Reseña: Saga Xenogénesis

Hoy no os traemos ninguna novedad: la saga Xenogénesis de Octavia E. Butler es un clásico de la ciencia ficción, y de vez en cuando es necesario que recordemos por qué ciertas obras están ahí, en el hall of fame. Y, sin embargo, a pesar de ser todo un clásico, no ha sido hasta el 2019 que se ha empezado a recuperar la obra (hasta ahora descatalogada) de Butler como se merece, con la nueva edición en catalán de MaiMés (con traducción de Ernest Riera) y la reedición revisada de Nova en castellano (con traducción de Luis García Vigil, revisada por Pilar Márquez). Para ser justas, la edición sobre la que he basado esta reseña es la de MaiMés, que ha publicado hasta el momento dos tomos de la trilogía, Alba y Ritus de l’edat adulta, y que publicará el último en el primer semestre de 2022. Personalmente, también me resulta necesario reivindicar la labor de esta editorial, con la que me he reconciliado con la lectura en catalán.

Retrato en blanco y negro de la autora, es una mujer mayor, con el pelo muy rizado, corto y canoso y mirada solemne.
La autora, Octavia E. Butler.

Octavia E. Butler debutó a finales de los 70 con la saga Patternist, cuyo orden de publicación no concuerda con el orden interno de la misma. Fue la primera autora de ciencia-ficción en recibir la beca Genius de la MacArthur Foundation, logro que, por cierto, también consiguió el año pasado N. K. Jemisin. Ganadora de dos Nebula, dos Hugo y el Locus, su obra ha sido adaptada a otros formatos, como el cómic de Kindred, también premiado. El año pasado se anunció que Victoria Mahoney y Ava DuVernay estaban trabajando en una adaptación a serie de Amanecer para Amazon (ugh), y parece ser que no es la única de sus obras que está en proyecto de ser llevada a la pantalla (entre otras, Wild Seed cuenta para su adaptación con Nnedi Okorafor). 

La trilogía de Xenogénesis, originalmente publicada entre 1987 y 1989, no ha perdido ni un ápice de actualidad en cuanto a los temas que trata. Lo que empieza como un relato de contacto entre raza humana y alienígenas, los oankali, evoluciona hacia la reconstrucción de la Tierra, de aquello que nos hace humanos y de las distintas sociedades que podrían (podemos) crear.

La protagonista de Alba, Lilith Iyapo, despierta en una celda extraña que, más adelante, sabrá que se encuentra en una nave viviente. La Tierra lleva cientos de años desolada después de una guerra, y quienes la han traído a la nave, los oankali, esperan ayudar a recuperarse a la raza humana a cambio de hibridación. El primer encuentro entre Lilith y uno de sus captores, Jdahya, resulta ser visceralmente incómodo para ella (una suerte de tripofobia) por la morfología de los oankali, llenos de tentáculos sensoriales. Empieza entonces para Lilith un periodo de adaptación y de entrenamiento, pues los oankali la han escogido para que haga de enlace entre las dos razas. Ella será la encargada de ir despertando, poco a poco, a otros humanos con los que volver a la Tierra para repoblarla. Ser intermediaria no es un papel fácil, pues está supeditada a lo que piden sus salvadores y captores, mientras trata de convencer a sus semejantes de que las cosas podrían ser mucho peor. Si alguna vez habéis tenido que poner de acuerdo en algo a un grupo de gente, ya os podéis imaginar lo complicado de la labor de Lilith.

Sobre un fondo en tonos rojos que parece representar un bosque, una mujer de pelo largo se abraza a lo que parece ser un montón de algas blancas, que le devuelven el abrazo y la envuelven.
lustración de Marina Vidal para la edición de Alba de MaiMés.

Los ooloi, el tercer género

Los oankali no son distintos solamente por sus tentáculos sensoriales, diseminados por todo su cuerpo, sino que también se dividen en hembras, machos y ooloi, una suerte de tercer género sin el cual no se pueden reproducir, pues son les encargades de modificar los genes de las nuevas criaturas que tengan que nacer. Este último papel también lo ejercerán con la raza humana, a la que librarán de enfermedades como el cáncer, hacia la que les ooloi se sienten particularmente atraídes. Hay, sin embargo, un papel mucho más satisfactorio para les ooloi, y es que cuando hacen de enlace en una pareja (sí, también humana) son les que con sus tentáculos sensoriales consiguen estimular sexualmente de manera mucho más placentera que la tradicional. Antes de que os imaginéis aquí una estampa hentai que no toca, os decepcionaré diciendo que este enlace impide que las parejas puedan volver a tocarse sin une ooloi, cosa que a algunos humanos les provoca un conflicto interno (y externo) ante la falta de contacto y caricias que se les niega.

