma de vida actual (no muy diferente de la que Piercy retrata en Mujer al borde del tiempo), sino en empujarnos a luchar contra ella. A cambiar las cosas. A cambiarlo todo. Desde lo más grande a lo más pequeño. A enfrentarnos al sistema.

Connie se enfundó las ropas rápidamente. Luciente era más alta y tenía los hombros un poco más anchos, pero Connie tenía más anchas las caderas y el trasero, así que al principio no podía cerrar los pantalones. Hasta que encontró un ajuste en las costuras que permitía achicarlos y agrandarlos, hacerlos más cortos o más largos. Una mujer no tendría que dejar de usarlos si engordaba o perdía diez kilos.

Lo que más llama la atención es la visión feminista de Piercy. Aunque Connie haga alguna mención al poder de los hombres sobre las mujeres, la crítica impregna los detalles. Este sobre los pantalones, por ejemplo, pero también cuando se describe a Luciente y los prejuicios de la protagonista chocan con la realidad. La autora describe con mayor precisión las diferencias entre hombres y mujeres que mucha gente hoy en día, sin ninguna necesidad de acudir a la biología:

Luciente habló, se movía con ese aire de autoridad fresco y desenvuelto que Connie asociaba a los hombres.

 

Luciente ahora parecía una mujer. Su rostro, su voz y su cuerpo parecían ahora de mujer, aunque nada femeninos; demasiado confiada, demasiado poco cohibida, demasiado agresiva y segura y grácil de una manera tan coordinada que era errónea para una mujer; y, sin embargo, era una mujer.

Y más adelante:

Connie se imaginó a sí misma dando un paseo nocturno bajo las estrellas. Se imaginó andando sin prisa por algún camino del campo y que solo sentía una leve curiosidad al ver a tres hombres acercándose. Se imaginó haciendo dedo y subiéndose a cualquier coche que quisiera llevarla. Se imaginó abriendo la puerta de casa, sin miedo, para ver si alguien necesitaba ayuda.

A lo largo de la novela, las mujeres son definidas por la opresión que sufren y nada más. Eso es algo que no ocurre en Mattapoisett, el pueblo en el que vive Luciente, donde todas las personas incluidas en la sociedad son iguales y tienen los mismos derechos. Hombres, mujeres y personas no binarias son madres, se visten de las formas más variadas, trabajan desnudas indistintamente y el sexo o la orientación sexual no son un tabú.

Esto se refleja sobre todo en el uso de un lenguaje sin marca de género, que al principio nos puede parecer chocante pero que se integra muy bien en el habla de los personajes del futuro. Estos utilizan palabras y contracciones que ahora mismo no existen pero que procederían de una evolución para nada imposible. En este contexto, la aparición de estructuras como «persona joven» o «persona vieja» no chocan y resultan mucho más naturales que otros ejemplos de novelas donde trataba de ridiculizarse. Es posible que en inglés el efecto no sea tan notorio y creo que es uno de los grandes desafíos de esta traducción, pero consiguen transmitir muy bien ese futuro donde no solo ha cambiado la forma de vida.

Como he dicho antes, no solo se denuncia el machismo del que es víctima Connie o su sobrina Dolly (y sus cuñadas, y sus compañeras del manicomio, y…), sino también a los problemas que sufren por su ascendencia latina, o por sus escasos recursos. Los intentos de sus familiares por parecer más anglos (más blancos, más seguros, más listos) para ganar más dinero evidencian un problema que Piercy tenía muy claro: las discriminaciones se acentúan cuando hay pobreza de por medio, y es difícil salir de ese pozo cuando no tienes el estatus de persona. Si no eres un hombre blanco cisheterosexual, solo eres algo con dinero o, si no lo tienes, no eres nadie.

Todo se complica más si encima eres «problemático». Ahí es donde entra en juego el manicomio. Recuerdo en Bitch Planet, que enviaban a ese planeta mujeres que estorbaban. Por ser demasiado seguras, por ser lesbianas, por ser gordas, por ser fuertes. Algo parecido encontraremos en Mujer al borde del tiempo. La compañía de Connie es la de Sibila, que practica la brujería, o de El Piernas, que es homosexual. Ella misma es «encarcelada» porque nadie quiere hacerse cargo de ella. Y lo que vive allí es un auténtico tormento, por muy horrible que haya sido su vida en la calle.

Esta es una novela de supervivencia en todos los sentidos.

Una historia que no existe

Hasta ahora he hablado sobre todo del contenido, de lo que transmite la obra, de los temas que toca, pero no he comentado cómo Piercy consigue aunar todo esto.

Como podréis deducir, Mujer al borde del tiempo es una novela densa, con muchos detalles, que se agiliza gracias a los cambios de tiempo. Cuando comienzas a cansarte de la estructura, la autora le da un nuevo giro. Aun así, a mí se me ha hecho un poco larga, y hay una escena hacia el final que por su longitud y contenido me ha parecido bastante anticlimática.

Mientras que en la primera mitad de la novela las dos tramas mantienen el interés, en la segunda, la parte utópica se desinfla. Ya no hay tanta información nueva ni se consigue una conexión con los personajes tan fuerte como para contrarrestar la parte del psiquiátrico. Y es que, si cuando Connie ingresa en el manicomio desaparece, a esas alturas puede desaparecer como Connie en cualquier instante. Las costuras empiezan a verse y surge la verdadera maravilla de esta obra: descubrir si todo lo vivido ha sido o no real.

Mujer al borde del tiempo deja con un sabor más bien amargo y, aunque la novela tiene un final cerrado, las preguntas son inevitables. Esa es la magia de los narradores no fiables, que dan pie a múltiples debates y lecturas con perspectivas muy diferentes. Por eso os invito a leerla, no solo por la importancia de los temas que trata, sino porque sé que quedará en vuestra cabeza durante días y, para mí, esas son las obras que merece la pena leer.

El poder en sí es violencia. ¿Cuándo se lo destruyó pacíficamente? Todo el mundo lucha cuando está contra la pared…, o para derribar la pared.

Laura S. Maquilón
Laura S. Maquilón (Novedades/Fichas de autoras): Escritora ofídica. Reseñista en Más que veneno y Libros Prohibidos, editora en Windumanoth y maleante en Twitter. Le gusta el diseño gráfico, leer sobre señoras y corregir textos. Siempre aprendiendo.


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2 comentarios en “Reseña: Mujer al borde del tiempo

    • Hola, Mayte. Muchísimas gracias por tu comentario. La verdad es que ha sido difícil hablar de la novela sin hacer spoilers pero comentando todos los temas que trata. Da para un largo análisis, desde luego. Espero que la disfrutes si te animas a leerla. ¡Saludos!

      Le gusta a 1 persona

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