Reseña: Gideon la Novena

Una de las  frases que más se escuchan cuando alguien habla de Gideon la Novena, (aparte de “lesbianas nigromantes en el espacio”) es que es “una novela difícil de calificar” o cualquier variante de la misma. Es algo totalmente cierto. Así que mi idea con esta reseña es arrojar algo de luz al respecto… o intentarlo. 

Empecemos por algo sencillo: de qué va el libro. ¿Y quién mejor para hablarnos de él que la autora, Tamsyn Muir?  Seguro que así nos quedan pocas dudas. Una de las formas en las que ha resumido el argumento de Gideon la Novena es la siguiente:  

El viaje de la heroína para convertirse en una necrosoldado cachitas espacial acaba prematuramente cuando una bruja gótica y plana la mete en los juegos del hambre (Edición Bíblica).

Tamsyn Muir en su blog

Vaya. Bastante cierto, pero ya que estamos, desarrollemos un poquito más.

Una figura vestida de negro, con la cara pintada como una calavera, gafas de sol y pelo rojo corto, avanza al frente con gesto desafiante rodeada de huesos y esqueletos
Gideon, la protagonista.

Gideon Nav, la necrosoldado cachitas, es una sirvienta contratada de la Novena Casa, lo que a efectos prácticos la pone casi al mismo nivel que a una esclava. Si a eso le añadimos que la Casa se ubica en un agujero vertical en dirección al núcleo de un inhóspito planeta poco preparado para albergar vida, en unas instalaciones lúgubres, llena de gente que le mira mal y de sirvientes literalmente esqueléticos, no es de extrañar que quiera irse. Pero Harrowhark Nonagesimus, su enemiga de infancia, Reverenda Hija de Elegioburgo (y la bruja gótica y plana que mencionaba antes la autora en referencia al meme de big tiddy goth-gf) tiene otros planes, planes que implican servirla como su caballera (el músculo y la espada de los que tradicionalmente carecen los nigromantes) y viajar a otro planeta, a una mansión gótica junto a los representantes de las demás Casas, para intentar convertirse en las nuevas sirvientas del Emperador. En la Morada de Canaán, hogar ancestral de la Primera Casa, veremos no solo como se desarrolla la trama, si no la tortuosa relación de Gideon con Harrow y con el resto de caballeros y nigromantes, uno de los puntos fuertes del libro. Con personajes muy bien definidos que ayudan ante la a veces complicada tarea de situarse entre tanta gente, los choques de personalidades y maneras de hacer las cosas (cosas nigrománticas) la variedad de situaciones está garantizada

Si el argumento ya es interesante de por sí, cuando la situación empieza a escalar, el libro se convierte prácticamente en un pasapáginas. La autora sabe mantener la tensión, guiarte bien por las escenas dramáticas y a la vez distender con un chiste (bastante malo) cuando toca. También está muy bien construido el camino hacía las revelaciones finales, con muchas miguitas para les lectores que disfruten echando la vista atrás y soltando un “aaaaaaaaaaaaamigaaaaa” satisfecho. 

Entonces, ¿por qué es tan complicada de clasificar?

Podríamos empezar por definir su género, pero ahí radica parte de la dificultad. ¿Fantasía? Ciertamente. ¿Ciencia-ficción? También. Entonces… ¿Fantaciencia? Quizás sea la apuesta segura. Pero soy de los que creen que tenemos que esperar al tercer y último libro de la saga para ubicarnos del todo, si es que llegamos a hacerlo.

Si nos remitimos a las palabras de su autora, en distintas entrevistas la ha calificado como una novela  slasher de detectives donde además encontraremos terror, humor y algunos tintes de romántica.  A esto hay que añadirle espadas, duelos, esqueletos, mansiones góticas, laboratorios, memes (efectivamente, memes) y tropos habituales del fanfic (Muir ha escrito fanfics toda su vida) entre otras cosas. Con toda esta amalgama de conceptos, empezamos a intuir por dónde van los tiros y porqué a veces hago una pausa dramática cuando me preguntan de qué va Gideon la Novena. Así que sigamos desgranando.

Lo que parecen dos fotos de busca y captura, a la izquierda esta Guideon (mismas pintas) sonriendo, a la derecha una chica de rostro delgado y pelo corto que tiene una mirada de mala leche. También va maquillada como una calavera.
Retratos de nuestras protagonistas. Fuente.

No es casualidad lo de “edición bíblica” mencionado anteriormente en la cita de la autora, puesto que en este libro además de todo lo que ya he destacado, también encontraremos un montón de referencias al catolicismo. Tanto en los nombres (sin ir más lejos Gideon es un caudillo hebreo en el Antiguo Testamento, el nombre de Harrow hace referencia al descenso de Cristo a los infiernos o harrowing of hell y Canaán era la tierra prometida del pueblo judío), hasta lo subyacente en varios de los temas que se tratan y pasando por muchos de sus elementos estéticos y litúrgicos, como las tradiciones de la Novena Casa. Y sin entrar en detalles de la trama, podemos encontrar unos cuantos paralelismos bíblicos en la situación y el viaje de Gideon a lo largo de la historia.  

