Diana Wynne Jones: A diez años de la muerte de una de las voces más destacadas de la fantasía.

En el mundo de la fantasía, hay autores que dejan una marca indeleble y, aun así, viven gran parte de su carrera a la sombra. Este es el caso de Diana Wynne Jones, una de las autoras más conocidas en el mundo anglosajón y muy poco estudiada en nuestra lengua.

La mayoría de las personas que llegan a la obra de esta autora lo hacen a través de la muy bien lograda El Castillo Ambulante de Hayao Miyazaki y Studio Ghibli, que en todo caso solamente es el primer tomo de la saga y, a pesar de contar con algunas diferencias entre sus tramas, nos asombran con aspectos como las ciudades que bien pudieron haber existido en nuestra realidad o el sorprendente manejo de una magia tan natural que, de la mejor forma trabajada, no necesita explicaciones, solo es y ya.

 

Gif de los personajes de El castillo ambulante. Aparece Sophie tejiendo frente al fuego (calcifer) y Michael hace experimentos en una mesa.

Pero qué es lo que tiene esta autora que es tan relevante para autores de la talla de Terry Pratchett, J. K. Rowling, Phillip Pullman, Neil Gaiman e incluso el mismo Miyazaki. En primer lugar, hemos de recalcar nuevamente que la gran mayoría de su obra aún hoy día no se encuentra traducida o editada en español. Y a pesar de que no ha tenido un impacto similar a Harry Potter o Mundodisco, y de incluso ser anterior a ellos, sí cuenta con un nicho especialmente destacado en el mundo de la fantasía.  

Diana nació en Inglaterra y cambiaba de residencia con regularidad, por lo que se crio de una forma muy particular, como ella misma describe en su muy breve autobiografía. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, vivir como niña y adolescente fue un asunto bastante complejo, aparte de la peculiar crianza que le dieron sus padres, donde en lugar de independencia había más bien un ambiente que rozaba el descuido o la negligencia, situación que incluso se plasmó en gran parte de su obra, donde los niños están acostumbrados a hacer y deshacer debido a la poca vigilancia de sus padres o su desinterés.

Como en otros autores, hubo una chispa que detonó el querer escribir; en el caso de Diana fue la excesiva tacañería de su padre, educador de profesión, quien habiendo comprado toda la colección de libros de Arthur Ransome, un destacado autor infantil, se los regaló uno a uno durante las navidades siguientes, por lo que creció en Diana la necesidad de contarse a sí misma y a sus hermanas sus propias historias.

Diana en su infancia.

Diana no era una persona modelo ni pretendía serlo. Una de sus anécdotas cuenta cómo, cuando vivió en la casa de la secretaría de John Ruskin (un destacado autor de la época), un día excesivamente aburrido encontró en cuaderno de dibujos que no le gustó, con las siglas JR en cada monograma, por lo que comenzó a garabatear en él y a despegar hojas hasta que la encontraron en la divertida labor y se lo quitaron, castigándola. 

Perdió su fe en el mundo adulto de muy niña, cuando de hecho tuvo desafortunadas coincidencias con, precisamente, dos autores infantiles: Arthur Ransome, el autor de los libros racionados por su papá, y Beatrix Potter, conocida por sus libros ilustrados. Con el primero se encontró cerca de una casa en la que él basó una de sus obras, mientras jugaban ella y sus hermanas, a lo que el autor acudió molesto por el ruido que causaban, mientras que Beatrix Potter abofeteó a su hermana menor por columpiarse en la puerta de la residencia de la autora.

Cualquiera que se adentre en los mundos imaginados por Diana va a notar la tendencia general a dejar que los niños crezcan en el mundo adulto. Ella estuvo en el periodo de transición entre los autores que se dedicaron a presentar nuevos mundos, aquellos que reflejaron sus creaciones en espacios alejados de la realidad acostumbrada, y los que se dedicaron a normalizar situaciones que tenían mayor complejidad para el mundo infantil. Por ello, sus personajes, a pesar de enfrentar situaciones en entornos complejos, contienen y viven con  mucho humor, en forma de sátira, como lo hará Terry Pratchett más adelante, o bien presenta escenarios en donde los temas son tratados de forma que un niño pueda manejarlos. 

 

Aparece un castillo en tonos azules, rodeado de montañas y lo que parece un pueblecito al fondo. También se indica que el libro está traducido por Gema Moraleda.
Portada de La guía completa de Fantasilandia.

Fue una autora escéptica de lo que existía publicado a su fecha, tanto que se comprometió a escribir para sus propios hijos e incluso, en palabras del mismo Christopher Priest, despreció gran parte de los tropos habituales en los géneros que tocaba, hasta llegar a plasmarlos en la Guía Completa a Fantasilandia, editada en español recientemente por Nocturna Ediciones. En ella, en forma de guía turística de este mundo fantástico y en un tono sumamente sarcástico, nos invita a caminar por los caminos que están excesivamente fijados en la fantasía.

Y no es para menos que conocía bien el género, cuando incluso asistió de forma convencional a las conferencias que dictaban tanto J. R. R. Tolkien como C. S. Lewis, en su periodo de estancia en la Universidad de Oxford, a pesar de que nunca pudo afirmar realmente cuál fue la influencia que tuvieron estos autores y no es tan evidente en sus obras.

