Reseña: En las profundidades

La Historia vivía en su cartílago y sus órganos, codificada en elles […]. Yetu solo tenía que hacerles recordar. De eso se trataba. Debía insistirles para que no se alejaran de lo que no debían dejar atrás. Olvidar no era lo mismo que curar.

Desde que conocí la existencia de Rivers Solomon con la publicación en 2017 de su primera novela, An Unkindness of Ghosts, tenía muchas ganas de echar un vistazo a su obra. Nunca terminaba de reunir el valor, porque de algún modo tenía la sensación de que sus historias pegaban puñetazos tan fuertes y certeros como las de Octavia Butler, y hay temáticas que me obligan a proceder con precaución. Pero, cuando Crononauta anunció que publicaría en español esta novela corta, vi mi oportunidad de darle un tiento por fin al imaginario de este autore que tanto atraía mi curiosidad

En las profundidades me llamó la atención enseguida, no solo por lo que ya sabía de Solomon, sino por las propias peculiaridades del texto, ideales para una fan de la ficción transmedia como yo. Se trata de una suerte de «songfic», un relato inspirado en la canción The Deep del grupo clipping., que a su vez se inspiró en la idea desarrollada por un grupo anterior. Dicha premisa original es el núcleo que comparten las tres versiones, explorada y expandida a través de distintos formatos con sus correspondientes perspectivas: ¿qué hubiese pasado si las mujeres africanas que fueron arrojadas por la borda de los barcos esclavistas hubiesen dado a luz a criaturas capaces de sobrevivir en las profundidades del océano? ¿Y si aquella masacre perpetrada por el colonialismo hubiese dado pie a una nueva civilización submarina, transformando la muerte en vida?

Portada de la edición española, diseñada por Joey Hi-Fi.

Así es como Solomon da forma a les wajinru, criaturas abisales, medio humanas, medio pez, que nacieron de aquellas esclavas ahogadas en el momento del parto. Durante seiscientos años, les wajinru se unieron, se multiplicaron y florecieron como sociedad en las profundidades. Pero el horror que les dio origen llevó a sus antepasades a tomar una terrible decisión: para que les wajinru pudieran vivir sus vidas en paz y sin dolor, se les despoja de todos los recuerdos del pasado, que acumula en su interior une únique wajinru, le historiadore. Así, el peso insoportable de la Historia recae solo en una persona, que sacrifica su mente y su vida para proteger al resto de su pueblo y que solo comparte sus conocimientos con les demás una vez al año en la ceremonia de la Remembranza.

Nuestra protagonista, Yetu, es la historiadora de su generación, guardiana de los recuerdos de seis siglos de existencia wajinru. Pero, a diferencia de sus antecesores, su mente hipersensible se está resquebrajando por culpa del dolor y el trauma acumulado. La magnitud de los horrores de la Historia la asfixia y la abruma, hasta el punto de imposibilitarle llevar una vida normal junto a su gente. Y, tras veinte años de un sufrimiento que se le hace insostenible, sintiéndose ya al límite entre la vida y la muerte, aprovecha la Remembranza para verter sobre su pueblo los recuerdos y huir antes de que se los puedan devolver.

Con la huida de Yetu como desencadenante, Solomon aprovecha para reflexionar sobre la temática central que articula toda la trama: la bendición y maldición que es la Historia, capaz de aplastar y paralizar pero también de dar sentido a todo, que configura la identidad de los pueblos, da sentido de pertenencia y nos recuerda de dónde venimos para no perder de vista hacia dónde vamos. Para Yetu, ser la guardiana de la Historia es tan horrible como la carencia de esos recuerdos para el resto de wajinru, y tanto una como otres necesitarán experimentar en sus carnes qué se siente al recordar o al no poder hacerlo.

En realidad, En las profundidades se reduce a eso. Es un relato muy intimista, muy sencillo, centrado por completo en explorar esa idea concreta. Puedo decir que Yetu es una protagonista muy interesante; justo al mismo tiempo que leí la obra de Solomon, estaba leyendo también textos más académicos sobre las PAS (personas altamente sensibles) y me hizo mucha ilusión ver que Yetu podría entrar en la categoría, con esa sensibilidad más desarrollada de lo «normal», que permite captar el mundo de forma más profunda, pero que también puede volver insoportable el exceso de estímulos, simplemente porque el sistema nervioso funciona de manera diferente. La condición de Yetu no solo hace mucho más difícil su tarea, sino que la empuja a un autodesprecio constante, por no ser tan «fuerte» como les historiadores previes. Su viaje para reconciliarse con la Historia es también un viaje para reconciliarse consigo misma, para comprender que, aunque no se sienta una wajinru funcional, su percepción, su compasión y su empatía son lo que en última instancia ayuda a su pueblo a romper un círculo vicioso que no les estaba aportando nada más que miseria. Las debilidades no son tal si se cuenta con el apoyo de tu gente y te ayudan a conectar con elles. Esa especie de «revalorización de la vulnerabilidad» me ha parecido muy importante, y creo que entronca muy bien con la idea de colectividad que define a les wajinru y que describe clipping. en el posfacio: no es necesario que una persona sea más fuerte que nadie para cargar con todo en solitario y proteger a les demás, si todos los miembros de la comunidad cargan juntes ese peso y se protegen y cuidan unes a otres.

