Las autoras no tenemos gracia… o quizás sí

 No soy amiga de hacer predicciones, pero puedo imaginarme a más de uno arrugando el ceño al leer el título de este artículo y pensando «ya están las feministas estas insensatas de la Nave viendo fantasmas donde no los hay». Claro, somos incapaces de entender que no hay discriminación en la literatura fantástica; el talento es la única medida a la hora de elaborar listas, publicar autores, perfilar el canon literario… Por eso siguen publicándose kilométricas recomendaciones de literatura fantástica en las que se menciona la friolera de dos autoras. Idéntico número de mujeres se incluían, por cierto, en una antología formada por un total de veinticinco relatos fantástico-humorísticos publicada no hace tanto por una reputada editorial del género.  

Se ve que ahora dejan que a la pitufina la acompañe otra colega. 

Ha preguntado por autoras de cifi humorística; ya le han recomendado a Brandon Sanderson. Fuente.

Lo cierto es que las autoras han estado y siguen estando ninguneadas y los mecanismos que enunciaba Joanna Russ en Cómo acabar con la escritura de las mujeres aún se usan para menospreciarnos. En el caso de las autoras de literatura fantástica humorística, ya no solo se cuestiona la calidad de sus obras, o la adscripción genérica de las mismas, también tienen que lidiar muchas veces con el tópico de que las mujeres no tenemos gracia. No hay más que ver las falacias con las que hemos visto justificar la ausencia de mujeres monologuistas en ciertos espectáculos o salas de nuestro país.

No soy, ni mucho menos, una experta en historia o teoría literarias, solo una aficionada a la literatura fantástica que a veces se atreve a hablar de cosillas que le interesan y tiene mucha facilidad para soltar sarcasmos inoportunos. A lo largo de este artículo no pretendo más que aportar mi humilde visión sobre el humor en la literatura fantástica y analizar cómo lo usan algunas de mis autoras favoritas. 

¿A qué llamamos humor?

Antes de entrar en materia, y aunque este no pretende ser un artículo teórico, quizá no esté de más definir qué entendemos por humor. 

Si acudimos al diccionario de la RAE, aunque no me entusiasme hacer tal cosa, al buscar «humor», nos remite a «humorismo» y estas dos acepciones. 

1. m. Modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas.
2. m. Actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios.

Estas acepciones resultaban bastante acertadas, aunque se me quedan algo cortas a la hora de abarcar todas las facetas que puede comprender el humor. Especialmente aquellas más críticas o destinadas a concienciarnos sobre problemas graves de nuestra sociedad o exponer experiencias traumáticas de la propia autora. 

El humor es un arma; como tal, dependiendo de quién y cómo lo use, tanto puede servir para perpetuar estereotipos y discriminaciones como para luchar contra ellos, obligándonos a hacer autocrítica. 

Es importante destacar que, cuando hablamos de maridajes con la literatura fantástica, el humor puede ser tanto un género literario como también una de tantas herramientas que nos ayudan a construir una trama que poco o nada tenga de cómica.

En este segundo caso, el humor puede ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo. Todo depende de cómo se use. Tanto en literatura como en cine fantástico, especialmente terror, es fácil rememorar bromas mal introducidas o personajes cómicos nefastos que no aportan beneficio a la obra en que estaban incluidos. Un ejemplo de ello son los «alivios cómicos», quizá los principales responsables de que muchos desconfíen, o desconfiemos, cuando leemos que una novela de terror tiene pinceladas de humor. 

Estos personajes no eran malos por protagonizar momentos humorísticos, sino porque su única cualidad era esa: aportar una comicidad dudosa, a costa muchas veces de ser ridiculizados, protagonizar escenas forzadas y perpetuar estereotipos. En cine de género clásico este papel les correspondía a las caseras y mendigos alcohólicos. En años posteriores, especialmente en los ochenta, se fue ampliando el círculo de víctimas y las humillaciones le caían casi siempre al único representante de un colectivo ya discriminado. Luego dicen que el humor mal usado no perpetúa opresiones…

Esto no quiere decir que podamos descargar la misión de protagonizar momentos de humor sobre un personaje concreto o grupo, sino que este no debe ser su único rasgo definitorio. Un buen ejemplo, lo tenemos en una franquicia de la que nos habló hace unos meses Claudia Fontana, Star Trek, y el contraste de cómo se nos presenta a los ferengi en la primera temporada de la Nueva Generación y el papel que juegan en Deep Space 9.

