Wandavision (La Bruja Escarlata y Visión): una carta de amor a la historia de los personajes

Aunque el concepto de la serie pueda resultar una ocurrencia un tanto absurda, el equipo de guionistas ha creado lo que no es solo un excelente análisis del duelo, el poder, el sacrificio y la pérdida, sino un auténtico homenaje a la historia de los personajes y de las comedias estadounidenses.

Suena casi a chiste, ¿verdad? Una bruja y un androide entran en un barrio residencial de Virginia y… Mucha gente estaba emocionada cuando se anunció que el Universo Cinematográfico Marvel (MCU por sus siglas en inglés) se extendería a la pequeña pantalla, manteniendo a los actores de las películas y la calidad de producción. Grandes superproducciones de Hollywood pero partidas en trocitos, vamos.

En un principio la primera entrega que recibiríamos sería, precisamente, Falcon y el Soldado de Invierno, que resultó ser exactamente eso: una película larga. Finalmente, las fechas de lanzamiento cambiaron y tomó la delantera otra serie que, en principio, resultaba mucho más arriesgada: Wandavisión (llamada en España La bruja escarlata y Visión por un tema de derechos; yo la llamaré Wandavisión de aquí en adelante porque es un nombre que me parece interesante).

El primer capítulo de Wandavisión (escrito por Megan McDonell, Chuck Hayward y Gretchen Enders) nos lanzaba de cabeza a una comedia romántica estilo años 50, con una banda sonora que reflejaba sorprendentemente bien el estilo musical de la época, en la que unos recién casados Wanda Maximoff y Visión se mudaban a una casita en el barrio residencial de Westview, Virginia, y vivían divertidas y locas situaciones en las que intentaban integrarse en la vida del barrio con sus vecinos normales, ocultando sus poderes y su identidad.

Risas de episodio grabado con público en directo, efectos especiales de la época… y de pronto un glitch: un personaje atragantándose, su mujer pidiéndole que pare sin que se le borre la amplia sonrisa, Visión observando sin hacer nada. Se acabó la alegre banda sonora, las risas del público, los planos amplios. Adiós, Yo amo a Lucy; hola, The Twilight Zone. Wanda, saliéndose del papel de esposa pizpireta: «Visión, ayúdale», ordena con seriedad. La actuación pone los pelos de punta, pero no es solo una escena impactante, sino que, sin saberlo, acabamos de descubrir qué está pasando.

Wanda Maximoff y su marido Visión entrando a su idílica vida en blanco y negro en Westview, Virginia.

Por si acaso, me veo en la obligación de avisar de que pienso spoilear salvajemente la serie, así que si no la has visto te recomiendo que dejes de leer aquí y vuelvas más adelante. Esto no es por capricho, porque es una serie que merece ser analizada en profundidad, sobre todo para que se entienda el mensaje que pretendo transmitir: Wandavisión no es una ocurrencia graciosa, es una auténtica carta de amor a la historia de los personajes y a los temas que han regido sus líneas narrativas durante décadas en los cómics, una obra compuesta de temas complejos, decisiones valientes y un mimo y un cuidado que merece ser apreciado.

Sin embargo, antes de entrar en la serie, necesitamos conocer a sus protagonistas.

Una breve (y esperemos que no demasiado confusa) retrospectiva de Bruja Escarlata y Visión en los cómics Marvel

Digo breve con intención, porque repasar la trayectoria de personajes que fueron introducidos en el mundo del cómic en los años 1964 y 1968 respectivamente es, en el mejor de los casos, una tarea sobre la que podrían correr mares de tinta. Si además tenemos en cuenta que estos personajes no han tenido la trayectoria más lineal, precisamente, sino que han sufrido reinvenciones, reescrituras y meandros varios, lo único que se puede intentar es ofrecer una perspectiva superficial pero amplia. Y esperemos que no sea demasiado confusa.

