Reseña: Malas pulgas

Por cierto, aunque no suene muy glamuroso, el Estallido te pillará en el sofá, vestida con la bata que tu madre siempre te sugiere que deberías tirar y tu pijama de murciélagos y fantasmitas.

Malas pulgas comienza situando al lector en medio de una España alternativa y distinta a la nuestra, pero con similitudes que sacan sonrisas y te hacen soltar carcajadas (de esto hablaremos más abajo). La profesora Lidia Morgan escribe una carta a su yo del pasado con el fin de explicarle, de forma rápida, qué fue el Estallido Sobrenatural y qué consecuencias tuvo para el país de aquel momento, para las personas que lo habitaban y para sí misma.

La autora, con boina, gafas de sol y una gran sonrisa, sostiene un muñeco de ganchillo al que clava agujas como si fuera algo de vudú
Ana Morán Infiesta, autora de la novela corta.

El Estadillo fue un parpadeo rápido en el que la magia explotó sobre nuestro planeta, haciendo que, de repente, parte de los seres humanos se transformaran en feéricos, seres mágicos de todo tipo.

En este contexto nace la historia de Malas pulgas, novela corta que combina la fantasía, el humor y el thriller, publicada por Ediciones Dorna (2021) y con portada de Francesc Gómez.

Su autora es Ana Morán Infiesta, nacida en Gijón en 1981, que escribe en diversos formatos, mezclando géneros y reflejando siempre la diversidad del mundo en el que vivimos. Tiene numerosas obras publicadas: El renacer de la concubina del demonio, su primera novela, fue publicada por Wave Books Editorial en el año 2017; y también podemos encontrar decenas de sus relatos en distintas antologías. Sus últimas publicaciones en este formato son «Guardia Nocturna» en Misteria I (LES Editorial, 2019), «Curso 66» en Maldita la gracia (Editorial Cerbero, 2019) y «Cuerpos» en Ars moriendi. Cuentos de la no vida (Editorial InLimbo, 2020).

La trama de Malas pulgas se sitúa en Gijón (Asturias) y tiene como protagonistas a Eva y a Sara, dos policías a las que acompañamos a lo largo del desarrollo de una misión. Cuando, durante una noche más de actuación, la actriz Silvia Castro se transforma en licántropa en mitad de la función, mata a dos personas y sale huyendo, el objetivo de atraparla y descubrir cuál es la verdad tras lo ocurrido recaerá en manos de estas dos jóvenes.

Por un lado tenemos a la inspectora Eva Valdés, figura solitaria que irá abriéndose al lector poco a poco a lo largo de la novela. Podremos presenciar cómo ahonda en la relación con su compañera de trabajo, Sara, y en una relación sentimental sobre la que no haremos spoilers. Su personalidad es fuerte y no duda en las acciones que debe realizar para conseguir su objetivo y mantener a salvo a sus compañeros y amigos.

Imagen de la portada, en el fondo hay una luna llena sobre la que se dibuja la sombra de un hombre lobo. Delante hay dos mujeres, una de pelo castaño recogido en una coleta (lleva una pistola en la mano), la otra tiene el pelo corto y rubio, peinado de punta
Eva y Sara, protagonistas de Malas pulgas.

Para completar el binomio, tenemos a la subinspectora Sara Fernández, mujer trans y cambiaformas. El Estallido le afectó modificando su morfología y transformándola en un feérico, pero, como le resultó imposible dominar su nueva forma de vida, acabó bloqueando la magia que residía dentro de ella con un tatuaje en cada dorso de la mano (detalle que puede contemplarse en la portada de la novela).

Sin duda, lo mejor de esta pareja es la relación estrecha que mantienen entre ellas. No son solo compañeras de trabajo, sino que, a lo largo de la novela corta, se repite en varias ocasiones la enorme confianza que tienen entre ellas y la red de amistad y seguridad que se ha tejido entrelazando sus vidas. La amistad es la base fundamental de la historia y eso siempre es un punto a favor.