Los ferengi estaban destinados a ser uno de los principales enemigos de la Enterprise. Sin embargo, como tantas cosas en la mediocre primera temporada de Nueva Generación, en su debut son presentados de forma tan reduccionista que resultaban patéticos en vez de amenazadores; así que su rol se redujo al de una ridícula molestia esporádica. En DS9 decidieron redimirlos. No les sometieron a grandes cambios físicos; tampoco dejaron de pertenecer a una cultura ultracapitalista y ultramisógina ni de protagonizar momentos humorísticos. Pero no se reducen a eso ni se comportan como un ente uniforme. Son personajes variados y muchos de ellos sufren una notoria evolución a lo largo de las siete temporadas. Gracias a eso, Quark es uno de los personajes más carismáticos del elenco protagonista y Nog se convertiría en uno de los secundarios más queridos.

Por cierto, si os gusta Star Trek y los ferengi, las tres novelitas cortas escritas por Paula M. Block y Terry J. Erdmann son muy entretenidas y se pueden disfrutar sin conocer la continuidad del universo literario de la franquicia.

Mi cara cuando alguien suelta «ya no se puede hacer humor sobre nada». Fuente.

El humor también puede hacer más reales las interacciones entre grupos de personajes que tienen una relación estrecha. Esta puede manifestarse a través de las bromas mi veces compartidas entre amistades o familia, tal y como usa brillantemente Rocío Vega en muchos pasajes de La Compañía Amable, especialmente cuando nos muestra la juventud de las protagonistas. Otra experta en estas dinámicas grupales es la guionista de cómic Gail Simone, que en su primera etapa en Birds of Prey no solo introdujo unas sanas dosis de mamarrachismo sino que construyó una sólida amistad entre Oráculo y la Cazadora, poniendo fin a una rivalidad forzada, cimentada sobre todo en que ambas habían salido con el mismo tipo en momentos diferentes de su vida…

También puede funcionar muy bien para lo contrario: dotar de chispa piques entre personajes que quizá no se detestan tanto como creen o desencuentros como, por ejemplo, los choques generacionales.

Una de mis lecturas favoritas del año pasado fue Black Water Sister, de Zen Cho. La novela nos narra la historia de Jess, una joven cuya conciencia es invadida por el fantasma de la autoritaria abuela paterna, a quien nunca conoció, apenas acaba de llegar a la Malasia natal de sus padres. La historia no es una comedia, ni siquiera una macabra; sin embargo, en muchos momentos está narrada con ironía muy bien dosificada. Sea unas veces a través de las discusiones mentales con el fantasma de su antepasada, tan naturales y creíbles pese a lo extraño de la situación, fuese por la ironía con la que la protagonista afronta las diferencias culturales o sus propias desgracias. Siempre sin ridiculizar otras culturas o sin que los peligros que la acechan sean menos inquietantes.

Y es que, para muchos de nosotros, el humor es también un mecanismo de defensa a la hora de enfrentarnos o convivir con situaciones incómodas o lidiar con nuestras propias inseguridades y defectos. La ficción no debe ser ajena a esto. No cabe duda de que La Maldición de Hill House, de Shirley Jackson, es una de las obras cumbres del género de casas encantadas y una de las obras de terror que más me ha inquietado. Algo que me ha gustado siempre de la misma es cómo Jackson remarca a veces la inquietud y el miedo contra el que están luchando los personajes haciéndolos intercambiar bromas absurdas.

Además de resultar catártico en situaciones tensas, el humor puede proporcionar al lector y los personajes un respiro entre momentos más intensos y dramáticos. Habrá quien considere este tipo de episodios añadidos que no aportan nada a la trama, pero son una buena forma de conocer mejor a los personajes o dejar que estos estrechen lazos. Además, tanto el exceso de acción como de intensidad pueden ser tan cansinos como la ausencia de los mismos, y las desgracias duelen más cuando simpatizamos con los personajes.

Las damas oscuras

El terror clásico anglosajón no se prestó mucho al humor, aunque la inocencia de algunos personajes pueda causarnos cierta diversión cariñosa. A veces, no obstante, se colaba la ironía en la narración, especialmente cuando esta era en primera persona. 