El pasado de Bruja Escarlata

Wanda Maximoff, la Bruja Escarlata, aparece por primera vez en The X-Men #4, durante la llamada época de plata de los cómics. Gemela de Pietro Maximoff, Quicksilver (Mercurio en español), Bruja Escarlata y su hermano se presentaban por primera vez como antagonistas de la Patrulla X: dos mutantes fundadores de la malvada Hermandad de Mutantes, la organización terrorista liderada por Magneto que pretende erradicar a los Homo sapiens y establecer a los mutantes como la especie superior del planeta. Los gemelos debieron gustar (lo digo en subjuntivo  porque en los años 60 me quedaban casi 30 años para ser siquiera un cigoto, así que no pude presenciarlo), porque un año después los Maximoff daban el salto de villanos a héroes y se unían nada menos que a los Vengadores. Tremendo ascenso.

Durante la primera etapa, los hermanos Maximoff se nos presentaron como mutantes de origen romaní: Pietro, velocista; Wanda, con el poder poco definido pero muy interesante de alterar las probabilidades. Pero, como ya he dicho, su historia no es ni mucho menos lineal, y su ascendencia y linaje se han retconneado (reseteado, reescrito) varias veces desde los años 60.

Primero, hijos de los humanos Django y Marya Maximoff, que posteriormente resultaron no ser sus padres biológicos sino adoptivos, entregados a los Maximoff por el Alto Evolucionador, un supervillano genetista (no preguntéis, no hay tiempo para explicarlo), con lo que su parentesco biológico se convertía en un misterio. En la época dorada de los cómics, durante los años 70, se reveló que sus padres eran Robert y Madeline Joyce Frank, el Zumbador y Miss América respectivamente (de nuevo, no hay tiempo para hacer preguntas); durante esta época, Wanda llegó a adoptar el apellido de sus padres y hacerse llamar Wanda Frank.

Wanda Maximoff llora en la propiedad que Visión compró para ambos, justo antes de perder el control de sus poderes y dar inicio a los eventos de Wandavision.

Como al parecer a los gemelos se les caducan los parentescos cada diez años, en la década de los 80 se les dio una nueva ascendencia: nada menos que Magneto, uno de los villanos más legendarios del universo Marvel. Ese parentesco les duraría más que los anteriores (icasi treinta añazos!), hasta que en el evento crossover AXIS (editado por Panini) de 2014 se revelaba que Magneto no era el padre de los gemelos. Las últimas noticias que tenemos en ese frente vienen de la mano de James Robinson en la cabecera de Bruja Escarlata (2015-2017), en la que vivimos otro retconneo biológico de los hermanos. ¿Recordáis a los primeros padres, Django y Marya, de los años 60? Tranquilos, no han vuelto a ser sus padres biológicos: ahora son sus tíos biológicos, la madre de los gemelos siendo Natalya Maximoff, la anterior Bruja Escarlata e hija del Hechicero Escarlata, que sería el abuelo de Wanda… y de Pietro. La verdad es que el velocista parece ser la oveja negra de la familia. Si os preguntáis quién es a día de hoy el padre… ese misterio no ha sido resuelto. Veremos adónde nos lleva el próximo retcon.

El origen de Visión

En cuanto a Visión, es un retconneo en sí mismo: de las cenizas de un personaje del mismo nombre (y que, por lo visto, no gozaba de la mayor de las popularidades) Roy Thomas y John Buscema presentaron un androide (o, para ser explícitos, sintezoide: es un humano en todos los sentidos menos en el material que lo forma) creado por el malvado Ultrón en The Avengers #57 con un único propósito: destruir a los Vengadores. Afortunadamente, el androide se rebeló contra su creador y se puso del lado de los héroes, con lo que pasó muy pronto a formar parte del lado de los buenos.

Hay mucho más que contar, por supuesto, pero de momento creo que tenemos a los protagonistas de Wandavisión bien encauzados.