Dentro de su obra más conocidas está la serie de Chrestomanci, en donde, de forma similar a J. K. Rowling y Ursula K. Le Guin, hay una escuela de magos y estos deben superar las pruebas que les impone la vida en estos mundos; no obstante, tiene tantas similitudes con Harry Potter que la misma autora en algún momento afirmó que J. K. Rowling probablemente leyó su obra de joven y nunca la olvidó.

El corpus literario de esta autora es tan extenso que fácilmente se han escrito ensayos e investigaciones, la mayoría en inglés, sobre sus creaciones. Su legado generalmente se enmarca en los géneros de realismo, fantasía y ciencia ficción, incluso los mezcló en ocasiones, como en Archer’s Goon, que fue adaptada televisivamente. Escribió desde ficción, obras de teatro, que de hecho fueron sus inicios, poesía, hasta ensayos y no ficción, de donde se puede destacar especialmente Reflections On the Magic of Writing (2012) de Harper Collins, y que contiene una variada disertación acerca de sus libros, sus pensamientos sobre escritura, crítica literaria, entre otros temas que no se inscribieron en sus publicaciones habituales.

Entrar al mundo de Diana Wynne Jones implica caer en sus juegos literarios, donde la magia funciona de forma natural, muchas veces sin el conocimiento de sus propios protagonistas, en un mundo que es tan similar al nuestro, si no es el nuestro, en el que la forma más sencilla de ver la magia es deteniéndose a observar la cotidianeidad. Su ritmo rápido, no obstante, no es tan sencillo, pues crea momentos o situaciones extrañas que causan confusión y que a una velocidad vertiginosa nos hacen darnos cuenta de que ahí estuvo la magia y que nos pasó por encima, en contextos que se vuelven habituales, brindándole a la magia ese carácter teatresco que hace que tengamos que estar muy atentos para siquiera saber qué sucedió.

Dentro de sus influencias tempranas, aparte de la poca literatura que le daba su padre, se encontraban textos como Las mil y una noches, que de hecho tuvo notable repercusión en su libro El Castillo en el Aire, editado también por Nocturna Ediciones, y La Muerte de Arturo de Sir Thomas Malory, que también causó, como toda la literatura artúrica, una notable influencia en su trabajo, especialmente el de fantasía, pero cuyos temas casi siempre giraban en torno y tenían como protagonistas al público infantil.

 

Aparece un expectacular castillo de estilo mil y una noches entre las nubes, ante él, hay un personaje con turbante montado en una alfombra voladora y acompañado de un gato. Se indica que el libro está traducido por I. C. Salabert.
Portada de El Castillo en el Aire.

A pesar de ser una autora de fantasía, los temas en sus libros no estaban exentos de elementos oscuros y sombríos, relacionados en parte, aunque de forma próxima y no directa, a su experiencia con la guerra y sus consecuencias, pues inevitablemente y a pesar de formar parte de una familia relativamente acomodada, tuvo que estar en constante movimiento, al igual que el registro de la guerra que se hace en Las Crónicas de Narnia de C. S. Lewis, tratando de evitar la realidad de quienes estaban al frente.

El aspecto en el cual los personajes son destartalados, torpes o incluso donde se manifiesta que no tienen gracia y a pesar de ello triunfan, está determinado en gran parte por su propia personalidad, ya que ella misma cuenta que su madre nunca la apoyó con el oficio de la escritura, porque afirmaba que eso nunca iba a ser para ella, siendo tan desgarbada y poco agraciada. La misma Diana relata que tuvo una especie de maldición familiar con los viajes, ya que cada vez que tenía que hacerlos, algo sucedía, fuera con los trenes o con su transporte particular.

En definitiva, Diana tenía una mente muy particular y el aporte que hizo a la fantasía es enorme, eliminando puntos comunes o demasiado tratados, dotando a la magia de características únicas, estableciéndose como puente entre la fantasía canónica de los autores consagrados y los autores modernos de fantasía urbana. Por todo esto la lista de premios que recibió a lo largo de su carrera destaca toda la labor de la que fue parte.

 

La fotografía no tiene mucha calidad, parece tomada en los años ochenta. La autora ya es una mujer mayor, con canas. Está sonriendo y el gatito se gira para mirarla a la cara.
La autora con un gatito.

A pesar de lo anterior, en el mundo latinoamericano es poco conocida o no tiene la misma presencia que sus precursores o quienes han estado después de ella, aunque se explica fácilmente en el hecho de que incluso en lengua inglesa estuvo a la sombra durante muchos años, hasta que su obra estuvo bien establecida para que todo lo que fuera anterior tuviera el mismo prestigio que lo que publicó en su época de mayor difusión, y que también durante muchos años sus obras estuvieran agotadas en todas sus ediciones. 

No obstante, visualizando el panorama literario que la tiene en cuenta, los premios que ha ganado y la labor que ha ejercido en el género, es necesario volver a destacar su obra para que sea tan o más valorada en un momento en el que esta frescura narrativa y sus elementos rompedores son tan necesarios como siempre. Hagamos hincapié en la necesidad de tener literatura tanto infantil como adulta con la fuerza necesaria para darnos cuenta del valor de la fantasía para evaluar nuestro entorno y ponernos en comunicación con nuestra realidad, así como para poder llegar a observar la magia en nuestra cotidianeidad.  

Colaborador
Carlos A. Guzmán (COLABORADOR):  Vivo entre historias, imagino mundos y deambulo por ellos. Soy investigador independiente de ficciones especulativas en todos los formatos. Escribo en https://elvagante.neocities.org/ y a veces me encuentro en @GaniSylph.

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