T. Kingfisher: terror cósmico buenrollero

Es posible que hayas entrado en este artículo llene de indignación por un título que podría contradecirse a sí mismo. Bienvenide. Ponte cómode y rumia un poco más tu indignación. Antes, sin embargo, vamos a lo importante: ¿quién es T. Kingfisher?

T. Kingfisher es el seudónimo que usa Ursula Vernon para escribir obras dirigidas a un público adulto, aunque de vez en cuando incursiona también en el género juvenil. Kingfisher es una autora versátil, capaz de escribir una amplia variedad de géneros fantásticos y conseguir que sus lectores se lo lean todo y lo disfruten igual, desde fantasía con un fuerte componente romántico (Swordheart, Paladin’s Grace), pasando por aventuras (Clockwork Boys) y retellings de cuentos clásicos (Bryony and Roses, The Seventh Bride) hasta llegar al susodicho terror, del cual hablaremos en este artículo. Con su nombre real, Ursula Vernon ha escrito e ilustrado cómics de corte juvenil, como Hamster Princess y la maldición de la bruja ratona que, maravilla entre maravillas, está disponible en español en la editorial Montena con traducción de Enric Batalla. De este cómic, que pueden disfrutar lectores de todas las edades, tenemos también en nuestro idioma la segunda parte: Hamster Princess y las doce princesas ratonas bailongas.

T. Kingfisher, además, es una maestra del relato y ha recibido varios premios por sus historias cortas, como el Hugo por Jackalope Wives y La ladrona de tomates, que también podemos encontrar en español en la editorial Cerbero con traducción de Arrate Hidalgo. En sus relatos explora distintos géneros, pero se decanta sobre todo por la fantasía. Hoy en día podemos disfrutarlos en varias revistas de renombre, como Uncanny Magazine, pero también en tres antologías: Toad Words and Other Stories, The Halcyon Fairy Book y Jackalope Wives and Other Stories.

Ursula Vernon, alias T. Kingfisher

Como veis, la producción de T. Kingfisher es extensa y variada, para todos los gustos y públicos. Por eso no es de extrañar que las dos obras de terror que ha publicado hasta el momento, The Twisted Ones (2019) y The Hollow Places (2020) hayan cosechado tanto éxito en el panorama anglosajón. La primera, de hecho, fue finalista de los premios Locus y British Fantasy Award y acabó ganando el Dragon Award. Aún es pronto para saber qué le depara a la segunda novela, porque se publicó el año pasado, pero ya estamos en la época de los premios, así que deduzco que no tardaremos en verla pulular por las listas de finalistas.

Pero ¿cómo es el terror que escribe esta autora que lo hace tan especial como para dedicarle un artículo entero tras tan solo dos novelas? Oye, si venías indignade por el título, esta es la parte que te interesa, así que presta atención: Kingfisher parte del terror cósmico para hablar sobre espacios liminales que existen paralelos a nuestro mundo; puertas a otras sociedades compuestas por seres extraños, incluso monstruosos. Hasta ahí bien. Sin embargo, lo más interesante, lo más atractivo de The Twisted Ones y The Hollow Places son las voces narrativas. Ambas novelas tienen como protagonistas a dos mujeres bien entradas en la treintena, con trabajos precarios y unas vidas sencillas. Sin embargo, de repente deben encargarse de un marrón familiar que, si ya de por sí era dantesco, tras añadirle el componente fantástico y terrorífico de «acaba de aparecer un mundo entero lleno de monstruos al otro lado de la pared», son dignos de las pesadillas que pueda tener Stephen King. Esas voces narrativas cargan con toda la distensión de lo cotidiano que rodea las vidas de las protagonistas y con toda la tensión espantosa de descubrir que hay algo más allá, algo que escapa a su comprensión. Y todo lo hacen con un tono irónico de «en qué coño me acabo de meter, oh, tenía que comprar leche» que consigue sacarte más de una sonrisa. Si un monstruo acecha fuera de tu casa y no puedes salir ni dormir, porque, en serio, es un maldito monstruo terrorífico, y tu amiga te ofrece jugar a las cartas para pasar el rato (mirar a la pared es inútil y, encima, no ayuda a calmar los nervios), ¿aceptarías?

“Right”, said Foxy finally. “We got tea and I got a deck of cards. What do you want to do next?

“You’re suggesting we play cards”, said Skip. “With a monster out there”.

“You got any better ideas?”