Adaptarse ¿o morir?

Uno de los temas centrales alrededor de los cuales gira Xenogénesis es la adaptación de la raza humana a unas nuevas condiciones creadas por los oankali. No solo tienen que volver a una Tierra modificada por la guerra nuclear que han provocado ellos, sino también adaptada con la vegetación y seres traídos por los oankali. Estos últimos generan unas condiciones bajo las que los seres humanos pueden vivir supuestamente mejor, pero el intervencionismo de los oankali no le sienta bien a todo el mundo, y se acaban creando poblaciones de resistentes. 

Aunque quizás lo que sienta peor a los humanos es la incapacidad de reproducirse de forma natural, sin la hibridación de los oankali. La segunda parte de Xenogénersis, Ritus de l’edat adulta, se convierte en un alegato a los derechos reproductivos lleno de grises, pues lo que busca la raza humana es reproducirse de manera pura, sin modificaciones genéticas. Existen niñes en la nueva Tierra, pero son constructos, híbridos entre humanes y oankali, y eso es algo que muchos humanos no pueden aceptar.

Portada de la segunda parte de Xenogénesis, con ilustración de Vorja Sánchez.

El concepto de familia

Precisamente el protagonista de esta segunda parte es Akin, el primer niño nacido de humana y oankali, ya que hasta el momento solo han nacido niñas. Akin es un niño con apariencia humana pero mucho más desarrollado mentalmente, y que se verá convertido en objeto de deseo e intercambio. Es especial, aunque el aprecio que le tienen es proporcional a lo humano que actúe. Sin embargo, la nueva vida en la Tierra ha traído cambios también a otros niveles, incluida la estructura familiar. Las familias están ahora compuestas de una hembra, une ooloi y sus hijes constructes, algo que Lilith confronta ante la idea de unos padres ausentes. La respuesta que recibe por parte de Nikanj, su ooloi, deja patente que los cambios de les constructes van mucho más allá de lo físico.

Podran decidir de mantenir el contacte amb els fills. No hi viuran permanentment… i cap constructe, mascle o femella, jove o vell, no trobarà que això sigui una privació. Serà normal per a ells i tindrà un propòsit, perquè sempre hi haurà moltes més femelles i ooloi que no pas mascles. — Va fregar els tentacles del cap i del cos—. Intercanvi vol dir canvi. Els cossos canvien. Les maneres de viure han de canviar. Et pensaves que els teus fills només tindrien un aspecte diferent?

Una nueva sociedad

Desde el principio, los oankali dejan claro que lo que quieren es ayudar a sobrevivir a la raza humana. Educar y empoderar a Lilith tiene un objetivo claro: convertirla en algo parecido a una líder. Sin embargo, los oankali también saben que, a pesar de ser intervencionistas, tienen que dejar elegir a los humanos su camino y su manera de hacer las cosas. Así que cuando algunos se rebelan contra ellos, les dejan irse a pesar de la destrucción que crean de por medio. Los humanos resistentes recuerdan la vida antes de la guerra e intentarán volver a recrear las mismas sociedades, mientras que los que han decidido quedarse con los oankali exploran las nuevas posibilidades que estos les ofrecen a la hora de organizarse. Dos puntos de vista totalmente diferentes, con todos los grises posibles en ambas situaciones, y ninguna verdad absoluta en cuanto a qué es mejor y qué es peor. 

Para cerrar, en una valoración ya más personal, Butler consigue tocar todas las teclas de aquello que busco en la ciencia ficción, desde la creación de nuevas sociedades y organizaciones familiares, a los dilemas morales y la manera de entender al otro. En Xenogénesis consigue plantear tantos debates diferentes que aquí solo he podido resaltar aquellos que me han tocado a nivel personal, pero estoy segura de que encontraréis muchos otros que os dejarán la cabeza tan loca como a mí. Así que, si todavía no la habéis leído, ¡dadle una oportunidad!

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Clara Jáuregui
Clara Jáuregui (Investigación/Otras Narrativas): Medievalista y destructora de tópicos a tiempo completo. Lectora, a ratos bloqueada. Me encanta la fantasía no medieval y adoro la ciencia ficción. No se me da nada bien hablar de mí misma, pero aun así tengo Twitter.

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