Jaymee Goh: Los punks de nuestra era

Nota: El artículo original se publicó en Strange Horizons el 22 de abril de 2019. La traducción corre a cargo de Loreto ML.

Me dijeron que el steampunk está muerto. «Un agente me dijo que no podía usar la palabra “steampunk” para describir mi novela», me contó un amigo. «Y cuando se lo pregunté a otros amigos editores, coincidieron en lo mismo. Ya no puedes decir que tu libro es steampunk».

El steampunk, una estética de tecnología acelerada cuya ambientación está inspirada en las revoluciones industriales, siempre ha tenido una definición problemática. La primera vez que formé parte del steampunk noté que casi siempre teníamos que pensar en cómo definirlo para que la gente pudiera reconocerlo cuando se plasmara con palabras, y luego teníamos que definirlo de tal forma que la gente fuera flexible con él. ¿Solo se ambienta en la era victoriana? ¿Puede no ser británico? Y si es americano, ¿puede ser nativo americano? He tenido que escuchar a gente describirlo como «ciencia ficción victoriana» porque era más corto que explicar que es «ciencia ficción inspirada por lo victoriano», pero inmediatamente queda encerrado en un momento y lugar específicos, en una apariencia y vocabulario concretos, arraigado en una historia imperialista que moldeó directamente las condiciones supremacistas blancas del mundo actual.

Jaymee Goh, foto de Francesca Myman.

Cuando Ay-leen the Peacemaker y yo defendimos el multiculturalismo en el steampunk, tuvimos que idear una forma diferente de conceptualizar el steampunk que lo liberara del espacio victoriano del siglo XIX en el que parecía estar encerrado. Y no éramos las únicas que intentaban jugar a reimaginar la tecnología en periodos históricos. Los imaginarios queer también trabajaban en ello. Y la diversidad funcional era una fuerza silenciosa que apoyaba la tecnología fantástica diseñada para ayudar al cuerpo humano a darle más poder.

Y, al parecer, ahora no podemos tener steampunk, porque como género comercial está muy manido y es demasiado nicho. Parece que nadie quiere más steampunk.

Pero solo es un nombre, ¿no?

Los nombres son útiles. Un nombre evoca una imagen que desencadena una serie de preguntas que son fructíferas y productivas para las historias de ciencia ficción, sin importar si la ciencia en estas historias es sólida o precisa. Pensad en cómo el término «steampunk» por sí mismo es un riff de «ciberpunk», una broma del Locus Magazine que echó a volar cuando irrumpió en la escena del Burning Man; de pronto, grupos de anglófilos y fans de las antigüedades y de la estética victoriana tenían un término para describir y encontrar su fandom. Todo lo que teníamos que hacer era cambiar la mitad de una palabra y, de repente, la imaginería cambiaba, pasaba de un futuro cercano lleno de LED brillantes y moda de neón y plástico a un siglo XIX lleno de máquinas gigantes de latón y un montón de ropa marrón.

Aquí dejo una breve lista de otras estéticas de ciencia ficción similares que han estado en circulación, aunque no necesariamente inspiradas directamente en el steampunk:

  • «Atompunk»: ambientado en el siglo XX, este -punk explora la era atómica, la carrera espacial y la angustia de la Guerra Fría, y como tal sigue siendo una fuente continua de preguntas fructíferas sobre la participación de la ideología en el desarrollo tecnológico dentro de un entorno histórico cercano.
  • «Dieselpunk»: una extensión y exploración del periodo más reciente de entreguerras. Como su nombre indica, la tecnología funciona a base de diésel. (Anecdóticamente, recuerdo algunas conversaciones alarmadas acerca de que sus fans a veces también son fans de los uniformes nazis. Muy como las conversaciones que tienen los fans de Hetalia. Sin embargo, teniendo en cuenta la época, esos felices años 20 siguen siendo una época interesante sobre la que escribir).
  • «Gaslamp fantasy»: creada por Kaja Foglio para describir el webcomic de larga duración Girl Genius, para diferenciarlo del steampunk, ya que sentía que estaba más enraizado en la historia y la ciencia del mundo real. El término evoca más un sentimiento y un entorno, aunque se ambienta en el marco habitual del steampunk del siglo XIX.
  • «Icepunk»: acuñado por Kate Elliott para su serie Spiritwalker, para describir la tecnología en el entorno de una era de hielo. Las novelas son de fantasía, pero los escritores pueden usar este concepto para pensar en cómo las tecnologías contribuyen o funcionan en climas extremos. La magia, después de todo, solo es otra forma de tecnología.
  • «Solarpunk»: acuñado por Olivia Louise en su post de Tumblr para sugerir una ciencia ficción optimista, y retomado por el Project Hieroglyph para una infraestructura verde impulsada por la sostenibilidad. La estética visual del solarpunk viene del Art Nouveau e imagina una integración de la naturaleza verde en el paisaje urbano.