Me gustaría destacar, no obstante, a dos autoras que usaron vertientes muy diferentes del humor en  sus narraciones foscas. Rhoda Brougthon y Vernon Lee

Calavera pensativa. Fuente.

De Rhoda Broughton y sus Cuentos del Ocaso ya hablé cuando la antología salió publicada, así que no me detendré a presentarlas. 

Centrándome en su manejo del humor, las cinco historias que componen la selección juegan con este, especialmente al inicio de las mismas. A través de la ironía, los personajes dejan caer sus prejuicios o afrontan con humor las incomodidades cotidianas de la vida, como un viaje atroz en barco. Además, Brougthon prima la narración en primera persona o a través de misivas. La combinación de ambos recursos consigue que veamos a los personajes más próximos a personas reales que si nos los hubiesen presentado en una narración más académica en tercera persona en tan breve espacio. 

Por otro lado, la ligereza con la que se inician las historias hace aún más impactantes los giros siniestros o más palpable el paulatino enrarecimiento del ambiente en relatos como «El hombre de la nariz», que optan por un desarrollo más pausado. 

Aun no siendo quizá su mejor cuento, «La verdad y nada más que la verdad» resulta perfecto para estudiar el modo en que Broughton manejaba el humor. Es una historia muy breve cuya evolución conocemos a través de un intercambio epistolar entre dos amigas, que afrontan con humor las pequeñas desgracias cotidianas o los problemas para encontrar vivienda. De una misiva a otra, la autora pasa de ganarse nuestra sonrisa a helarnos la sangre. 

Me imagino qué estaréis pensando sobre mi segunda autora mencionada. Ya está Ana buscando la forma de hablar de Vernon Lee. No estaréis desacertadas, pero Lee introdujo humor en muchos de sus relatos fantásticos. Eso sí, a su manera. Si el humor puede ser un arma, en sus manos se convierte en un misil tierra-aire. 

Sus objetivos iban desde el moralismo de la sociedad, la pomposidad, los acaparadores compulsivos de arte que ni sabían de este ni apreciaban la belleza, los aristócratas del quiero y no puedo… Pero la mayor víctima de sus dardos fue la religión católica, que satirizó en no pocas ocasiones. Sirvan de ejemplo los mencionados en el siguiente párrafo.

«La Virgen de los Siete Puñales», parodia de la figura de Don Juan, llegaría a ser prohibido por la Iglesia Católica (Esto es censura, Carlos Jesús, y no que te digan que tus chistes no tienen gracia) y no sería publicado hasta la reedición de For Maurice, en 1927. «San Eudemon y el Naranjo» y «El Papa Jacinto» se burlan de las parábolas religiosas mezclándolas con mitos paganos. En el «Marsias en Flandes», mi «blasfemia» favorita,  descubrimos la historia de una iglesia que tuvo que ser abandonada tras haber introducido en la misma la figura de un Cristo encontrado en el mar. Y es que, en lugar de verse bendecido, el templo se convirtió en escenario de tenebrosos sucesos nocturnos, cuando se convertía en escenario de raves demoníacas. 

Estas narraciones son un reflejo del ateísmo de Lee y suponen también un reflejo sobre cómo el cristianismo había depredado muchas creencias previas, que despreciaban como paganas, para construir sus mitos.

Me gustaría aprovechar este apartado para hacer una breve mención a la Mistery Comedy, un género muy popular en el cine mudo de Hollywood, que mezclaba la comedia con lo macabro. Eran películas entretenidas, en las que lo supuestamente sobrenatural siempre tenía una explicación mundana. Muchas veces se basan en novelas y obras teatrales. Entre ellas destaca The Bat, la historia de una solterona de armas tomar (ajena a los tópicos de la época) que decide ignorar las cartas amenazantes de un temido ladrón y asesino, para enfrentarse a él si intenta asaltar la casa que ha alquilado.

La película fue una de las muchas inspiraciones que ayudaron a crear la estética de Batman y su autora, Mary Roberts Rinehart, es una de las madres de la novela de «misterio policial», inspiradora del tópico de «Lo hizo el mayordomo» con The Door. En la cúspide de su fama, llegó a vender más que Agatha Christie, pero hoy casi está olvidada, al menos fuera de Estados Unidos. Una pena, porque The Bat es una novela muy simpática. 