Un amor que desafió la intolerancia

Así llegamos a la típica situación de comedia romántica. Son los años 80, años de explorar los temas de la discriminación, el amor y la identidad, y qué mejor manera de hacerlo que con la típica historia de romance: mutante conoce a androide, mutante se enamora de androide, mutante y androide se casan, mutante y androide se mudan a una casita en un tranquilo barrio residencial para hacer su vida, vecinos racistas del matrimonio les queman la casa. Lo típico, vamos.

Lo que empezó como un plot device para explorar la dimensión más humana de Visión se convirtió de pronto en el romance favorito de los lectores. Aunque la fantasía del sueño americano de clase media de casita en las afueras, barbacoa los domingos y 2,5 hijos empezó tirando a mal, el matrimonio quiso darle otra intentona a la vida en Leonia Street. Es en esa época en la que Wanda explora la parte más mágica de sus poderes con la ayuda de la hechicera Agatha Harkness. Por asuntos que sería demasiado largo contar, durante esta etapa de aprendizaje mágico Wanda accede a una fuente de infinito poder y se queda embarazada por… por su propia voluntad, en esencia. El embarazo llega a término y con el Doctor Extraño de improbable matrona llegan al universo de los cómics de Marvel Billy y Tommy.

En el polémico arco de Los Vengadores Costa Oeste: En busca de La Visión, nuestro androide favorito es desmantelado y vuelto a montar, pero en el proceso ha perdido sus emociones y toda su humanidad (y su color: es el Visión Blanco). En la cabecera de Vengadores Costa Oeste se exploró esta ruptura de la familia y la búsqueda de Wanda del que un día fue su marido.

Al final de Vengadores: Infinity War, se puede ver la expresión casi de alivio de Wanda al desaparecer tras las dos muertes seguidas que ha presenciado de Visión.

Es en este arco que descubrimos que Billy y Tommy son constructos mágicos creados a partir de lo que podríamos denominar un embarazo psicológico sobrenatural (una frase que no se lee todos los días). Los niños tendrían que haber sido solo ilusiones, pero tenían entidad y alma; en Vengadores Costa Oeste: Bruja Escarlata Oscura descubrimos que durante esa excursión de Wanda al poder místico entró en contacto con Mefisto y le robó dos almas, que le otorgó de manera subconsciente a esos niños/constructos que estaba gestando. Mefisto decide reabsorber a los niños, quedando con ello unido a los poderes de Wanda, y para cortar esa conexión Agatha borra de la mente de Wanda el recuerdo de los niños.

Unos cuantos lavados de cerebro por aquí y por allá, la Visión recuperando sus emociones… durante unos 15 años digamos que la vida del matrimonio (que ya no es matrimonio, pues durante la pérdida de la Visión de sus emociones dan la relación por rota) vuelve a su normalidad superheroica. Hasta el año 2004.

Wanda pierde los papeles (y la realidad sufre por ello)

En un intento por relanzar la cabecera de Vengadores, Brian Michael Bendis puso en marcha un evento que a día de hoy es considerado un verdadero clásico: Vengadores Desunidos. El resumen en pocas palabras sería que Wanda tiene la crisis de salud mental que llevaba décadas gestándose y empieza a manipular la realidad de manera subconsciente, con lo que los Vengadores tienen un día de mierda de proporciones antológicas: antiguos amigos vuelven en forma de zombie, la Visión les ataca, se enfrentan a unos cuantos Ultrones y a algunas naves kree y skrull, Ironman está borracho a pesar de no haber probado una gota… Lo que es el día de mierda que se llevaría el trofeo al mejor peor día de la historia. Y en ese día, los Vengadores se desbandan.

Al descubrir que todas sus desgracias serían obra de su compañera vengadora y mutante Wanda, tanto los Vengadores como la Patrulla X se enfrentarían por su destino, con algunos creyendo que lo que ha hecho es imperdonable y otros queriendo darle el beneficio de la duda. Cuidada por Magneto (recordemos, en 2004 todavía es su padre) y su hermano, y sabiendo que el resultado más probable de toda esta crisis es que la maten, Pietro le suplica a Wanda que vuelva a cambiar la realidad para poder salvarse. Y lo hace, esta vez de manera consciente.