Todos estos -punks salen del ciberpunk y del steampunk con la intención de pasarlo bien y darle un nombre a estéticas diferentes. Sin embargo, los términos no implican por sí mismos escenarios más allá de Occidente o historias concretas sobre la tecnología que las personas racializadas tienen. Todo lo contrario. Los creadores racializados han tenido que idear términos para describir su trabajo fuera del medio supremacista blanco de la mayoría de la ciencia ficción retrofuturista.

El más famoso es el «silkpunk» de Ken Liu. En su entrevista para io9, lo describe como una estética de ciencia ficción cuya inspiración es la «antigüedad clásica del este asiático». Las descripciones de los materiales que forman su tecnología están basadas en «materiales orgánicos importantes históricamente para el este asiático (bambú, papel, seda) y para las culturas marineras del Pacífico (coco, plumas, coral)», aunque la tecnología que usa en su novela silkpunk está inspirada por las invenciones del Romance de los tres reinos. Sin embargo, este término también alude a la ruta de la seda y a las tecnologías que surgen de las ideas que se intercambiaban a lo largo de esta ruta comercial. Esto plantea preguntas sobre lo que sucede cuando los viajeros se inspiran entre sí. La palabra «seda» por sí misma evoca cierto material lujoso construido a partir de pequeños gusanos de seda y, al igual que el popular engranaje de los imaginarios tecnológicos del steampunk, exige un análisis del trabajo humilde detrás del espectáculo de lujo y opulencia tan a menudo asociado con la antigüedad imperial china.

Pero Ken Liu no fue el primer asiático en acuñar su propio término para describir el trabajo que retoma la tecnología fantástica en un entorno cuasi histórico, ni siquiera el primer escritor racializado. Mucho antes, Jeannette Ng (ahora conocida por su novela Under the Pendulum Sun) creó un atuendo en 2010 al que llamó La viajera ricepunk, procedente de una cultura donde «arroz» es prácticamente sinónimo de «comida». Aunque fue un término atrevido, Jeannette Ng señaló en ese entonces que «las posibilidades del steampunk asiático son emocionantes: grandes naves y cierres hidráulicos, impresoras y brújulas gigantes, dragones ornamentados de metal bailando en cada superficie de acero forjado; esta es la parte del mundo que, al fin y al cabo, inventó la pólvora». La tecnología agrícola que sugiere el ricepunk es una preocupación atemporal para cualquier civilización y los arrozales en terrazas pertenecen a cualquier edad y época de los países asiáticos que se alimentan de ello.

Jeannette Ng vestida de La viajera ricepunk. Créditos a Jeannette Ng y The Costume Mercenary.

Ay-leen the Peacemaker usó «bamboopunk» para un tipo de steampunk genéricamente asiático, pero específicamente vietnamita. El bambú es un material de construcción versátil, biodegradable y fácilmente reemplazable. El bambú como material, algo así como el plástico, crea su propia estética que es sostenible e ineludiblemente asiática. En teoría es una hierba, pero el bambú se propaga a través de un sistema de rizomas. Tomando como ejemplo la teoría del ensamblaje de Gilles Deleuze y Felix Guattari, podemos usar la metáfora de los rizomas para describir las relaciones entre personas individuales y su función en torno a otras personas. Es un recordatorio de cómo la sociedad está compuesta por individuos, todos conectados entre ellos en un sistema que se beneficia mutuamente en un sistema de dependencia, y en el que unos pocos individuos envenenados traen consecuencias para todo el ecosistema.

De forma parecida, yo llamé a mi propio steampunk malayo «coconutpunk» o «kelapank» (kelapa en malayo significa coco), una mezcla bilingüe que hace pensar en la migración y los movimientos de las personas, especialmente en el Pacífico. El cocotero se propaga dejando caer su semilla, el coco, en la playa. Llevado por las mareas, el coco flota hasta otra playa, probablemente cruzando mares enteros, para echar raíz en costas completamente distintas. Incluso puede empezar a echar raíz por el camino. Al igual que el bambú, como material de construcción el coco es extremadamente fiable y abundante; lo llamamos el árbol del millar de usos. Los bambúes y los cocos son metáforas que formulan preguntas sobre la supervivencia en la diáspora, cómo nos mantenemos y prosperamos en mundos cambiantes. Los bambúes y cocos como materiales son un gesto simbólico del impulso del steampunk para hacer cosas con lo que sea que esté disponible, desarmarlo y crear muchas cosas con ello.

El steampunk afroamericano también ha respondido al steampunk con un término. DoSelle Young creó el término «cotton gin punk» como un derivado del steampunk que se centra en la presencia de los esclavos africanos en los procesos de industrialización. La desmotadora de algodón era una máquina que separaba fácilmente las fibras de algodón de las semillas, por lo que el algodón se convirtió en una industria rentable. Sin embargo, más que facilitar el trabajo, la invención de la desmotadora de algodón condujo a incrementar el número de esclavos en las plantaciones de algodón para cosecharlo. Por esto, el término «cotton gin punk» fuerza a examinar la esclavitud como tecnología industrial que servía al capitalismo colonialista, y cómo los avances tecnológicos intensificaron el sufrimiento en vez de facilitar el trabajo.