Otra característica muy presente a lo largo de toda la novela es lo queer. Es un tema que impregna cada página, aunque no se hable explícitamente de ello. Eso le ha valido una de las críticas más habituales, y es que, pese anunciarse como “lesbianas nigromantes en el espacio”, ni Gideon (que Muir identifica como lesbiana butch, por cierto) ni ningún otro personaje hacen referencia a su orientación sexual o a cualquier tema relacionado. Es una elección consciente de la autora, quién decidió crear un mundo sin homofobia y dónde la identidad sexual no era una cosa en la que pensar siquiera de forma fugaz. Un mundo en el que «una relación homoerótica entre chicas que estén más de 5 segundos una al lado de la otra sea inevitable». Una decisión que sirve para eliminar el sufrimiento de la ecuación (o por lo menos todo aquél sufrimiento derivado de salirse de la heteronormatividad). Quizás esto pueda echar atrás a alguna gente que siente que es importante ver reflejado su dolor, dado que es algo por desgracia muy real y que afecta al día a día de muchos. Pero también creo que ambos estilos pueden convivir perfectamente y que es muy refrescante leer mundos así. La literatura de género no solo tiene porqué crear mundos mágicos o tecnológicamente superiores, también puede imaginar una sociedad dónde se han superado (o nunca han existido) los estúpidos prejuicios vinculados a la identidad de género.  

En la misma línea también encontramos una agradable falta de sexismo. Nuevamente, no es algo explicitado en el texto, sino que se demuestra con un simple vistazo al amplio elenco de nigromantes y caballeros, que no siguen ningún criterio de sexo a la hora de asumir sus roles. La o el nigromante nace ya con las dotes, y la caballera o caballero es simplemente quién mejor blande la espada. 

 

Guideon sostiene una espada con la que ha atravesado una calavera.
Gideon molando, por BlackSalander.

La relación entre los nigromantes y caballeros, como mencionaba antes, es otro punto fuerte del libro. Cada Casa viene de un planeta distinto, y cada una tiene su especialidad, sus costumbres y sus prejuicios. La nigromancia, si bien es un tipo de magia presente de una forma u otra en muchos libros de género, suele estarlo de forma residual, envuelta de tabúes y enfocada a levantar los muertos y hablar con los espíritus. Aquí lo que nos encontramos con que la nigromancia es el eje del imperio y de las Casas, y además proporciona todo tipo de habilidades relacionadas con la manipulación de la talergía (energía vital) y la tanatoenergía (la energía que genera aquello moribundo o recién muerto), sustentado por un acercamiento científico en forma de teoremas cuyo dominio y comprensión permiten el desempeño de la magia. De este modo, nos encontramos con, por ejemplo, la Sexta Casa, especialistas en psicometría. Dicha habilidad es la rama nigromántica capaz de analizar y fechar la antigüedad de la tanatoenergía de objetos y cuerpos, lo que les permite actuar como una suerte de nuestros forenses. 

Siempre me ha parecido interesante como se coge un concepto habitual dentro del género y se reinventa, y si el resultado es así de satisfactorio, aún más.

Otro elemento muy identificativo del libro y del estilo de Muir es el de las constantes referencias. Ya he mencionado algunas de las que tienen que ver con el catolicismo, pero es que incluso lo nombres propios que no beben de esta religión son algún tipo de referencia literaria, mitológica o histórica. En algunas ocasiones incluso se da el caso que el origen del nombre es una pista del destino de los personajes.

También quiero añadir que en la secuela, Harrow la Novena (anunciada ya por Nova para finales de este 2021), además de tener potenciados todos los elementos que he intentado desgranar en esta reseña, hay una gran cantidad de referencias a literatura clásica (Shakespeare, Poe y Hans Christian Andersen entre otros), así que probablemente en Gideon también las haya, pero mis limitados conocimientos me han impedido identificarlos. 

Por si fuera poco, gracias a la peculiar visión del mundo que tiene Gideon, el libro entero está sazonado por un estilo de humor muy mamarracho y hasta me atrevería a decir que específicamente millennial, del cual una buena muestra es el pequeño resumen que citaba al principio de la reseña.  Tamsyn Muir es la reina de esta clase de humor y sabe transmitirlo a la perfección en su obra. Solo voy a decir que hay por lo menos una referencia clara a Los Simpson y otra de la que tengo mis sospechas. 

Por ir acabando ya, quiero resaltar el magnífico trabajo de traducción llevado a cabo por David Tejera Expósito. Leyendo el libro se ve que no es un trabajo nada fácil, pero el resultado es excelente.  

En fin, no sé si he conseguido dejar claro lo que vais a encontrar al leer este libro, pero espero haber conseguido despertar la curiosidad, o por lo menos, aclarar porqué ha dado tanto que hablar. 

¡Por la Novena!

PD: Por si os habéis quedado con ganas de más y leéis en inglés, os dejo un relato que salió tres publicarse Gideon la Novena, protagonizado por unos jóvenes Palamedes Sextus y Camilla Hect.

Colaborador
Pau Fita (COLABORADOR): Aficionado al género desde pequeño, normalmente prefiero leer a reseñar, pero un día es un día. Comparto piso con Roqui y Brie, mis gatas. @Digi_Pau en Twitter.

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