Dinastía de M nos lanza a esa nueva realidad que ha creado Wanda con su simple voluntad. En ella, ha cumplido el sueño de su padre: los mutantes son la raza predominante en el planeta, y de entre ellos ninguno es más poderoso que el gran Magnus de Genosha. Gracias a Lobezno (que ha sufrido tantos lavados de cerebro que el de Wanda no le hace efecto) y a una niña que desarrolla el poder mutante de devolver a las personas los recuerdos de su vida pre-Wanda.

Comparativa entre la Agatha Harkness de Wandavision (izquierda) y la de los cómics (derecha).

Después de que este cambio de realidad, que se suponía que tenía que crear un mundo feliz y perfecto, acabe en batalla como siempre, Wanda pone fin a la dinastía de Magneto con tres palabras: «no más mutantes». Y de esta forma, devuelve la realidad a su estado anterior, excepto que casi todos los Homo superior pierden sus habilidades y vuelven a ser Homo sapiens: un genocidio de la especie mutante. Wanda, por su parte, se desvanece.

De nuevo, pasa el tiempo: del vacío que dejan los vengadores tras su desunión surgen los Nuevos Vengadores y los Jóvenes Vengadores, se reconstruye un Visión… Wanda hace alguna aparición esporádica, pero parece estar viviendo en la legendaria tierra de Wundagore, amnésica, sin saber quién es. Wanda ya no es una prioridad ni para los Vengadores ni para la Patrulla X: hay mucho que reconstruir tras sus manipulaciones de la realidad.

Si los adultos no pueden con ello, es hora de que prueben los niños

En la cabecera de los Jóvenes Vengadores conocemos a Tommy Shepherd (Veloz) y Billy Kaplan (Wiccan): dos jóvenes con un parecido asombroso (¡podrían ser gemelos!), uno velocista y otro con poderes místicos (¡qué casualidad más casual!). Al ver el parecido de esos niños de distintos padres biológicos con sus propios hijos (recordemos, aquí todavía no han retconeado otra vez el origen de los hermanos Maximoff), Magneto busca a los Jóvenes Vengadores pensando que pueden ser la reencarnación de las almas que Wanda usó para los pequeños gemelos a los que dio a luz… Qué lío. En resumen: Veloz y Wiccan podrían, en un sentido espiritual si no biológico, ser hijos de Wanda, y por lo tanto sus nietos; y por lo tanto, podrían ayudar al mutante a encontrar a sus hijos.

La Cruzada de los Niños es precisamente esto: la historia de cómo Tommy y Billy (especialmente Billy; de verdad, qué mal trata esta familia a los velocistas), junto con el resto de su grupo, los Jóvenes Vengadores, encuentran a una Wanda sin poderes que no recuerda haber sido nunca la Bruja Escarlata y que está a punto de casarse con el malo maloso de cabecera del universo Marvel: el Doctor Muerte.

Tras recuperar la memoria y sus poderes, casi convertir (sin querer) a Muerte en un dios con poder infinito y descubrir que fue Muerte el que la llevó a tener aquella crisis que desencadenó todo su poder destructivo en Vengadores Desunidos (It was Victor von Doom all along! Ya lo hemos dicho antes: el malo maloso de cabecera de Marvel, si pasa algo malo hay un 90% de posibilidades de que Muerte esté detrás), Wanda hace una promesa de enmendar todo el dolor que ha causado y marcha a su propia cabecera, donde se dedica a desfacer entuertos mágicos y a vivir ese último retconneo en el que conoce a su última madre biológica, Natalya Maximoff.

A la tercera va la vencida (o no)

De la Visión, después de haber sido asesinado en la crisis nerviosa de Wanda y revivido, realmente solo merece la pena mencionar su propia cabecera, La Visión, en la que se construye una familia sintezoide e intenta, por tercera vez, vivir esa fantasía suburbana de casita en barrio residencial, barbacoa los domingos y 2.5 hijos. Digamos que salió más o menos igual de bien que las dos anteriores.