Al otro lado del «cotton gin punk» está el «steamfunk», acuñado por Balogun Ojetade para hablar de su trabajo Moses: The Chronicles of Harriet Tubman (que reimagina la icónica figura como un espía steampunk). El steamfunk explora una participación más empoderada y alegre de los afrodescendientes. El funk es un tipo de música dance que combina un montón de géneros musicales diferentes, al igual que el steampunk es una combinación de estéticas.

They Come for Water, cómic escrito por Elizabeth LaPensée e ilustrado por Weshoyot Alvitre.

También hay mucho que decir sobre el steampunk indígena, que no tiene un término específico propio, en gran parte porque hay muchos pueblos indígenas en el mundo. Tomemos, por ejemplo, a la diseñadora de juegos y cineasta anishinaabe, Elizabeth LaPensée, para quien el punk debería ser sobre el reciclaje y los materiales que se pueden encontrar en la naturaleza. En un mundo de tecnología acelerada, ¿cómo podría Isla Tortuga haberse resistido a la colonización europea? ¿Cómo sería ese mundo? Dejando a un lado los estereotipos de la nobleza salvaje, la civilización «perdida», la «cultura moribunda» o el «pueblo muerto», del guerrero que aparentemente solo existe para luchar contra el colonizador, ¿cuáles son las historias y las estéticas a las que los demás nunca estamos expuestos?

No debería haber nada de revolucionario en esas ideas, porque la diversidad de culturas y tecnologías siempre ha existido, les guste o no a los colonizadores, y a pesar de todos los intentos de eliminarlas de la realidad. La afirmación de esta realidad, lamentablemente, sigue siendo algo sorprendente para muchos en la corriente política dominante, pero la responsabilidad de educar a alguien sobre esta realidad no recae sobre los hombros de las minorías, cuyo trabajo es escribir y celebrar esa realidad. No debería ser una obligación, ni un impulso furioso y, sin embargo, aquí estamos, en esta línea de tiempo infernal donde una masa crítica de personas racializadas reunida pone nerviosos a los blancos.

El eurocentrismo es la idea de que el desarrollo de la civilización actual es una larga línea inquebrantable originada en Europa, únicamente con mejoras en el proceso democrático defendido por las potencias europeas. Estos son los colonizadores que han definido, para el resto del mundo, lo que se considera desarrollo, como el progreso económico y el avance tecnológico. Todo esto se mantiene en su lugar por las narrativas difundidas a través de las historias que contamos de nosotros mismos. Lo que significa que los eurocentristas, supremacistas blancos, han hecho y siguen haciendo de su civilización un asunto de todos los demás, nos guste o no.

En un mundo realmente democrático, el eurocentrismo no tendría que ser nuestro problema. Deberíamos poder ocuparnos de nuestras propias civilizaciones, con todos los problemas civiles relacionados con la política y la diferencia social, opresiones y desafíos. Deberíamos ser capaces de intercambiar ideas y tecnologías, tener nuestras propias luchas entre nosotros, sin este problema general de la colonización global en nuestros asuntos. Deberíamos poder escribir historias e inventar tecnologías y darles reconocimiento por lo que son, en vez de preocuparnos sobre si pueden contarse como steampunk.

Podemos tener nuestro propio steampunk, con sus aeronaves amenazadoras y su tecnología pesada, con sus historias recalibradas y sus estéticas de bricolaje. Podemos tenerlo bajo cualquier otro nombre, porque por suerte para nosotros, el punk nunca se ha adherido con firmeza al orden. La pregunta sobre si el steampunk vive o muere es comercial, la pregunta sobre su relevancia es ideológica, pero las preguntas que provoca y continúa provocando son históricas y tecnológicas a la vez, y estas siempre serán interesantes mientras tengamos un futuro con el que mirar la historia.

Colaborador
Jaymee Goh (Colaboradora): escritora, redactora, editora y ensayista de ciencia ficción y fantasía. Su trabajo ha sido publicado en varias revistas y antologías de ciencia ficción y fantasía. Escribe en el blog Silver Goggles, donde explora la teoría postcolonial a través del steampunk, y ha contribuido en Tor.com, Racialicious.com y Beyond Victoriana. Se graduó del Clarion Science Fiction and Fantasy Writers Workshop en 2016 y se doctoró en Literatura comparada en la Universidad de California, Riverside, donde hizo una disertación sobre el steampunk y la palidez. Es editora en Tachyon Publications.

Loreto ML
Loreto ML (Reseñas/Fichas de autoras/Opinión): Escritora y filóloga en proceso. Sus estanterías están llenas de mujeres y lucha por darlas a conocer. Habla de lo que lee en su blog y de lo que escribe en su web. Está obsesionada con las bolsas de tela y la papelería. Twitter


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