The Twisted Ones

Portada estadounidense de The Twisted Ones, de T. Kingfisher

El padre de Mouse le pide que limpie la casa de su abuela, que acaba de fallecer, para ver si venden el terreno. Mouse se cree que va a ser pan comido, quizá un pequeño descanso de la ciudad y, sin duda, una buena oportunidad de poner kilómetros de por medio entre ella y su expareja. Como es correctora autónoma, puede llevarse el trabajo a cuestas. Así pues, coge a su perro, Bongo, y allá que va, a Carolina del Norte. Pero al llegar se lleva una sorpresa: su abuela acumulaba objetos sin cesar y se encuentra de todo, desde periódicos hasta una habitación entera llena de muñecas de porcelana. Mouse tendrá que limpiarlo todo y dormir allí durante las próximas semanas. La magnitud de esta tarea titánica le pesa sobre los hombros, pero no quiere decepcionar a su padre.

Todo parece ir bien hasta que un día se pierde en el bosque con Bongo y acaba en una colina llena de unas extrañas rocas blancas con grabados casi hipnóticos. Pero allí no debería haber ninguna colina… Tras casi sucumbir al extraño hechizo de las rocas, Mouse regresa corriendo a su casa. Pronto descubrirá que el bosque está habitado por criaturas extrañas, por esqueletos andantes que se sienten atraídos hacia la casa. ¿Qué quieren? ¿Por qué están obsesionados con ella? Las respuestas puede que estén en el diario de su abuelastro, eso si consigue descifrar sus frases inconexas… «Me retuerzo sobre mí mismo como los retorcidos».

The Twisted Ones está basada en «The White People» (1904), de Arthur Machen; T. Kingfisher se inspira tanto en los elementos extraños de este relato (las rocas blancas) como en el formato (el diario encontrado). Explica la autora en el posfacio que a ella le encantan las historias de «me he encontrado un diario tirado por ahí, pero luego lo he perdido y ahora intento reproducirlo como buenamente puedo», pero que en general no te las acabas creyendo, porque quien está reproduciendo ese texto perdido lo hace como si fuera suyo. Así pues, en The Twisted Ones coge esta premisa para adaptarla a su manera y crear un diario sobre fenómenos paranormales. El texto reproducido tiene anotaciones de su abuelastro y a menudo carece de sentido porque da por hecho ciertas cosas que luego Mouse desconoce. El diario es un elemento más de desconcierto en una serie de monstruosidades que no dejan de aparecer en la vida de la protagonista desde que pisó la casa de su abuela.

La familia juega un elemento muy importante en The Twisted Ones: es fuente de consuelo y de terror a la vez. El padre de Mouse la consuela y la anima, pero la presencia cuasi fantasmal de su abuela en la casa le pone los pelos como escarpias. Sin embargo, es en su abuelastro donde Mouse encuentra cierta cercanía, aunque apenas le conoció. A través de sus escritos, descubre otro mundo diferente, pero más cerca de lo que creía: un mundo de rocas y esqueletos que parecen moverse a voluntad. Vemos, pues, que el terror reside en la naturaleza, en los bosques insondables en los que puedes perderte y emerger en una tierra ignota, en un espacio liminal conectado a nuestro mundo. Hay gente que conoce la existencia de estos puentes entre una realidad y la otra, pero pocas personas hablan de ello. Los monstruos están más cerca de lo que crees y nadie podrá salvarte.

The Hollow Places

Portada estadounidense de The Hollow Places, de T. Kingfisher

Tras su divorcio, Kara, diseñadora gráfica autónoma, no tiene a dónde ir y decide buscar refugio en la casa de su excéntrico tío en Carolina del Norte, que alberga un pequeño museo lleno de curiosidades, desde estatuas de porcelana hasta animales disecados. Kara se crio allí de pequeña, así que no le tiene miedo a nada, ni siquiera a los animales muertos que la miran con ojos vacíos. Un día, su tío acaba en el hospital y ella se tiene que encargar de abrir el museo y recibir a los turistas. Descubre que uno de estos turistas ha abierto un agujero en la pared (es Estados Unidos: las paredes son de papel) y decide arreglarlo con la ayuda de su vecino, Simon. Aunque parecía un trabajo sencillo, Simon y Kara descubren que al otro lado de la pared hay un pasillo. Y si siguen ese pasillo llegan a… un río. ¿Por qué demonios hay un río dentro de un edificio?

