Charlando sobre Maleficio con Claudia Andrade Ecchio

Para el Ansible del año pasado, donde contamos con la delegación de La Ventana del Sur, Pamela Rojas aprovechó para traer algunos ejemplares de la maravillosa antología chilena Imaginarias (su segunda convocatoria está ya abierta, por cierto) y varios regalos más. Yo tuve el privilegio de recibir Maleficio. El brujo y su sombra, segunda novela de la autora Claudia Andrade Ecchio, que también participó en Imaginarias y cuyo relato fue además uno de mis favoritos. Ya en aquel primer texto breve que leí de ella me enamoró su técnica, la forma de presentar la historia y de utilizar el lenguaje. Y con Maleficio lo ha vuelto a hacer, como si la propia prosa me hubiese echado algún embrujo.

Esta vez, en lugar de traeros una reseña a secas como hago siempre, tenemos la suerte de poder contar con algunas observaciones de la autora, con la que pude contactar gracias a la mediación de Sol Cortés, fundadora de La Ventana. Andrade es doctora en Literatura Chilena e Hispanoamericana, especializada en literatura infantil y juvenil, coordinadora en La otra LIJ y parte de RING Latinoamérica, red de investigadores de narrativa gráfica. Además de Maleficio. El brujo y su sombra (Loba Ediciones, 2016), ha publicado otras dos novelas, La espera (con Camila Valenzuela, Alfaguara Juvenil, 2016) y Todavía (Pez Espiral, 2020), y dos cuentos, “Nunca más” en Imaginarias. Antología de mujeres en mundos peligrosos (Tríada Ediciones, 2019) y “La otra” (en Revista Griffo, que saldrá a finales de 2020). Desde aquí le agradezco de corazón que nos dedicara su tiempo para comentarnos algunos aspectos sobre la ambientación, los personajes, el tono y la técnica de su novela. De modo que abróchense los cinturones y acompáñenme en este combo reseña/entrevista que tan bien maneja mi compañera Andrea Prieto: charlemos un rato sobre Maleficio con Claudia Andrade.

Portada de Maleficio. El brujo y su sombra.

En el Chile actual, donde los brujos ya fueron perseguidos y silenciados, la brujería se ha visto obligada a mantener un perfil muy bajo para no atraer la atención indeseada de la gente normal. Poderes antaño aterradores han sido relegados a funciones de lo más mundanas, desde la elaboración de pócimas amorosas a limpiezas de malos espíritus o incluso burdos fraudes telefónicos. Pero no todos los brujos se pliegan a las exigencias de los nuevos tiempos, y la Nueva Recta Provincia, antigua organización secreta refundada con representantes de las familias de brujos y brujas más importantes del país, se encarga de investigar crímenes o sucesos extraños relacionados con el uso perverso de la brujería, para dar caza a aquellos que se han descontrolado, antes de que la Orden antibrujos que sigue persiguiéndolos desde hace siglos acabe con ellos.

Con un crimen empieza precisamente Maleficio: el asesinato de corte ritual de una joven universitaria en Concepción, cerca de la sede de la organización y con unas características demasiado similares a otro antiguo e importante crimen. Bajo la excusa de investigar lo ocurrido, los miembros de la organización se reúnen. Y con ese detonante, el tapiz de una historia mucho más antigua y oscura que lleva más de una década tejiéndose termina de saltar por los aires.

Una vez arranca la trama, todo se desarrolla en cuestión de un día, con un ritmo impresionante. A pesar de que la premisa podría sugerir investigaciones y aventuras, en realidad es bastante intimista, centrada sobre todo en los personajes y los secretos que ocultan; pero es precisamente el desenredar esa madeja lo que atrapa. La novela roza las doscientas páginas, y sin embargo es fácil leérsela de una sentada, porque, conforme vas adentrándote en el misterio que rodea a los brujos y la situación se va tornando más y más tensa, es muy difícil parar de leer. Desde el principio sabes que las cosas se van a poner turbias, pero no llegas a vislumbrar cuánto hasta que el desenlace te cae encima.

Hay dos líneas argumentales principales que, aunque se cruzan, siguen caminos propios. Por un lado, la predominante, que pone el foco en Alejandro, el poderoso heredero de los brujos de Salamanca (una de las ramas más importantes del norte), y en Daniel, un brujo joven e inestable destinado a heredar la posición de líder de Quicaví, la rama más importante de los brujos del sur. Salamanca y Quicaví fueron enemigos ancestrales, porque la propia forma de concebir la magia era radicalmente opuesta, aunque esa rivalidad se supone extinta en la época actual, con la Nueva Recta Provincia que pretende unificar a las familias al norte y al sur del Biobío. Sin embargo, debido a su incapacidad para controlar sus poderes, a Daniel siempre lo han mantenido al margen de la organización. Hasta ahora. Porque el crimen de la universitaria en Concepción es una réplica del asesinato de su madre, cometido trece años atrás, cuando él era apenas un niño. Asesinato que supuestamente presenció pero del que no recuerda nada.

