Camarero, hay romántica en mi literatura de género

La autora, Nora Roberts, en Irlanda. Fuente.

Uno de los secretos peor guardados del mundilloTM de la literatura es el hecho de que si pusieras a un grupo de personas expertas en una obra literaria en un bar y les dieras una cerveza a cada una, probablemente en menos de lo que se tarda en ir a pedir panchitos a la barra y volver se estarían pegando a puñetazo limpio por la clasificación de la obra. No sería ni mucho menos la primera vez que ocurre, os lo puedo asegurar.

Por supuesto, todo el mundo sabe que eso no es algo que afecte a la gente de a pie: los géneros literarios son algo caduco y que solo sirven para que los catedráticos de literatura tengan algo que hacer mientras se mesan la barba.

Sin embargo, si recomendáramos en este artículo un libro sobre profecías situado en Irlanda, con sirenas, mujeres lobo y búsquedas épicas de lugares mágicos, probablemente no tendrías ninguna duda sobre dónde ir a buscarlo en tu librería de confianza. Lamento informarte de que este libro en concreto no lo vas a encontrar en la estantería de fantasía, sino en la de romántica.

¿Y un libro sobre tres críos que hacen un pacto con un demonio y desencadenan cada siete años una ola de asesinatos, violencia y plagas? Seguro que un libro así, con altos niveles de vísceras y pentáculos, estará donde le corresponde, en la sección de terror. Nada más lejos de la realidad: si quieres saber qué pasa con estos muchachos, también tendrás que darte un paseo por la estantería de romántica.

Pero ¿qué está pasando aquí? No puede ser que libros tan dispares estén englobados en el mismo género,¡es imposible! Pues bien, os doy la bienvenida al mundo de la romántica, donde los subgéneros tienen subgéneros dentro de subgéneros y cada uno de esos subsubgéneros tienen más producción literaria al año de lo que nuestros cerebros pueden llegar a imaginar.

Los dos libros que he mencionado antes son más bien sagas, sagas de una autora tremendamente prolífica, que se suelen quedar fuera de nuestro radar porque no les ponen la etiqueta que esperamos. Esta autora es Nora Roberts, que tiene más de 200 libros publicados y se la conoce por enviar espadas por correo. Aunque sea por la espada debería llamar nuestra atención, ¿no?

La espada que la autora le mando a la twittera Claire Ryan con la inscripción «Claire Ryan, plagiarism slayer» («Claire Ryan, cazadora de plagios»).

Si quieres saber qué pasa con las sirenas, las mujeres lobo y la profecía, entonces La trilogía de los guardianes (traducida por Nieves Calvino Gutiérrez para Debolsillo) es lo que estás buscando. Los tres libros son Las estrellas de la fortuna (2018), La bahía de los suspiros (2019) y La isla de cristal (2019).

Si lo que te interesa más bien es saber cómo ha acabado un libro sobre pactos demoníacos en la estantería de romántica, entonces lo tuyo es La trilogía del signo del siete (Suma Internacional, con traducción de Adriana Delgado Escrucería) con Hermanos de sangre (2014), El bosque de Hollow (2014) y La piedra pagana (2014).

Pero esto no se queda aquí, hay mucho más en el universo Roberts, un universo rico e interconectado en el que meter el pie es un poco como caerse por la madriguera del conejo de Alicia.

Si lo que te gusta es Irlanda y la mitología celta, entonces Roberts tiene mucho que ofrecerte, aunque sea porque no necesita ninguna excusa para meter Irlanda hasta en la sopa. Brujas, fantasmas, reencarnaciones, amantes trágicos de una época ya pasada es igual a La trilogía de los O’Dwyer (traducida también por Nieves Calvino Gutiérrez para Debolsillo) con Bruja oscura (2013), Hechizo en la niebla (2014) y Legado mágico (2014). Si sigues queriendo más magia irlandesa y más folklore de la isla esmeralda (y más profecías también), entonces puedes probar con La trilogía irlandesa (DeBolsillo, 2016) o con La trilogía de las llaves (DeBolsillo, 2007) o con la trilogía El Círculo (DeBolsillo 2009).

Si te apetecen historias con fantasmas, te recomendaré que pruebes con la trilogía de Las hermanas Concannon (DeBolsillo, 2016) o la trilogía El jardín (DeBolsillo, 2009) con Dalia azul, Rosa negra y Lirio rojo.

Portadas de los tres libros de La trilogía de las hermanas Concannon, de Nora Roberts

Si necesitáis más ejemplos todavía, siempre podéis echarle un vistazo al pseudónimo J. D. Robb, que es el que Nora Roberts usa para publicar novelas de ciencia ficción policíaca futurista. La saga In Death (que en español solo tiene cuatro libros publicados por Plaza & Janés en 1999) en inglés tiene la friolera de 52 títulos entre novelas, novelas cortas y relatos.

Es cierto que el volumen de publicación de una autora no es relevante para la calidad de su obra, pero si esa cifra se tiene en consideración junto con el número de ejemplares que vende, sí sirve para demostrar que hay un público sostenido en el tiempo que consume una literatura que, a todos los efectos menos en el de la estantería en la que se colocan los libros, es de género fantástico. Sobre todo si se tiene en cuenta que Nora Roberts decidió publicar la saga In Death con pseudónimo para poder publicar más libros sin saturar el mercado.

Si esta gran cantidad de libros con elementos fantásticos estaba publicándose delante de nuestras narices sin que nos llamara la atención a simple vista, a lo mejor es el momento de reflexionar sobre lo que despierta en nosotras la etiqueta «romántica». ¿Es un rechazo instantáneo tal vez? ¿La sensación de que es un género aparte completamente? ¿De que hay una correlación entre el género romántico y una baja calidad literaria?

Tal vez la cosa sea mucho más seria y haya muchos elementos más allá de una cuestión de pelearse por cómo categorizas una obra. A lo mejor (y solo a lo mejor) hay una relación directa entre el sector de la población que consume tradicionalmente la literatura romántica (mujeres, por supuesto) y la consideración que se le da al género.

A lo mejor es responsabilidad nuestra como lectores darnos una vuelta por la estantería de romántica y echarle un vistazo a lo que se mueve por ese enorme mercado. Al fin y al cabo, sea lo que sea lo que nos guste consumir en nuestro día a día, es muy poco probable que no haya un reflejo en este planeta inmenso. Ya sean vampiros, hombres lobo, ciencia ficción o fantasmas irlandeses, seguro que la romántica tiene material para ofrecernos.

 

Colaborador
Andrea Penalva (colaboradora): Alicante, 1994, escritora, traductora y filóloga inglesa, nunca acaba nada, ni siquiera esta breve biografía. En Twitter @inkandrea. Se puede leer su único relato publicado hasta el momento en Mundos Sutiles, de editorial Cerbero.
 

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Un comentario en “Camarero, hay romántica en mi literatura de género

  1. Pues menuda sorpresa la verdad, para mi Roberts es simbolo de romance no de demonios ni visceras xD, no tenia idea que había escrito tanta fantasía e incluso terror, tengo que echar un vistazo a esa trilogía del signo del siete.

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