Bienvenidos a Marwen

La primera escena muestra un avión de guerra. Estamos en Marwen, en Bélgica, durante la Segunda Guerra Mundial. El avión del capitán Hogie recibe varias explosiones, una le destroza un ala y cae a tierra. Se estrella contra un charco de barro y Hogie puede salir por su propio pie de la cabina. Sus zapatos están en llamas, por lo que tiene que caminar descalzo por el bosque, pero pronto encuentra una maleta abandonada: dentro, convenientemente, hay un par de zapatos de tacón de mujer.

A Hogie le encantan y se los pone al momento.

Unos metros más adelante, se encuentra con un grupo de soldados nazis. Se burlan de él por sus zapatos, pero Hogie se siente orgulloso de ellos y los desafía. Los cinco soldados lo tiran al suelo, le dan una paliza y están a punto de matarlo, cuando las mujeres de Marwen aparecen armadas con fusiles, abren fuego contra los nazis y salvan a Hogie, otra vez.

Después de todo, en cada escarceo que Hogie tiene con los nazis, las mujeres son las que acaban salvándole.

Bienvenidos a Marwen (2018) es una película basada en una historia real, pero Marwen no es real. Al menos, el pueblo Marwen de Bélgica. Porque existe otro Marwen, mucho más pequeño, en el estado de Nueva York. El artista Mark Hogancamp ha construido, dentro de su casa y en el jardín, un pequeño pueblo de la Segunda Guerra Mundial en el que recrea y fotografía las aventuras de sus habitantes mediante muñecos de acción.

Marwen no es real, pero sus habitantes sí. Los muñecos que Mark usa en sus fotografías están inspirados en algunos de los habitantes de su pueblo: Anna, la enfermera que le visita una vez al mes y se preocupa de que se alimente y siga con su medicación; Nicol, que se acaba de mudar a la casa de enfrente; Carlala, que trabaja con él en la cocina del bar del pueblo.

Y los cinco nazis que le dieron una paliza hace tres años y casi terminan con su vida.

Un muñeco de plástico con la cara de Steve Carell.

Cartel del estreno en EE. UU.

Se aproxima el día en que el juez comunicará la sentencia de su caso; también se aproxima el día de la inauguración de su primera exposición como fotógrafo. Hace años, Mark era dibujante de cómics, pero desde que lo atacaron no puede dibujar; a pesar de todo su trabajo, el pasado y el presente, no se considera un artista y no se siente cómodo presentándose en una exposición como tal.

Mark apoya su vida actual en sus fotografías. No le quedan de su vida anterior más que recortes e historias, una casa, unas cuantas láminas de dibujo y un armario con 287 pares de zapatos de tacón. Pero haber perdido su pasado no le preocupa: se centra en el presente y prefiere no pensar en el futuro.

El guion de Bienvenidos a Marwen está escrito por Caroline Thompson, que hace ya casi 20 años escribió Eduardo Manostijeras, Pesadilla antes de Navidad, una de las película de los Addams o la primera adaptación al cine de El jardín secreto, la novela de Frances Hodgson Burnett. De sus otras películas se puede adivinar qué podemos esperar de esta: Bienvenidos a Marwen sigue manteniendo ese tono tan propio de la guionista, esa mezcla de fantasía y realidad, de melancolía e inocencia.

Esta película surge a raíz de un documental que dio a conocer la historia al mundo: Marwencol, de 2010. Basa todo su argumento en una historia real, una historia dura y difícil que se representa, acertadamente, en el tono propio de Caroline Thomspon: desde el cariño, la compasión y, a pesar de todo, sin evitar hablar de los temas duros, serios o dolorosos.

En el resto del apartado técnico, el director de la película es Robert Zemeckis, quien (hace también casi 20 años) digirió Forrest Gump y, un poco antes, Quién engañó a Roger Rabbit.

Fotograma de la película: el protagonista, vestido con un chaleco y gorra militar pero ropa de civil, arrastra de un palo una especie de todoterreno de juguete lleno de muñecos por la calle.

Mark llevando a los habitantes de Marwen.

En el reparto destacan Janelle Monáe y Gwendoline Christie, quienes desearíamos que tuvieran más minutos de pantalla; aunque los planos y el resto del elenco están eclipsados de principio a fin por Steve Carell: Mark y Hogie son cómicos, frágiles y trágicos de una manera que solo Steve Carell puede interpretar.

Una conversación a la que vuelven periódicamente los personajes es la constatación de que a Mark le dieron una paliza mientras lo llamaban «queer». Mark no llevaba tacones esa noche, sino zapatillas de deporte, pero dijo con orgullo que a veces los llevaba y le gustaba hacerlo. Mark imagina los romances dentro de Marwen entre Hogie y las mujeres; a veces Hogie se acerca a Nicol, a veces a Wendy, mientras la malvada Deja Thoris se cela de todas ellas y amenaza con hacerlas desaparecer así como muestran interés en Hogie.

Mark no lleva tacones porque sea mujer. Mark no es gay; al menos, todos los romances que imagina son heterosexuales. A Mark lo atacaron por encarnar una masculinidad diferente, por llevar tacones, aunque no en ese momento, aunque los atacantes no los hayan visto, aunque sean hipotéticos.

Como en las otras películas de la guionista, nos encontramos con un protagonista que es casi igual al resto del mundo, pero que no oculta sus diferencias; y sin embargo, es castigado por ellas mismas. Más allá de querer esconderlas o avergonzarse, Mark, Eduardo o Fétido Addams las abrazan, las exhiben con orgullo. Ellos no están solos: siempre se encuentran con algún personaje que los teme o los odia, pero también están rodeados de otros personajes más humanos, compasivos, comprensivos, que los quieren justamente por lo que los hace diferentes, y los ayudan a vivir y sobreponerse a sus dificultades.

Una muñeca con un atuendo muy sexy (parece una camarera) habla con el muñeco militar que representa al protagonista.

Carlala y Hogie dentro del bar de Marwen.

Los habitantes de Marwen son muñecos, pero también son reales. Salen con Mark de casa, lo acompañan a trabajar y al juzgado. Cuando hay una amenaza nazi, no dudan en disparar y salir en su ayuda. Le protegen en su ansiedad, le dan un escape a las fantasías y preocupaciones que se apoderan de su imaginación; es otro de los mecanismos que tiene para entender qué le hicieron y para apoyarse en su presente. Los muñecos son modelos, pero también son compañía e interlocutores que no necesitan palabras, y que siempre están dispuestos a salir de casa rifle en mano para protegerle de todo lo que pueda surgir.

Serán, también, su camino hacia la recuperación.

Bienvenidos a Marwen cuenta, muy en el fondo, una historia de supervivencia y no de arrepentimiento. A Mark le siguen gustando los zapatos de tacón. Además, no le preocupa ser visto acompañado de muñecas de coleccionista. Comparte sus historias con el resto de habitantes de Marwen sin avergonzarse de ellas, sin temor a que vuelvan a apalizarlo. Mark se acepta como es; nos muestra que puede ser difícil aceptarse con nuestras diferencias, pero que siempre encontraremos una buena compañía y ellos nos ayudarán a vivir con ellas y a sentirnos orgullosos de ser nosotros mismos.

A pesar de todo, Bienvenidos a Marwen es una historia de odio. Pero contada desde el amor.

Laura Huelin
Laura Huelin (Reseñas/Investigación): Licenciada en Filología harta del canon literario y los géneros sociales. Me aburren los mundos realistas y me apasiona la ciencia ficción y las clásicas. Me encanta investigar, aprender y conocer. También organizo el AnsibleFest. Twitter.


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