Por otro, está la de Valentina, miembro también de la organización y novia de Daniel, pero con un misterio propio que resolver: quién fue el mago que la atacó hace dos años, suceso que también tiene medio bloqueado en su memoria, y por qué. Al lado de los entresijos que presenta la compleja historia de Alejandro y Dani, el drama de Vale se siente algo más descolgado, como si el equilibrio entre una trama y otra no estuviese del todo compensado, a pesar de ser igualmente interesante. Pero, para mí, ella fue el alma de la novela y sus capítulos fueron los que más disfruté.

La tensión que sostiene la intriga de ambas líneas y la forma en que los distintos elementos se van colocando ante el lector es estupenda, pero no quiero entrar en detalles, porque merece la pena dejarse llevar de la mano durante la lectura. Sí haré hincapié en que el aspecto argumental está construido sobre una ambientación fantástica, que integra la brujería en el mundo moderno de forma muy orgánica, bebiendo de leyendas chilenas y tejiendo a partir de ellas un escenario que juega todo el tiempo a desdibujar la línea entre realidad y ficción. La Recta Provincia, el juicio de los brujos de Chiloé, los documentos de Salamanca… Son cosas muy factibles, elementos que se sienten auténticos a los que Andrade podría haber dado una vuelta de tuerca ficticia, y que me tuvieron siempre preguntándome qué cosas habían sucedido de verdad y qué cosas no. Más aún con los apéndices y la bibliografía que incluye la novela al final, como documentando la existencia de los brujos en Chile. Fue un aspecto muy original que no me esperaba para nada y que llevó la ambientación a otro nivel. Chapó.

«Lo que más me gusta de la literatura es, precisamente, esa capacidad de hablar sobre sí misma. Pienso, por ejemplo, en novelas donde el personaje va a increpar a su autor, donde se citan fuentes inexistentes o donde la historia se basa en cartas encontradas por casualidad… Me entusiasman mucho los libros que nos hacen dudar sobre si lo que estamos leyendo es ficción o no, porque desafían a los lectores al invitarlos a abandonar  esa posición pasiva y cómoda donde “todo está dado” y a preguntarse si el narrador miente, si los personajes ocultan información, si los brujos caminan por las calles entre nosotros. Entonces, cuando se me planteó la posibilidad de escribir una novela como Maleficio, pensé que sería muy interesante explorar este recurso, sobre todo considerando la cantidad de libros dedicados a la brujería en Chile, muchos de los cuales abordan hechos históricos concretos, como la Recta Provincia o los juicios a los brujos durante el período colonial, además de los diccionarios sobre mitos, bestiarios y herbarios que, sin duda, alimentan ese universo brujeril».

Gráfico de las esferas de poder, divididas entre magia telúrica y magia acuática, y mapa de las familias de brujos y brujas más importantes de Chile. El sistema de magia y todo lo que lo rodea es uno de los puntos fuertes de Maleficio.

Aunque el elenco de personajes es más amplio, son estos tres quienes llevan las riendas de la narración, todos muy distintos entre sí y caracterizados con mucha habilidad. Alejandro es un asesino en serie, oculto bajo la fachada de inocente miembro de la Nueva Recta Provincia, cuya mayor habilidad es ser un maestro de la manipulación. No me gustó demasiado que encajara en el arquetipo de psicólogo psicópata, pero es muy interesante cómo se complementan su formación y sus poderes para conseguir engatusar a todo el mundo. Incluso la influencia que tiene sobre las sombras de los demás (las entidades que protegen y potencian los poderes de los brujos), que en cierto modo parecen metáforas de la parte más oscura de cada persona. Entre unas cosas y otras, Alejandro no tiene ningún pudor en presentarse como un personaje absolutamente despreciable, tan bien conseguido que provoca una repulsión muy visceral. Terminé la lectura dolorida de la tensión que me generaba cada capítulo narrado por él.

Por el contrario, Daniel es un muchacho torturado, que carga con una culpabilidad y un miedo muy grandes, por tener unos poderes inmensos que no puede ni sabe controlar. Toda su vida está condicionada por lo que le pasó a su madre cuando él tenía cuatro años, vive prácticamente en el ostracismo, se siente un monstruo y está convencido de que nunca podrá tener una vida normal. Pero también sabe que el destino saldrá a su encuentro para resolver lo que ocurrió en el pasado y no duda en plantarle cara. En Maleficio no tuvo demasiado margen para desarrollarse, porque Alejandro y Valentina se comían la narración, pero es prácticamente la piedra angular de la historia.