Cabe destacar, por supuesto, algo que está presente en todas las obras de la autora: la diversidad. Encontramos representación de muchas orientaciones sexuales, como la bisexualidad, la homosexualidad y la asexualidad, y además el colectivo trans tiene un papel fundamental, siendo una mujer trans una de las protagonistas. La autora se encarga de dejar claras las discriminaciones que el colectivo LGTB sufre a diario a través de comentarios de personajes que suelen bailar entre el humor y la ironía gracias a la buena escritura de la historia. El Gijón que nos ofrece Ana Morán es igual de diverso que el actual, solo que en la novela la diversidad no se invisibiliza.

La misma imagen anterior, pero de un poco más lejos para que se vea la portada entera. Ahora también se aprecia una ciudad.
Portada de Malas Pulgas de Ana Morán Infiesta.

Es imposible no comentar que Malas pulgas se lee sola: los capítulos avanzan con ritmo rápido y ágil y, aunque los acontecimientos suceden con rapidez, la autora nos va presentando poco a poco a todos los personajes que forman la red sobre la que crece la trama, de manera que los vamos conociendo de forma pausada y orgánica. La novelette está llena de intriga, y es que acompañamos en todo momento a Eva y a Sara en su investigación para ir descubriendo lo que ocurre tras el misterio de la transformación de Silvia Castro. 

Llegados a este punto, debo hacer una confesión personal: no suelo leer thrillers policíacos, ni tampoco ver películas o series de ese género. Pero hubo algo en esta mezcla de Gijón, magia y misterio que no pude resistirme a hacerme con la novela y sumergirme entre sus páginas. Y fue todo un acierto: Malas pulgas se devora, y la buena narración y estilo de la autora son las responsables.

Ahora bien, hay un detalle que sin duda es el que más me ha gustado y con el que más he disfrutado. Parafraseando a mi compañera Laura S. Maquilón, que ya lo comentó en el blurb de la novela, la pluma de Ana Morán es muy afilada y la crítica política y social que realiza, también. Malas pulgas está plagado de referencias sutiles, y no tan sutiles, a la política actual y a las situaciones de discriminación que viven muchos colectivos hoy en día. A través de las anécdotas y comentarios que realizan los distintos personajes, Ana Morán Infiesta deja clara cuál es su opinión al respecto.

[…] muchos intentarán negar la existencia del Estallido. El presidente del Gobierno español se convirtió en sapo mientras afirmaba que el Estallido Sobrenatural era tan falso como la corrupción en su partido.

La autora utiliza la ironía como arma contra las ideologías y las actitudes con las que no está de acuerdo; y, como podemos ver en el ejemplo de arriba, hace uso también del humor como recurso en su crítica social y política. ¿A quién nos recuerda ese presidente de gobierno? No seré yo quien dé su nombre.

Este tipo de comentarios son, sin duda, lo que más me ha gustado de la novela. Me han hecho disfrutar y reír, y eso no lo consigue cualquier lectura.

Malas pulgas es una novela policíaca fuera de lo común. Rompe con los tópicos del género, en el que abunda lo masculino, para ponernos al frente de la historia a dos protagonistas fuertes, que se apoyan entre ellas sin rivalidad y que basan su relación en una estrecha amistad.

Es una novela corta de acción y de misterio. Sus páginas te arrastran en una espiral de intriga que te hace devorar sus páginas hasta que las acabas. Pero no solo eso; también es una crítica al mundo en el que vivimos y un grito por la diversidad. Ana Morán Infiesta utiliza, con muy buena mano, la fantasía como espejo para reflejar nuestra sociedad de una forma feminista, diversa e inclusiva.

Raquel Aysa Martínez
Raquel Aysa Martínez (Fichas de autoras/Artículos/Reseñas): Feminista, historiadora, lectora y escritora con varios relatos publicados (y otros tantos en el cajón). Adicta a la fantasía, a la ciencia ficción, al arte y a Twitter.

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