Connie Willis 

Connie Willis debería necesitar poca presentación. Con una carrera que se inició en los setenta y llega hasta la actualidad, el suyo es un nombre esencial en la ciencia ficción contemporánea. Entre otros premios, ha ganado 11 Hugos, 9 Locus y 7 Nebula, cultivando todas las distancias desde el relato a la novela. Ha conseguido triplete de galardones con las novelas El día del juicio final (1992) y la dupla El Apagón /Cese de Alerta (2010). El primero de los años, también, arrasó con los tres galardones en la categoría de relato con Incluso la reina. Buena parte de sus nominaciones y premios los ha conseguido gracias a historias de ciencia ficción humorística. 

Con este bagaje podríamos pensar que sus obras acapararon las estanterías y que es uno de los primeros nombres citados a la hora de hablar de maestros de la ciencia ficción humorística, pero ya sabemos cómo son las cosas. Casi toda su obra traducida está más descatalogada que La Guía Campsa 1981 o, en el caso de El día del juicio final, ha sido reeditada en una tirada en tapa dura poco apta para captar nuevos lectores. Sobre su valor como referente, oiré citar mil veces a Frederic Brown o La Guía del Autoestopista Galáctico antes de que la mencionen a ella. 

Así que voy a aprovechar la ocasión para gritar. ¡SACAD REEDICIONES ASEQUIBLES DE CONNIE WILLIS! ¡SOBRE TODO, REEDITAD POR NO MENCIONAR AL PERRO

Cyril apoya nuestra lucha. Fuente.

Dicho esto. La obra humorística de Willis es tan amplia como difícil de conseguir, así que me centraré en la novela Por no mencionar al perro, la novelette En el Rialto y los relatos Incluso la Reina y El alma escoge su propia compañía.

Este último relato es una fumada del tamaño de siete catedrales góticas. Bajo la apariencia de un falso texto académico, juega con la premisa de que Emily Dickinson no solo escribió poemas después de muerta sino que interactuó con los marcianos de La Guerra de los Mundos, y tal vez los derrotó. La historia ni tiene ni busca tener sentido; es puro absurdo que también se traslada a las abundantes notas al pie de página. Quizá sea también una pulla hacia ciertos sectores académicos, pero el relato funciona independientemente de si captamos o no estas. 

Las otras tres historias ya se enclavan en la tradición humorística de la autora. Es decir son herederos de la Screwball Comedy estadounidense, pero no es necesario estar familiarizado con esta para disfrutarlos. Su humor no se basa en los guiños ni en las referencias, sino en aplicar una parte de los tópicos y mecanismos de la misma a sus historias.

Por no mencionar al perro es la segunda novela centrada en la serie de historias independientes protagonizadas por los historiadores temporales de la Universidad de Oxford, iniciada con el relato Firewatch.  Ned Henry, un especialista en la Segunda Guerra Mundial, se ve obligado a viajar a finales del siglo XIX en busca del Tocón del Pájaro del Obispo, una atrocidad victoriana que la benefactora de la Universidad necesita copiar para que su reconstrucción de la catedral de Conventry sea perfecta. Ni que decir tiene, la misión de Ned irá de catástrofe en catástrofe y cada vez que él y su compañera parecen solucionar algo, la cosa se lía aún más. 

Además de ser una historia totalmente entretenida y fantásticamente desarrollada, la novela es un homenaje perfecto a películas como La fiera de mi niña, pese a que poco tenga que ver una historia con otra. Escenas como la sesión de espiritismo podrían haber encajado perfectamente en una de las grandes comedias de la época y los personajes más excéntricos de la novela se corresponden perfectamente con los arquetipos de este tipo de historias. De paso, también le da tiempo a homenajear a las grandes autoras de la novela clásica de detectives. 

Una obra redonda tanto por sí misma como en su calidad de modernización de la comedia clásica estadounidense en clave de ciencia ficción. 

