Reseña: Así se pierde la guerra del tiempo

Quemar antes de leer.

En mitad de una guerra temporal e infinita, en la que dos superpotencias luchan a través del tiempo con el único fin de vencerse la una a la otra y asegurar su supremacía, nace con estas cuatro sencillas palabras, «Quemar antes de leer», una especial y profunda relación entre las protagonistas de la novela: Roja y Azul.

Les autores de la novela: Amal El-Mohtar y Max Glastone. Fuente.

Me confesaré antes de empezar a hablar sobre esta novela corta: no voy a ser subjetiva, es imposible. Así se pierde la guerra del tiempo fue mi lectura favorita del año 2021 y, aunque la edición tiene algún fallo ortotipográfico, solo tengo aplausos para el trabajo de Insólita y para la traducción de Christian Rodríguez.

La historia está escrita a cuatro manos por Amal El-Mohtar y Max Glastone. Fue publicada en el año 2019 y se alzó ganadora de los premios Hugo, Locus y Nebula. En el año 2019, fue publicada al catalán por Mai Més Llibres y en 2021 ha sido publicada en castellano por Insólita Editorial.

Les autores cuentan en los agradecimientos que la escritura de esta novela comenzó con una larga correspondencia entre ambos. Esto es, como mínimo, bonito y simbólico, puesto que la novela que hoy tenemos entre manos se desarrolla también de forma epistolar.

Antes de adentrarme con un poco más de profundidad en el argumento de Así se pierde la guerra del tiempo, me gustaría comentar que la narración del libro es preciosa. La prosa que se usa, y que traduce Christian Rodríguez, baila creando frases y rozando la poesía. Esto hace que, a veces, el texto sea un poco complicado y que la lectura requiera algo más de atención de la habitual. Pero, a mi parecer, no es malo; solo algo a tener en cuenta.

Y es que la novela se lee sola. Salta de carta en carta, con pequeños pasajes de la vida de las protagonistas entre medias, en una estructura sencilla y ágil. Unido esto a su corta longitud, de apenas 180 páginas en la edición de Insólita, el libro te durará un par de horas.

Portada de la novela en la edición de Insólita. Fuente: Insólita Editorial.

La historia empieza desde la perspectiva de Roja, agente de la Agencia, quien tiene ese día la misión de ascender por los hilos del tiempo hacia el pasado y asegurarse de que, en la batalla, no haya ningún superviviente. Entre los restos del combate, entre el caos y la muerte, se encuentra con una carta en el suelo que empieza con las cuatro palabras con las que he elegido abrir la reseña: «Quemar antes de leer».

Detrás de las líneas que contiene la carta, se encuentra Azul, agente del Jardín, que sigue los pasos de Roja para sabotear su objetivo. Aunque, claro, en otras ocasiones es Roja quien sabotea las acciones de Azul. La una detrás de la otra, siempre. Primero en el campo de batalla, y después entre las líneas de una correspondencia prohibida que crece y crece con el paso del tiempo mientras la guerra se gana o se pierde (depende del punto de vista, depende del hilo, del multiverso y del momento).

Es muy interesante ver cómo les autores nos muestran un mismo acontecimiento desde dos puntos de vista distintos. A veces lo presenciamos a través de los ojos de una de las protagonistas, pero otras lo leemos en las palabras que plasman en sus cartas. La alegría de la victoria de una se mezcla con la tristeza tras el fracaso de la otra, y ambos sentimientos quedan de lado según crece el cariño y la admiración entre ellas.

También hay un segundo detalle que me ha gustado mucho, y que me parece uno de los más importantes de la novela, pues en él se ve la buena construcción que hay de los personajes: y es que, por la forma de escribir las cartas, puedes saber quién es la autora de las mismas.

Las personalidades de Roja y Azul están muy bien definidas tanto en su forma de escribir como en su manera de trabajar. Mientras que una es rápida y no se anda con rodeos a la hora de cumplir con su misión, la otra es más lenta y discreta. A la vez, una escribe largas cartas y habla de su vida sin problemas (aunque siempre guardando los secretos de la facción a la que pertenece) y la otra escribe misivas cortas y directas.

A veces, cuando me escribes, dices cosas que yo he callado. Quería decirte: «quiero prepararte un té», pero tú me escribiste sobre tomar uno juntas.

Lámina de Marina Vidal, inspirada en la novela. Fuente: Blog Más que veneno.

Lo bonito de la relación entre las protagonistas es que se cocina a fuego lento y que les autores nos van enseñando cómo crece y se vuelve más profunda en los detalles que se cuentan y en la forma de actuar de las protagonistas. Poco a poco, iremos conociendo más a Roja y a Azul y, a la vez, ellas se irán conociendo entre sí. Su confianza crece sin prisa y sobre seguro, y la relación de amistad y de amor florece con fuerza entre las palabras que se mandan.

En paralelo a esto, les autores nos presentarán otra trama más que será la que desencadenará el final. Una sombra sigue los pasos de Azul y Roja y rebusca entre los restos de sus cartas (ellas, tras leerlas, siempre las destruyen). ¿Alguno de los dos bandos ha descubierto su relación? El final de la historia se precipita hilo arriba e hilo abajo con rapidez, llevando al lector a devorar las últimas páginas con el fin de descubrir cómo acaba esta novela tan especial.

Esta trama final, que se cuece desde la primera escena, así como los detalles que nos van dejando escondidos les autores tanto en las cartas como en las escenas protagonizadas por las soldados, invitan a una relectura segura.

Así se pierde la guerra del tiempo es un baile entre la fantasía, la ciencia ficción y el romance, y entre la poesía, la prosa y la epístola. Los géneros y las formas de escritura pierden sus límites y se entremezclan, dando lugar a una obra narrativa bonita, curiosa y única.

Raquel Aysa Martínez
Raquel Aysa Martínez (Fichas de autoras/Artículos/Reseñas): Feminista, historiadora, lectora y escritora con varios relatos publicados (y otros tantos en el cajón). Adicta a la fantasía, a la ciencia ficción, al arte y a Twitter.


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