¿Te da vueltas la cabeza? Normal. Por resumir: Wanda y Visión se enamoran e intentan vivir su romance de la forma más normal posible, sueñan con poder vivir una vida normal pero no parece que les vaya a ser posible; una Visión reconstruida e inhumana de color blanco; unos niños mágicos imposibles; una crisis mental, unos poderes descontrolados, una realidad que pretende ser ideal pero cuya ilusión no puede mantenerse para siempre. ¿A que suena de algo?

La serie Wandavisión

Si has conseguido sacar algo en claro de la sección anterior (y créeme que entendería que no fuera así), verás que la historia coge todos los elementos esenciales de más de cincuenta años de historias de Bruja Escarlata y Visión y han conseguido encajarlos en 9 capítulos de 50 minutos cada uno.

Pongámonos en situación: Wanda vuelve cuando Ironman revierte el chasquido de Thanos en Endgame. Para ella, acaba de matar a su amor, ha visto cómo Thanos lo revivía con la Gema del Tiempo y cómo le arrancaba la Gema de la Mente, volviendo a matarlo. Hago un inciso para recordar la expresión de Elizabeth Olsen al interpretar cómo se desvanecía tras el chasquido: esa expresión casi de alivio al dejar de existir. Cuando vuelve, para el mundo han pasado cinco años: para Wanda acaba de ocurrir. Y por supuesto, va a buscarlo.

En el capítulo especial de Halloween de su particular serie (siempre tiene que haber uno), Wanda y “Pietro” comparten algunos momentos extraños vestidos con sus disfraces clásicos de la era de plata de los comics.

En la sede de SWORD, se lo encuentra desmantelado, deshumanizado: llamado «propiedad», «arma». Sobre todo, está muerto. Wanda está sufriendo su segundo duelo en poco tiempo en el MCU: primero el de sus padres, cuando era una niña; después, el de su hermano, en Vengadores 2: la Era de Ultrón; ahora Visión, su amado. Acepta que en ese cuerpo ya no está su Visión, solo es metal, y por eso se marcha y busca, básicamente, el último regalo de Vis: los cimientos de una casa en Westview, Virginia, que Visión había comprado «para envejecer juntos». Ese es el punto de ruptura de Wanda: ese es el momento en el que rechaza la realidad porque le resulta insoportable y se crea otra nueva, más amable, más agradable, más predecible, bajo su control.

No hubo palabras: no hubo «no más mutantes». No hubo una intención de hacer daño. Wanda simplemente no pudo soportar más todo el dolor que llevaba dentro y este… salió.

La dueña de su propia historia

Cuando se introdujo a los hermanos Maximoff en el MCU, no podían ser mutantes (temas de derechos) y todavía no se había tocado la magia en esta iteración Marvel: de hecho, en la primera película de Thor se dejaba entrever que para el asgardiano «magia es la ciencia que todavía no entendemos». Más adelante entró Doctor Strange en la parrilla cinematográfica con una patada en la puerta: no, la magia es magia, y además hay un multiverso.

Por tanto, los poderes de Wanda, que hasta Wandavisión habían sido considerados una   

«mejora» a partir de experimentos de Hydra con la Gema de la Mente y que se parecían más a la telequinesis y la telepatía que a los poderes de la probabilidad de la Wanda de los 60, se retconnean a magia aumentada gracias al poder de la Gema de la Mente.

A nivel particular siempre me había llamado la atención que, si los poderes de Wanda venían de la Gema de la Mente en el MCU, tuvieran el color rojo y los efectos de la Gema de la Realidad. Y es que son mucho más parecidos a la gema roja que a la gema amarilla: tenían más que ver con la realidad que con la mente (aunque en principio Wanda pudiera introducirse en la mente de sus adversarios para hacerles ver visiones). Pero, hasta ahora, no llegaban mucho más allá: telequinesis y visiones. Nada de modificar la realidad, nada de hechizos, nada de misticismo. Ni siquiera la llamaban Bruja Escarlata en ningún momento del MCU. Hasta ahora.