Con Incluso la Reina Willis hizo triplete de Hugo, Nebula y Locus hablando sobre… la regla. Unos lo consideran un cuento feminista, otros lo contrario y hay quien dice que es ambas cosas a un tiempo. La autora nos retrata un escenario donde sufrir la regla se ha convertido en opcional y una corriente de pensamiento conocida como las ciclistas afirma que lo liberador es tenerla (además celebran rituales en torno a la misma) y que los remedios que la bloquean son un mecanismo de opresión. Cuando la hija pequeña de la protagonista se plantea unirse a ellas, organiza una reunión con otras integrantes de la familia, y alguna incorporación inesperada, para debatir cómo convencerla de que no haga tal cosa.

No sé qué intenciones tendría Willis al escribir esta historia, pero creo que refleja cómo el feminismo no es monolítico y hasta qué punto pueden ser antagónicas algunas corrientes dentro del mismo. También se agradece leer una historia en la que un grupo de mujeres hable con naturalidad de las incomodidades de la menstruación, sin tapujos ni mitificarla, más si pensamos en que hablamos de un relato escrito al inicio de los noventa. 

En lo que se refiere al uso del humor, la historia es un homenaje claro a esas escenas de comedia multitudinarias en las que diversos personajes se van reuniendo, no siempre tras haber sido invitados, en un mismo escenario estableciendo un diálogo tan caótico como divertido.

En el Rialto, por su parte, es pura comedia de equívocos con unas dosis de física cuántica. La historia se centra en un congreso anual de física cuántica que tiene lugar en Los Ángeles en el que… generosamente, toda la organización es un desastre, reservas desaparecidas, habitaciones mal asignadas, maletas perdidas, viejas rencillas entre investigadores, recepcionistas más pendientes de su potencial carrera cinematográfica o modelística que de su trabajo real, la protagonista dudando si retomar o no el rollete que tiene con otro asistente al evento… La novelette puede considerarse más comedia que ciencia ficción pero Willis se las arregla para ir relacionando la física con situaciones que se producen en la narración.

T. Kingfisher 

¿Os habéis topado muchas veces con esa pregunta sobre de qué autora comprarías a ciegas cualquier cosa que publicase? 

Pues bien, ahora mismo T. Kingfisher me ha conquistado de tal forma que, si hoy anunciase la publicación de la biografía de sus gallinas, la añadiría a la lista de futuras compras. Me da igual que escriba terror, revisiones de cuentos populares, fantasía o romance adornado con cabezas cercenadas; sus historias siempre me enganchan y me han sacado en varias ocasiones de bloqueos lectores. 

La reciente newsletter de Ursula Vernon se llama Wombat Dropings (cagarrutas de wombat). Fuente.

Si no estás familiarizado con ella, T. Kingfisher es el seudónimo bajo el que Ursula Vernon firma sus obras dirigidas al público adulto e historias juveniles demasiado excéntricas, o chungas según los editores, como para encontrar hueco en la edición tradicional. Muchas de ellas las autoedita bajo el sello Red Wombat.

Su prosa acostumbra a estar impregnada de ironía, especialmente cuando narra desde la primera persona o una tercera centrada en el punto de vista de un solo personaje. Así vemos reflejadas sus inseguridades, cómo exponen sus propios defectos, afrontan las injusticias o lidian con situaciones que les superan, sea por increíbles o por cómo su vida se ha descontrolado en un parpadeo. Esta voz irónica le sienta muy bien a sus dos novelas de terror publicadas hasta la fecha, que ya analizó brillantemente Carla Bataller. El humor negro con el que las protagonistas de ambas afrontan sus problemas no hace las situaciones por las que pasan menos terroríficas, si acaso, refuerza la inquietud que transmiten. De hecho, soy lectora curtida en terror y The Hollow Places es una de las novelas que más tensión, placentera, me han generando a lo largo de su lectura; creo que nunca me dejará de escalofriar recordar cierta escena relacionada con un autocar.

También tiene un talento excepcional para introducir elementos extravagantes  que se integran en la historia con completa naturalidad, además de ganarse a las lectoras. Prueba de ello es Bob, la masa madre caníbal que la hechicera protagonista de The Wizard Guide for Defensive Baking tiene como familiar. En una historia donde el humor está al servicio de cierta crítica social, reflexiones sobre la guerra o los peligros cargar a gente muy joven con responsabilidades que no les corresponden, Bob podría resultar demasiado excéntrico y excesivo, pero no solo encaja perfectamente en la trama, sino que se convierte en uno de los personajes más carismáticos. Por cierto, la autora autoeditó la novela porque las editoriales la veían demasiado inclasificable y chunga para el público juvenil; este año lleva ganados ya varios premios en esa categoría, entre ellos el Lodestar (conocido como el Hugo juvenil).

