Reseña: Binti: Hogar

Binti vuelve a casa: a la suya y a las nuestras, porque hace unas semanas Crononauta sacaba a la venta el segundo tomo de esta trilogía de Nnedi Okorafor, traducido de nuevo por nuestra Carla Bataller, con la que la autora de ascendencia nigeriana se ha estrenado en nuestro idioma. Creo que poca presentación necesitan ya a estas alturas, tanto autora como editorial; la primera, por la relevancia que sigue ganando en el plano literario internacional, y la segunda, por lo mucho que os hablamos de ella y de su fantástico proyecto. Así que, haciendo honor al propio estilo de Okorafor, abróchense los cinturones y vayamos al grano. Porque si disfrutasteis de la aventura que vivió la joven himba de camino a la universidad más famosa de la galaxia, es probable que Binti: Hogar os guste aún más. Ese, al menos, ha sido mi caso.

Tras lo sucedido en el viaje que llevó a Binti hasta Oomza Uni, ella y la medusa Okwu se hacen un hueco en la universidad galáctica, ese crisol de culturas en el que conviven personas de prácticamente todas las especies conocidas. Pero, aunque Binti está por fin donde quería estar y sus habilidades matemáticas siguen desarrollándose, algo sigue roto en su interior, desestabilizándola. El sentimiento de culpa por haber abandonado su hogar y el peso de la traumática experiencia con las medusas en la nave no dejan de atormentarla, y llega a la conclusión de que solo volver a casa y poder participar en una peregrinación con su gente le devolverá la paz interior que ha perdido.

Así, contra las indicaciones de su propia terapeuta, Binti se prepara para regresar a casa un año después de su llegada a Oomza Uni. Okwu decide acompañarla como embajadora de las medusas, la primera en volver a pisar la Tierra tras la sangrienta guerra con los khoush. Pero la joven himba pronto comprobará que su retorno no va a aportarle la paz que esperaba; más bien, la obligará a enfrentar las consecuencias de las decisiones que tomó, recordándole que no hay forma de desandar el camino andado y que todo lo que ha vivido, para bien y para mal, no le permitirá jamás reintegrarse por completo en su comunidad.

Portada de Binti: Hogar, por Joey Hi-Fi.

Al igual que el primer tomo de la trilogía, Binti: Hogar es una novela corta de corte muy ágil, que fácilmente puede leerse del tirón sin darse cuenta. Aunque tarda un poquito en arrancar, una vez que Binti y Okwu emprenden el regreso a la Tierra, la trama coge impulso y se convierte en un no parar de detalles que se van entrelazando, moviendo la acción en direcciones que ni Binti se había planteado. El argumento nunca llega a enredarse demasiado, pero sí se expande y nos muestra más del mundo que rodea a la protagonista, tal y como su propia mente se abre a nuevas perspectivas. Y cierra la novela con un cliffhanger nada desdeñable, preparando el terreno para el próximo tomo.

Voy a dejar los aspectos técnicos para el final. Tampoco me extenderé mucho hablando de los personajes, más que un par de pinceladas: aunque Binti sigue siendo la protagonista absoluta de la historia, la galería de secundarios relevantes es más amplia que en el tomo anterior. Empezando por Okwu, de quien vemos un poquito más aparte de su estoica actitud habitual (en su relación con el agua y los sentimientos más íntimos que le genera, por ejemplo); y continuando por la familia de Binti, sus padres y hermanos pero también su abuela y el pueblo de los enyi zinariya en general (todos con papeles bastante breves, pero caracterizados con corrección). Binti, por su parte, tiene en este tomo algo muy importante con lo que lidiar: la necesidad de reconciliar las partes contradictorias de sí misma y madurar. Crecer como persona aceptando que no es exclusivamente himba, que existe mucho más en ella de lo que no se puede deshacer. En definitiva, la necesidad de redescubrir su identidad, conjugando todas esas piezas diferentes en un todo.

Pero es precisamente por esto por lo que quiero centrarme en las temáticas que explora Binti: Hogar, porque a mi juicio son el verdadero corazón de la novela. A través de Binti, Okorafor reflexiona sobre asuntos muy importantes e interesantes. La búsqueda de la propia identidad es uno de los hilos temáticos principales, en esa fase en la que estás pasando de adolescente a joven y todo lo que has dado por sentado a lo largo de tu infancia empieza a difuminarse. Binti ya no es únicamente la muchacha himba que ha salido de su pueblo y de su hermética comunidad: al choque cultural que supone llegar a Oomza Uni se une el choque interior, porque ahora también es medio medusa. Porque ni siquiera es himba “pura” y la sangre de su padre tiene mucha más relevancia en su vida de la que nunca se atrevió a considerar. Binti es en sí misma el modelo de joven birracial que, además, ha sido transformada por su entorno y por sus experiencias vitales lejos de su hogar. Esa triple combinación, el sentir que llevas un poco de cada pueblo pero no perteneces del todo a ninguno, es la emoción más poderosa que guía sus pasos a lo largo de este segundo tomo.

El trasfondo de todo este discurso me recordó poderosamente a la charla “Afrofuturismo en expansión” que tuvimos en el Ansible Fest y al doble viaje (exterior e interior) del que nos habló Yania Concepción: Binti también salió de su hogar en Osemba, viajó lejos, cambió, y después regresó a casa, y todo lo aprendido la ayudó a encarar mejor sus raíces y sus orígenes; porque conocer esas raíces es imprescindible para comprenderse a sí misma. Okorafor es una escritora que se alinea con el Futurismo Africano (African Futurism), corriente con matices diferentes al Afrofuturismo per se (esta última pone más el foco en la experiencia afroamericana). Y creo que lo que transmite en el personaje de Binti puede hablar de forma muy íntima a las personas afrodiaspóricas (quizá a las personas de cualquier tipo de diáspora, en realidad) que tienen que hacer frente a ese mismo tipo de multiculturalidad que forma parte de sí mismas.