Wandavisión me parece un título excelente porque es a la vez una unión de los nombres del matrimonio y una indicación de qué estamos viendo: el mundo a través de Wanda, su visión de lo que debería ser. Por primera vez en el MCU Wanda puede hacer realidad esa visión, puede obligar a la misma realidad a plegarse a sus deseos. Puede crear un Visión corpóreo a través del poder de la Gema de la Mente que vive en ella; puede hacer que las casas se adapten a la estética que busca y convertir a las personas del barrio en los variopintos, si bien estereotípicos, personajes que espera ver en una comedia y situaciones que parecen problemas pero que al final de cada día se habrán resuelto y nos dejarán con una sonrisa y el corazón calentito. Wanda lleva el rechazo a la realidad y el escapismo hasta el límite, porque puede. Y solo quiere vivir su fantasía de felicidad familiar y que la dejen en paz.

Injerencias externas y la imposibilidad del control absoluto

Es un sueño imposible, por supuesto: por muy inocente (y lo es, no hay sentimiento más infantil, inocente y puro que el pensar que puedes hacer que todo esté bien y te dejen vivir en paz) que sea esta fantasía que Wanda se ha montado, no puedes secuestrar a un pueblo con un poder misterioso y que nadie se interese por ello. Como ocurría en los cómics, la fantasía de Wanda tiene consecuencias imprevistas: SWORD no piensa dejar que un fenómeno sobrenatural ocurra sin ponerle fin (y sin sacarle provecho); el casting de Wanda son personas reales que han sido arrancadas de sus vidas y sus personalidades y viven según los guiones que Wanda va creando sobre la marcha, sufriendo porque sienten el terrible dolor que ella siente y que intenta olvidar. Y tampoco puedes hacer alarde de un poder mágico extremo sin que alguna que otra brujilla avariciosa se sienta atraída por él (profundizaremos en esto más adelante).

¿Y qué pasa cuando lo hemos perdido todo menos un trocito, un único fragmento que nos mantiene cuerdos y que podemos controlar, e intentan quitárnoslo? Que nos aferramos a él con más fuerza. Es un instinto de protección casi animal: cuando la pérdida se vuelve insoportable, la idea de perder algo más nos lleva a difuminar las líneas de la moralidad. El control de Wanda se hace cada vez menos sutil y más consciente; los actores se salen del personaje para preguntarle a Wanda, como directora y showrunner, si está satisfecha, si quiere cambiar algo. Lo que en principio son instintos se convierten en decisiones conscientes, en la necesidad de controlar el constructo que se ha creado, ese entorno seguro.

Wanda es, en Wandavisión, un personaje que roza la tiranía, que vemos muy cerca de convertirse en villana. Aunque nos inspire simpatía y compasión, que nos las inspira, lo cierto es que sus acciones son terroríficas, pero están arraigadas en sentimientos extremadamente humanos.

Las mujeres con poderes monstruosos en ficción son un recurso habitual: dentro del mismo universo de los cómics Marvel tenemos el ejemplo de Fénix, Jean Grey, que también puede manipular la realidad a su antojo. Fuera, se vienen a la cabeza ejemplos como Monstress, de Marjorie Liu, o Nimona, de ND Stevenson. Y hay un motivo por el que estas historias funcionan tan bien: ¿quién no ha deseado poder cambiar algún aspecto (o muchos) de la realidad a simple golpe de voluntad? ¿Seríamos capaces de dejar ir ese control, o encontraríamos excusas para mantenerlo, para salvaguardar ese rinconcito seguro, y seguir considerándonos personas justas y buenas a pesar de las consecuencias?