Pero si por algo destaca T. Kingfisher es por su talento para hacer humor a costa de sus protagonistas, pero sin ridiculizarlos o caer en tópicos rancios. Este humor (además de que los enamorados no tengan que ser necesariamente jóvenes o guapos) logra que sus tramas románticas gusten incluso a lectores no aficionados al género. Especialmente en la serie de los Paladines del Santo del Acero; una colección de novelas independientes que mezclan a un grupo de paladines rotos tras la muerte de su dios, romance, esperanza y saludables dosis de gore, sin olvidar la crítica social característica en la autora. Los protagonistas suelen ser tan torpes a la hora de reconocer si les están lanzando ficha o expresar su amor, que sus inseguridades románticas despiertan empatía hacia ellos, en vez de burla.

¿Eres tú, Bob? Fuente.

No me gustaría despedirme de T. Kingfisher sin mencionar a un personaje suyo por el que siento un cariño especial. Slate, protagonista de la bilogía Clocktaur War. Slate es muchas cosas, entre ellas una falsificadora obligada a participar en una misión suicida. También es alérgica a la magia y eso la hace estornudar de forma muy poco discreta por más que trate de contenerse. Por supuesto, rara vez tiene un pañuelo cuando lo necesita. Ambos rasgos se usan de modo cómico con frecuencia. No obstante, los pañuelos también juegan su papel a la hora de ir descubriendo el afecto que siente por ella otro personaje y la alergia supondrá un peligro en algún momento clave de la historia. Lo que me llegó al alma, como plurialérgica que estornuda con la discreción de un elefante, es que esto no invalida ni ridiculiza al personaje, nos despierta empatía hacia ella. Algo muy de agradecer, porque casi siempre he visto las alergias y similares usadas para ridiculizar, hacer repelente o convertir en un incordio al personaje que las sufre.  

Y por último. De la faceta adulta de Ursula Vernon solo hay disponible en español la estupenda La ladrona de tomates, editada por Cerbero con una maravillosa traducción de Arrate Hidalgo. Así que aprovecho para decir… ¡Necesitamos más T. Kingfisher en español!

Nuestras maestras del humor 

No puedo hablar de literatura fantástica sin hablar de tres autoras actuales españolas que me han sacado carcajadas, muchas sonrisas y ayudado a superar más de un bloqueo lector. Raquel Froilán, Almijara Barbero Carvajal y Nahikari Diosdado. Las dos primeras, además, fueron las impulsoras de ¡Maldita la gracia!, antología de relatos fantásticos de humor cargada de talento en la que tuve el honor de participar. 

Las tres tienen estilos muy diferentes entre sí, pero tienen en común un humor fresco, bien trabajado y, sobre todo, ajeno a ranciedades que convierte a sus historias no solo en un grandísimo entretenimiento sino también en un espacio seguro. Y las tres han publicado con Editorial Cerbero.

En Gamusinos, Raquel Froilán nos ofrece una original parodia de los arquetipos de la ciencia ficción clásica. Sin embargo, y esta es una de las grandes virtudes de la novela, no es necesario ser conocedora de esta, ni siquiera ligeramente, para que la novela nos guste. Gamusinos hace gracia y funciona por sí misma. Además, la autora domina otras facetas del humor, más allá del homenaje paródico, desde recurrir a los famosos gamusinos que dan nombre a la historia, como a la hora de crear gags hilarantes o sacarnos una carcajada al referenciar los mil y un lugares de la zona que se llaman «x del Cristo». 

Las mocedades de Rodrigo fue seguramente mi lectura favorita de 2019. Una revisión de la juventud del Cid, en clave queer y gozosamente mamarracha. En ella, Rodrigo es un mozo de cuadra esmirriaó que se convierte en el mazado Cid por obra y gracia del Flurflur; en su periplo le ayudan, o lo marean, cuatro vírgenes no del todo bien avenidas y también asoman un coro griego, mujeres pirata, perretes adorables y hasta una vaca. Entre tanto desmadre escrito con desparpajo y un cuidado gusto por el lenguaje y la recuperación de palabras añejas, también hay tiempo para la seriedad y la emotividad, que se mezclan perfectamente dentro del conjunto. 