Relacionados con esto, hay otros dos aspectos que me parecen muy importantes. El primero es el sincero amor y respeto que Binti siente hacia su tradición y espiritualidad himba. Ella vuelve a la Tierra para irse de peregrinación, porque siente que su alma se lo está pidiendo; y, aunque la “peregrinación” en la que termina viéndose envuelta no es la que ella había previsto, en el fondo es una peregrinación también, hacia la reflexión y el autoconocimiento. Al igual que en el libro anterior se hacía hincapié en la importancia del otjize para ella, aquí se mencionan otros aspectos de su cultura con los que a veces entra en conflicto, porque no siempre está de acuerdo, pero que aun así le siguen importando. Todo el bagaje cultural de Binti no es una parafernalia exótica para caracterizar a un personaje ficticio: es un rasgo que está tratado con seriedad, lejos del paternalismo occidental que con frecuencia cae en el modelo “personaje primitivo y supersticioso que se civiliza y ya entra en el mundo racional superior con nosotros”. No, no hay condescendencia en la narrativa de Okorafor; pero tampoco idealiza las cosas: Binti es consciente de que su pueblo no es perfecto, pero se sigue considerando himba por encima de todo. No hay rechazo a su tradición para adherirse a otra supuestamente superior, sino que intenta crecer y desarrollarse dentro de ese marco. Ese proceso no ha terminado aún, y tengo mucha curiosidad por ver cómo se cierra su evolución en el próximo tomo.

—Abuela, dime por qué los enyi zinariya hablan con las manos, por favor. (…) He estado en otros planetas, he visto y conocido gente de otros mundos. No me parece bien no saber nada de mi propio… de mi propio pueblo.

El segundo aspecto es el de la discriminación dentro de la discriminación. En el primer libro veíamos el menosprecio de los khoush hacia los himba, pero aquí Okorafor va un paso más allá y habla de la discriminación de los himba hacia el pueblo del desierto, los enyi zinariya, a quienes ven como salvajes medio dementes. Es algo muy relevante, porque nunca está de más recordar que pertenecer a una comunidad oprimida no te libra de ejercer algún tipo de opresión sobre otros también. Los himba, a los que los khoush tratan tan mal, tratan a su vez pésimamente a los enyi zinariya, hasta el punto de que mencionarlos siquiera es casi un tabú. Binti, a pesar de tener sangre de ambos pueblos, ha sido criada para evitar a la gente del desierto como si estuviesen apestados, y ahora le tocará enfrentarse a todos esos prejuicios inculcados desde la cuna. Porque ellos ni son salvajes ni están locos: una vez más, la comunicación la ayudará a comprender que las cosas no son siempre lo que parecen y que una realidad mucho más rica y compleja se oculta tras los mitos y exageraciones. La forma en la se maneja el tema de los enyi zinariya, incluyendo la breve reflexión sobre la incomodidad de los nombres impuestos desde fuera frente a la importancia del nombre con el que uno se autodenomina, ha sido uno de mis aspectos favoritos de la novela.

Termino con algo que está en un registro muy distinto, pero cuyo peso es importantísimo en Binti: Hogar también: la salud mental. Binti sufre un estrés postraumático severo por lo que vivió en el libro anterior, de modo que los ataques de pánico y la forma de lidiar con ellos son una constante a lo largo de toda la novela. En cierto modo, forma parte también de ese desequilibrio interior que Binti aún no sabe gestionar, junto con todos los cambios que está experimentando. Y se deja muy claro el valor de la terapia y de buscar ayuda para poderlo superar.

Cierro la reseña con un par de apuntes sobre el aspecto técnico. Okorafor tiene un estilo muy conciso y directo, casi parco, que nunca se explaya más de lo necesario y aun así consigue evocar lo suficiente para mantener en situación al lector. Este tipo de estilo, que está muy bien reflejado en la traducción, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. En el lado negativo, puede afectar a la fluidez de la narración y provocar que algunas transiciones se sientan excesivamente bruscas, o que algunas reacciones o diálogos parezcan algo ortopédicos. Siendo esta una historia tan introspectiva y estando ahora Binti en una situación mental/emocional tan delicada, ha habido más de un momento en el que esa brusquedad se ha hecho notar demasiado. Pero en el lado positivo, que sea tan concisa le da una gran agilidad al relato y es muy cómodo de leer, por lo que tampoco da tiempo a que los detalles negativos molesten.

En cualquier caso, creo que el punto fuerte de Okorafor no es tanto su técnica literaria como su imaginería, las historias que crea, los mundos, la ambientación, los detalles. Y, en ese aspecto, Binti: Hogar es una joyita.

Ahora nos toca esperar a que llegue la Mascarada.

Pilar Caballero
Pilar Caballero (Reseñas/Corrección): Dikana en el ciberverso. Humanista, escritora y multitasking editorial, fan del storytelling en cualquiera de sus formatos. Criada en el terror, formada en la fantasía y ahora enamorada de la ciencia ficción. Me dedico a reseñar todo lo que caiga en mis garras como si no existiera el mañana.


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