En las paredes del pasillo se encuentran unas inscripciones: «Pueden oírte pensar» y «Reza para que tengan hambre». ¿A quiénes se refieren estas inscripciones? Kara y Simon deciden investigar el río, poblado de unas islas pequeñas llenas de sauces que parecen inofensivos… Hasta que empiezan a moverse de forma extraña.

No tardarán en descubrir que no están solos en el río. Encuentran pruebas de que otra gente ha acabado allí. En la orilla hay puertas que conducen a otros lugares, y no todos pertenecen al mismo mundo del que proceden ellos dos. Todas las puertas son iguales. ¿Podrán encontrar la suya para volver a casa?

The Hollow Places se inspira en «The Willows» (1907), de Algernon Blackwood, y, una vez más, usa el elemento terrorífico de la naturaleza para crear tensión. Un río, unos sauces. Un paisaje bastante normal, pero que alberga unos monstruos que usan a los seres humanos como conejillos de indias para sus experimentos grotescos, algunos de los cuales vemos descritos con gran lujo de detalles a través de los ojos de Kara. Al igual que en The Twisted Ones, un universo nuevo de terror aguarda más cerca de lo que te crees: al otro lado de la pared de tu casa.

Las similitudes

Cuando algo funciona, hay que aprovecharlo. Y eso ha hecho Kingfisher con sus novelas de terror. Si disfrutas de una, es muy probable que también disfrutes de la siguiente. La dinámica, al fin y al cabo, es la misma: protagonistas muy reales, que se toman a coña todo lo que les está pasando, porque el humor es un recurso muy válido a la hora de sobrevivir; monstruos irreales basados en la naturaleza; amigues que te acompañan a otro mundo porque enfrentarse a algo así sola es impensable; animales de compañía que, milagrosamente, sobreviven. Pero esto no es sino la marca de la casa: si has leído a Kingfisher en otros géneros, sabes lo que puedes esperar de su terror.

Pongamos como ejemplo a las protagonistas: Kara y Mouse no son heroínas, no están preparadas para enfrentarse a lo que les ha caído encima de repente. No son las elegidas ni quieren serlo. Solo buscan una vida tranquila y que las dejen en paz. Y eso es justo lo que no van a conseguir. Sin embargo, a pesar de esqueletos que se mueven por voluntad propia y fantasmas en un autobús, ambas protagonistas se enfrentan a sus mundos de pesadilla con un tono irónico. Si tienes que sufrir, ¿por qué no puedes reírte al mismo tiempo? Gracias a sus perspectivas, les lectores también pueden sobrellevar un poco mejor toda la oscuridad y todos los monstruos, aunque a veces el tono distendido puede llevar a engaño y acabamos llevándonos un susto de muerte. Pero así es la vida, ¿no?

Las dinámicas entre personajes en las obras de Kingfisher también son dignas de mención; de hecho, muchas veces es lo que mueven la trama y las ganas de leer. En The Twisted Ones y The Hollow Places no hay elementos románticos, pero sí que es muy importante la amistad y el apoyo que reciben ambas protagonistas tanto por los personajes secundarios humanos como animales. Es de agradecer, sobre todo, esta última parte: los animales de compañía no están para servir de víctimas en la narración terrorífica, sino como un personaje más.

Aunque todas estas similitudes te aseguran una buena lectura, no recomiendo que leas The Twisted Ones y The Hollow Places demasiado juntos. Los parecidos a veces son demasiados. Si no estás acostumbrade al terror o a la prosa de T. Kingfisher, te recomendaría empezar por The Twisted Ones, ya que The Hollow Places es un poco más gore y terrorífico. Pero, como todo lo que escribe esta autora, empieces por donde empieces, lo más seguro es que no puedas despegarte de sus páginas. Aunque el terror y el humor suelen situarse en dos puntos muy alejados de la literatura, en estas dos novelas las risas y los escalofríos se dan de la mano para crear dos historias cotidianas que son, a la vez, cómicas y cósmicas. Es una apuesta arriesgada que en Estados Unidos y Reino Unido está funcionando, porque T. Kingfisher/Ursula Vernon sigue escribiendo terror, para delicia de sus seguidores. ¿Cuál será la valiente editorial española que se atreverá a publicarlas en nuestro idioma?

Carla Bataller Estruch
Carla Bataller Estruch (Artículos/Reseñas): Traductora literaria y audiovisual de día, visibilizadora de autoras de noche en su Twitter. Feminista no sensata. Dadle ciencia ficción social y fantasía no normativa para hacerla feliz.

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