Si nuestra relación sentimental se resiente, ¿no querríamos reavivar el amor aunque eso significara hurgar en los sentimientos de otra persona? Si alguien causara estragos en nuestras vidas, ¿no querríamos expulsarlos de ella? Si pudiéramos resucitar a un ser querido al que hemos perdido, ¿no lo haríamos? La diferencia está en que para nosotros esas fantasías son eso, fantasías: nunca nos encontraremos en esa tesitura. Wanda, y otros personajes de la ficción, sí. Ese es el verdadero drama: tener todo este poder, este dolor, y saber que podemos arreglarlo con un gesto, con una simple acción, aunque sea moralmente erróneo, y tener que decidir si tomar la decisión correcta o la decisión humana.

La familia que lucha unida permanece unida: Wanda, Visión, Tommy y Billy dispuestos a defender su hogar tanto de la Visión Blanca como de Agatha como de las fuerzas de SWORD.

Antagonizar, animar, doblegarse u obligar a enfrentar la realidad: he ahí el dilema

Las injerencias externas que sufre Wanda en su fantasía suburbana son de distintos tipos y tienen distintos efectos. Al final, estamos hablando de un evento sobrenatural que tiene origen en un fenómeno psicológico. Wanda ha elegido un mecanismo de supervivencia que hace daño tanto a ella como a quienes le rodean, y es curioso ver cómo las distintas estrategias de los personajes que la rodean tienen mucho que ver con las estrategias de intervención de crisis de salud mental en la vida real.

Los habitantes de Westview, los personajes secundarios en la ficción de Wanda y las verdaderas víctimas inocentes de todo este evento, se doblegan a su poder y desde su sumisión, en aquellos momentos en los que se liberan de su control negocian, suplican y la odian: «mi hija puede ser amiga de tus hijos, o incluso la bully del colegio, lo que tú quieras. Solo te pido que me dejes abrazarla», «sentimos tu dolor y nos está matando, por favor, libéranos»; «si no vas a liberarnos, solo te pido que nos mates». Es irónico que, al final, su deseo es el mismo que el que tiene Wanda cuando inicia todo este fenómeno: están sufriendo y solo quieren escapar de ese sufrimiento, pero mientras que Wanda no tiene una única fuente de dolor, ellos sí, y por lo tanto pueden odiarla aunque sepan que están a su merced. Su única posibilidad es intentar negociar con su victimaria.

SWORD toma la opción de antagonizarla: invaden su fantasía, la atacan, intentan romper ese espacio seguro de forma agresiva. Y, como suele ocurrir con otras estrategias de supervivencia, cuanto más nos aprietan más nos revolvemos. Cada ataque de SWORD contra Wanda le hace redoblar su influencia sobre ese trocito de mundo que controla, aislarse cada vez más, aferrarse a lo único que tiene. Al igual que ocurre con personas que adquieren adicciones o estrategias autodestructivas, SWORD no hace otra cosa que empeorar la situación cuanto más hostiles se vuelven contra Wanda.

Agatha Harkness, la bruja avariciosa que desea entender y después hacerse con los increíbles poderes de Wanda, se infiltra en su ilusión y toma el camino contrario: participa activamente en su fantasía. Esta acción, que en inglés llamamos enabling y que en castellano tiene una traducción un poco más peliaguda, podríamos definirla como el animar a la persona a seguir con sus comportamientos destructivos, ayudarla a justificarse y permitir que continúe con esa dinámica. Es lo que hace Agatha, ya sea a nivel personal o a través del supuesto «Pietro» que introduce en su fantasía.

No solo no muestra miedo o rechazo ante los poderes de Wanda, sino que los naturaliza, invitándola a abandonar la trama en la que Wanda y Visión intentan ocultar sus poderes y a abrazarlos, a mostrarlos con orgullo. A través de ese falso Pietro hasta se muestra comprensiva e incluso alaba cómo ha esquivado las tesituras morales de sus acciones: ahora el pueblo es más bonito, todos tienen mejores trabajos, ha mantenido a los niños dormidos en sus habitaciones para que no tengan que sentir cómo les manejan como si fueran marionetas. Pero también crea conflictos si piensa que así la llevará a mostrar todo el potencial de sus poderes, juega con su dolor y su mente. Agatha quiere llevar a Wanda al límite para ver cuánto puede sacar de ella.