También se tratan tangencialmente cuestiones de género, ya que les wajinru son sexualmente hermafroditas y se insinúa que carecen del dimorfismo típicamente humano, pero sí hacen distinciones en cuanto a identidad de género. Esa forma de separar la identidad de lo físico, superando así las barreras que conlleva, me ha encantado, aunque apenas se ahonda en ello, más que alguna conversación casual entre Yetu y Oori. Con el racismo ocurre algo similar: está ahí desde el principio, fue un acto de racismo y opresión brutal el que dio origen a les wajinru, elles son conscientes de que les bípedes de la superficie son crueles y ejercen la violencia unes contra otres… pero el tema no se trata de forma directa. En lo que pone el foco Solomon es en cómo gestionar el trauma, sobrevivir a él y encontrar tu lugar en el mundo.

—Volveré a casa —dice.

—¿Dónde está eso?

Pero ella no quiere hablar más, solo dice:

—No me sigas, pez extraño. Salvadora. Debemos quedarnos donde pertenecemos.

—¿Qué es pertenecer? —preguntamos.

—Donde la soledad se acaba —responde.

Ese es el tema principal sobre el que da vueltas la novela, y es el que lleva todo el peso de la trama. Vivir en la ignorancia puede hacer las cosas más fáciles a corto plazo; la crudeza del mundo no te hiere, porque te envuelve un papel de burbujas que crea un mundo idílico (e irreal) para ti. Sin embargo, ¿hasta qué punto se puede considerar eso realmente «vida»? Desconociendo tus orígenes, tu pasado, tu identidad, te conviertes en nada; te arriesgas a que todo tu mundo desaparezca en el olvido, como dice Oori. El conocimiento duele, pesa y hace sufrir, pero también nos ancla, le da contexto a nuestra existencia, nos hace quienes somos. Lo que se inició con un deseo de proteger ha terminado infantilizando en cierta forma a toda la comunidad y aislando a le historiadore de su pueblo, y ahí radica la denuncia de Solomon: silenciando la verdad no proteges a tus seres queridos, no les ahorras problemas ni quebraderos de cabeza, sino que los dejas indefensos para enfrentarse al mundo y te niegas el apoyo a ti misme.

Un detalle que me gustó especialmente es cómo Solomon hace hincapié en que hay formas distintas de reaccionar al trauma, todas ellas lógicas y válidas (el silencio y la sobreprotección de Zoti, la ira y el ansia de venganza de Basha, la desesperación y el deseo de huir de Yetu), pero que pueden terminar convirtiéndose en auténticas cárceles mentales cuando el dolor no se puede compartir, lastrando incluso el amor y la confianza. Todes descienden de las víctimas y siguen cargando con ese estigma, siguen teniendo tanto miedo a esa verdad que no la enfrentan nunca y no permiten que la herida se cierre. Ese me parece el quid de la cuestión: las personas son más que sus traumas pasados, les wajinru son más que lo que les hicieron les bípedes a las primeras madres, elles no tienen por qué seguir siendo víctimas de aquellas atrocidades… pero para poder superar todo eso, para recuperar el control de sus vidas, todes necesitan saber, y así ser capaces de mantener un diálogo constructivo al respecto. Para que ese trauma no les engulla y les anule, deben compartir su peso y «exorcizarlo». De ahí nace la auténtica unión, que hace más fuerte al pueblo, enriquece y amplía las perspectivas. El dolor no se cura huyendo de él. Es necesario enfrentarlo, abrazarlo, digerirlo y, solo entonces, se podrá seguir avanzando para crear algo nuevo, sin dejar que el miedo a volver a sufrir te paralice.

El mensaje final de En las profundidades es de esperanza (la vida sigue, a pesar de todo) y también de reconciliación, entre Yetu y su pueblo, entre les wajinru y su Historia, entre wajinru y bípedes, poniendo fin al ciclo de muerte. Todo plasmado con una voz poderosísima que interpela directamente a les lectores de colectivos oprimidos, obligados a lidiar con su propio trauma generacional.

En ese aspecto, ha sido una lectura maravillosa y he disfrutado muchísimo del escenario planteado por Solomon y de la intimidad que nos ha compartido al escribir. Si la novela no ha terminado de satisfacerme del todo es más por el aspecto técnico. Había una cosa que Solomon quería decir y se nota, y el problema de que la narración gire constantemente en torno a un tema tan específico es la repetición. Hay pasajes en los que ese aspecto se alivia mucho, como los recuerdos de Zoti y Basha o el breve periodo de tiempo que pasa Yetu con Oori y les demás; pero los momentos de introspección de Yetu permanecen hasta el último capítulo atascados en las mismas dos ideas y se hacen muy redundantes, hasta el punto de resentir el texto y que el cambio de mentalidad de la protagonista no se sienta del todo fluido. Al ser una novela corta, estas cosas se toleran bien, aunque también te dejan con la sensación de que no se ha aprovechado del todo la extensión del relato.

No obstante, merece mucho la pena darle una oportunidad a esta original novela, como siempre con la cuidada edición de Crononauta y una inteligente traducción de Carla Bataller. Muches podrán verse en las páginas, sentirse comprendides y encontrar algo de consuelo. Y para la gente más privilegiada, es un excelente ejercicio de ver, escuchar y recordar, porque también tenemos la obligación moral de hacerlo.

Pilar Caballero
Pilar Caballero (Reseñas/Corrección): Dikana en el ciberverso. Humanista, escritora y multitasking editorial, fan del storytelling en cualquiera de sus formatos. Criada en el terror, formada en la fantasía y ahora enamorada de la ciencia ficción. Me dedico a reseñar todo lo que caiga en mis garras como si no existiera el mañana.

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