Remedios con unas amigas. Fuente.

Nahikari Diosdado ha publicado ya cinco novelas cortas y varios relatos muy enraizados con la mitología y la cultura de su País Vasco natal. Sus obras destacan por abordar con mucha sensibilidad problemas como la salud mental, la discriminación LGBT+ o las luchas sociales, salpicándolas de un humor que jamás banaliza estos y unos finales que te dejan el corazón calentito. 

Con la serie juvenil iniciada por Prácticas Mágicas y continuada con Magia en Cadena se ha ganado un público fiel y totalmente entusiasta de la pareja conocida como «Argóndiga». La saga destaca por su frescura, la forma en que se entremezcla la magia y lo sobrenatural con lo cotidiano en un Euskadi alternativo, sin olvidarse de que el humor también sirve para hacer crítica social. 

Además de por esta saga, reconozco que tengo debilidad por su Lauburu, una arriesgada mezcla de drama crítico y mamarrachismo sin complejos. La novela narra la historia de unas antiguas brujas, arrestadas injustamente por la Inquisición que, tras perecer en un incendio, están sumergidas en un ciclo eterno de reencarnaciones. Se han reencontrado en el presente y están dispuestas a disfrutar de la vida lo mejor que puedan, pero un grupo de neonazis no están por la labor de facilitarles la existencia. En la historia se mezclan la historia pasada y la presente, estando narrada la primera de ellas el tono dramático que piden los hechos y con total respeto hacia las pobres mujeres. El humor se concentra en el presente y, aunque pueda chocar en un primer momento, se me antoja muy lógico que unas mujeres que ya están de vuelta de todo se tomen la vida y sus avatares un tanto a cachondeo, disfruten de los pequeños placeres que esta les ofrece y se peleen con el funcionamiento del móvil como tantas otras personas de su edad. 

Podría seguir nombrando autoras y obras, y analizando el modo en que introducen brillantemente el humor en sus obras, pero no es cuestión de eternizarnos ni este artículo busca ser un listado exhaustivo. Queda demostrado que el humor es compatible con todo tipo de tramas, incluso con el terror más estremecedor, sin que por ello deslustre la calidad de la obra. Solo hay que usarlo bien y a ser posible apuntar hacia arriba con los dardos y no hacia las víctimas de siempre. Y creo que además no podemos dudar ya de que las autoras tengan gracia o que no dominen las distintas facetas del humor o de la buena salud que goza este en la literatura fantástica. 

Si aún quedan dudas, basta recordar que Martha Wells ha ganado este año el Hugo a mejor novela con Network Effect, protagonizada por su Matabot aficionado a los culebrones, que también ha ganado el premio a mejor serie.  Y ya que hablamos de los Hugo, el episodio final de The Good Place se llevó el premio en la categoría de ficción audiovisual en formato corto. El cuarto en otras tantas temporadas, casi nada para una comedia buenrollera. 

Dejando a un lado los Hugo 2021, Charlie Jane Anders, quizá una de las mejores relatistas de la actualidad, ha publicado este año una compilación de textos cortos en las que historias más dramáticas y angustiosas se mezclan con otras impregnadas de su inigualable humor y también la estupenda novela de ciencia ficción juvenil (primera de una trilogía) Victories Greather than Death. Becky Chambers tampoco rehuye del humor cuando nos deja el corazón calentito, sin dejar de tocar temas serios, con su ya terminada serie La Peregrina. 

En definitiva, gran cantidad de autoras han dominado y siguen dominando las combinaciones de humor y literatura fantástica en sus muchas expresiones, otra cosa es que su obra resulte accesible en nuestro mercado o que el canon patriarcal reconozca sus méritos. Nosotras no podemos cambiar el mercado editorial, pero en nuestra mano está como lectoras luchar porque estas y otras autoras no sean escondidas bajo la alfombra de la invisibilización. 

Ana Morán Infiesta
Ana Morán Infiesta (Reseñas/Artículos): Tejedora de historias y monstruos de ganchillo. Amante del terror clásico y los sombreros tipo fedora. Puedes encontrar más información sobre ella en su web. Twitter


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