Por su parte, tanto Visión dentro de Westview como Monica Rambeau, Jimmy Woo y Darcy Lewis desde fuera tratan de llegar a ella a un nivel más íntimo y emocional: desde la empatía. Confían en que Wanda tiene salvación, que esto no es una acción malvada sino el resultado del dolor, y por ello deben razonar con ella, convencerla de que destruya el constructo y tome la decisión adecuada, sin perder de vista su dimensión humana. Monica en concreto está en una situación parecida a la de Wanda: al volver después de los eventos de Endgame ha descubierto que su madre ha muerto, y comprende el duelo por el que está pasando Wanda, agradece no tener en su mano el poder de cambiar la realidad a su antojo porque, sinceramente, no sabe si podría no tomar la misma decisión que ella.

Wanda abraza su identidad y su poder como Bruja Escarlata, decidida a deshacer el mal que ha hecho y a comenzar una nueva vida.

Más allá de la magia, de las escenas de acción, del humor y del drama, hay un tema que subyace en todo Wandavisión: el duelo, la pérdida, el dolor. Al final es gracias a aquellos que le tienden la mano a Wanda en un sentido humano, la comprensión de todo el dolor que está causando a otros intentando huir del suyo propio, lo que hace que Wanda tome la decisión adecuada y lo pierda todo una vez más. Y eso, a su vez, le permite vencer a SWORD y a Agatha y tomar la decisión de perderlo todo una vez más. El inicio de un proceso de curación, una nueva comprensión del alcance de sus poderes y de la responsabilidad que tiene que ejercer al usarlos, una perspectiva de quién es desde un punto de vista moral: en definitiva, si no pasar página, comenzar a hacerlo.

Wandavision como homenaje a la historia de las series de comedia estadounidenses

Después de esta sección bastante cargadita y emocional, quería cerrar con otro aspecto de Wandavision que la convierte, a mis ojos, en una obra sensacional: el poder de las series de televisión como elemento de escapismo y como fantasía de que al final todo saldrá bien. Dentro de la serie Wanda elige vivir dentro de sus series favoritas porque eran un momento de felicidad familiar que compartía con los suyos antes de la muerte de sus padres y de que su vida se convirtiera en sufrimiento y lucha por la supervivencia.

Más allá de eso, Wandavision es un compendio de los diferentes estilos de las comedias a lo largo de las décadas en todos los aspectos, desde las risas del público a los planos, pasando por los decorados, las tramas y, en especial, la música. Del Show de Dick van Dyke a Embrujada, a Todo en familia, al Show de Cosby, a Malcolm in the Middle al estilo Modern Family. El aspecto musical de las entradillas es especialmente interesante; si tienes tiempo e interés, el cómo se hizo de Wandavision en Disney+ es una maravilla para entender hasta qué punto pensaron en todos los detalles a la hora de crear la música de cada época televisiva.

Wandavision fue una apuesta arriesgada pero creada con un mimo y un cariño extremo hacia todos los aspectos que la conforman. No es una ocurrencia: es una genialidad, un homenaje a la historia de la televisión y a la historia de Bruja Escarlata y Visión en su medio siglo de trayectoria en los comics en la que exploraron temas complejos a nivel psicológico y los mezclaron con elementos de terror, humor y acción. No sé qué pasará en el futuro con Wanda (sabemos que tendrá su aparición en la segunda película de Doctor Strange, que se estrena esta semana en cines), pero sí sé una cosa: han allanado el camino para el desarrollo del personaje en el futuro y, a la vez, han puesto el listón muy alto. Por mi parte, estoy deseando verlo. Y si en ese futuro solo encuentro decepción y dolor, siempre me quedará revivir la fantasía de Wandavisión una y otra vez. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es el dolor, sino el amor perseverante?

Virginia Buedo
Virginia Buedo (Artículos/Reseñas): Escritora, mercenaria de la lengua y overthinker. Tengo un diccionario y no dudaré en usarlo. Me pirra el simbolismo. Siempre tengo sueño. Twitter

 

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