Por último, Valentina es como un soplo de aire fresco frente a la densidad emocional de los otros dos. A pesar de cargar con la herida de un trauma propio medio olvidado, es ligera, divertida, coloquial y muy, muy humana. Por nacimiento le corresponde ser heredera de la familia de Vichuquén, otra de las más importantes del norte, pero es vaga, dejada e ignorante. Le fastidia estudiar y sus dotes son más bien mediocres, pero tiene un corazón honesto, y eso la hizo para mí el personaje más querible de todos. También es la que muestra una mayor evolución a lo largo de la novela, aunque sea a base de los palos que recibe por ser tan ingenua. Confieso que, si me devoré Maleficio, fue principalmente por ella, que me pareció maravillosa.

«Cuando comencé a escribir la novela, estaba viendo la serie Hannibal, por lo que Alejandro le debe mucho a la personificación de Mads Mikkelsen del doctor Lecter. Como él, siempre cuida lo que dice, porque sabe que puede manipular con las palabras. Daniel, en cambio, es mi versión de Shinji, el protagonista de Evangelion, un personaje confundido y traumatizado, lo que lo convierte en un peligro tanto para sí mismo como para quienes lo rodean. La Vale fue la más difícil; de hecho, tuve que reescribir varias de sus escenas, porque no lograba definirla a cabalidad. Con ella me ayudó mucho la editora de Loba Ediciones, Daniela Cortés, durante el proceso de edición. Quería que fuera ingenua, incluso confiada, pero nunca una chica hueca y sin objetivos claros».

De mano de Vale venían también las reflexiones que más me gustaron y me hicieron pensar. Al fin y al cabo, Alejandro se mueve por la muerte, por el poder y por el ego; le gusta saberse superior a los demás, demostrarlo y manipular a todos a su antojo. Daniel vive obsesionado con descubrir qué le pasó a su madre y despejar las dudas sobre sí mismo. El choque y el pulso entre estos dos apenas están despegando. Pero Valentina, a través de su propia trama y de la relación que tiene con su sombra, planteaba temas que me resultaron mucho más interesantes y complejos. Esa sombra acaparadora y asfixiante, como una madre sobreprotectora o una pareja celosa que, con la excusa del “es por tu bien”, apenas la dejaba respirar. Los detalles de la maldición que sufre su familia desde hace generaciones (el silencio, el olvido, el abandono, la resignación), y que prácticamente vienen a recordar que la maldición a veces es ser mujer, sin más. Cómo lidiar con una y otra, cómo romper el círculo vicioso del sometimiento. El precio del conocimiento y el precio de la ignorancia. No puedo entrar en detalles sin pasar a los spoilers, pero su historia fue la que más resonó conmigo.

No obstante, todos esos aspectos fueron también los que más me afectaron de Maleficio. Es tontería negar que el trato a las mujeres en la novela en atroz. Desde las víctimas de Alejandro (no mata solo mujeres, pero se regodea en lo fáciles que son), hasta las madres muertas, pasando por la maldición de las brujas de Vichuquén, Natalia de recadera de Miguel, Pamela manipulada por Alejandro… Catalina es la bruja más poderosa del país, pero tiene nula relevancia en la historia. Y la única que llega a la conclusión de rebelarse, unir fuerzas, crear cierto tipo de sororidad entre brujas, es castigada brutalmente por querer confiar. Hacía mucho tiempo que no leía una historia tan cruel con las mujeres, porque suelo evitarlas por el mal cuerpo que me dejan, y he necesitado poner un poquito de distancia con la novela antes de sentarme a escribir la reseña para no perder la perspectiva. Es difícil de tragar ese grito en la cara exponiendo todos los abusos que puede llegar a sufrir una mujer por los deseos, las ansias y los caprichos de los hombres. Terminé con unas ganas tremendas de que en la segunda parte las brujas tomen las riendas y los maten a todos por ser tan despreciables. Ojalá.

Eso es lo que me ha dejado un sabor más amargo al terminar, la sensación de que siendo un miserable llevas las de ganar y que la confianza es una debilidad que solo traerá desgracias y traiciones. Pero la novela nunca engaña al respecto, siempre mantiene la coherencia interna y no cae en regodeos gratuitos, aunque lleve a lugares desagradables: la regla principal de los brujos es no confiar en nadie, porque un brujo confiado es un brujo muerto, y esa premisa se mantiene hasta las últimas consecuencias. Maleficio es una historia oscura, cruda, que no se anda con paños calientes y te lleva a los recovecos más inquietantes de la naturaleza humana. Y donde no cumplir las normas tiene consecuencias muy reales, aunque desde fuera puedan verse injustas.

Claudia Andrade Ecchio, con un ejemplar de la novela.

«No quise escribir una novela sobre buenos y malos. Lo cierto es que me gusta que los personajes sean ambiguos, pues incluso alguien como Alejandro hace lo que hace porque sigue las reglas de su propia brujería. O sea, desde su punto de vista, él no es “malo”, sino fiel a sus principios, pues nunca se traiciona a sí mismo, algo que no podemos decir de todos los demás. La Vale representa, en cierta medida, la ingenuidad del lector, de quien entra a un mundo cuyas reglas no domina y que olvida, mientras lee, las reglas que se le han ido advirtiendo capítulo a capítulo.

Además, me gustan mucho los giros de la trama, pero esos que se sostienen en la historia, en ningún caso un Deus ex machina. Junto a lo anterior, me interesaba indagar en la posibilidad de que los narradores ocultaran información clave y ver, casi maquiavélicamente, qué nos pasaría a los lectores con eso, pues aunque tenemos acceso a cierta información, no estamos seguros de saber absolutamente todo, pues descubrimos, junto con la Vale, que los personajes también mienten. En la segunda parte, se juega también con lo que sabemos hasta ahora, porque no debemos olvidar que la historia cambia dependiendo de quien la cuenta. Entonces puede haber sorpresas y grandes».

En cualquier caso, no me arrepiento en absoluto de haberla leído, porque a nivel técnico la he disfrutado muchísimo. Andrade no solo escribe genial, sino que usa el lenguaje de forma increíble. Toda la novela está narrada en primera persona del presente, alternando los puntos de vista de Alejandro, Vale y Dani, y la voz de cada uno es única. Alejandro, tan compenetrado y en sintonía con su sombra, piensa siempre en diálogo con ella, como un eco, casi completándose los razonamientos el uno al otro. Para Dani, las voces de sus sombras son ajenas, nunca se incluyen en la narración. Y Valentina tiene un registro coloquial ma-ra-vi-llo-so, plagado de chilenismos, que me enamoró; otra de las razones por las que sus capítulos eran mis favoritos. Estamos siempre tan emperrados en ese inexistente “español neutro” que poder leer aquí fragmentos en chileno, tan bien integrados y manejados, me ha emocionado mucho, por recordarme que tenemos una lengua viva, muy rica y diversa, a la que nunca nos atrevemos a sacar todo el partido que podríamos en la literatura.

Cada detalle le ha sabido dar al texto la agilidad, profundidad o tensión que requería cada punto, creando escenas intensas y auténticas que son las que contribuyen a que te bebas la novela sin sentir. El resultado tiene mucha personalidad, y como lectora ha sido una experiencia fantástica.

«Traté de que cada personaje tuviera una voz diferenciada. Alejandro y sus frases cortas. Daniel y sus metáforas. La Vale y su jerga juvenil. En Chile somos dados para inventar expresiones, tanto que, muchas veces, no nos entienden. Y lo cierto es que quise que se viera reflejado en la novela ese uso tan particular del español. Eso sí, no ha gustado a todos los lectores, aunque quienes sí lo han disfrutado reconocen que lo que más les ha llamado la atención es que la Vale hable como hablamos cotidianamente.

Para ser sincera, más que un tema reivindicatorio del habla coloquial y su necesidad de incorporarla en la literatura, lo mío pasa más por la credibilidad de la voz narrativa, por eso quise que los personajes tuvieran voces que fueran identificables por los lectores y en ello está también la forma particular en que cada uno de ellos usa la lengua para expresarse y para pararse frente al mundo».

Me dicen por el pinganillo que Andrade ya está trabajando en la segunda parte, y yo solo puedo lamentarme una vez más de que con frecuencia sea tan difícil acceder desde aquí a las obras de nuestras compañeras latinas. Sin embargo, en esta ocasión andamos con suerte, porque desde La máquina que hace ping nos han comunicado que publicarán Maleficio en España el año que viene, un paso más en la labor que viene haciendo desde hace tiempo para acercar la literatura hispana de género de ambos lados del Atlántico. Desde La Nave celebramos con ganas esta noticia, y os invitamos a que no perdáis la oportunidad de echarle el guante a esta joyita de la fantasía chilena.

Pilar Caballero
Pilar Caballero (Reseñas/Corrección): Dikana en el ciberverso. Humanista, escritora y multitasking editorial, fan del storytelling en cualquiera de sus formatos. Criada en el terror, formada en la fantasía y ahora enamorada de la ciencia ficción. Me dedico a reseñar todo lo que caiga en mis garras como si no existiera el mañana.

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