Reseña: El bosque de Sleipnir

Escribir una historia de ciencia ficción ambientada en nuestro planeta en la que se ignore cualquiera de las posibles consecuencias que puede tener el calentamiento global y, en general, la huella que estamos dejando en la naturaleza, es una posibilidad, como dice Bruno Puelles en el prólogo de esta novela. Pero a la hora de imaginar nuestro futuro este es un aspecto que tiene suma importancia. No solo por las catástrofes naturales sobre las que llevamos leyendo cada vez más, si no por la posibilidad de que se agraven si no se hace nada al respecto.

La literatura es uno de los medios por el que podemos hablar y especular sobre este problema, como lectores y también como escritores. Por eso queríamos escribir sobre alguna obra de ciencia ficción climática, también conocida por el término inglés greenpunk. Y entre las diferentes escritoras de nuestro país que han publicado historias de este tipo, nos encontramos con Covadonga González-Pola, que además de escritora es ambientóloga.

De uno de sus relatos os hablamos ya en la reseña de El vigilante de las estrellas (Cazador de Ratas, 2018). Pero esta vez nos centramos en una ficción más larga, no sin antes recordar que González-Pola ha participado en otras antologías greenpunk como El futuro es bosque (Apache Libros, 2018) o Chikara: el poder de la naturaleza (Taketombo Books, 2015), ambas coordinadas por Giny Valrís.

Annie ha huido con su familia y ha llegado al último bosque que queda en su desolado mundo. Annie va a conocer criaturas y seres que se acercan a la frontera de lo mágico y mitológico. Annie no sabe de qué están huyendo, pero va a despertar a una realidad de la que sus padres ya no podrán protegerla. Y también va a descubrir un paraíso en un mundo abandonado por todos.

Annie se va a descubrir a sí misma, en realidad, porque aún desconoce los secretos que ella misma alberga y los que oculta su propia familia. Annie no sabe que en ese último bosque habitan monstruos y también aliados. Ignora cómo la va a unir a su familia. O quizás a separarla de ellos.

Annie no sabe que las cámaras lo vigilan todo. Ni que esas mismas cámaras nos van a contar su historia. Annie no sabe que su historia está a pocos pasos de la nuestra.

El bosque de Sleipnir es una de las últimas publicaciones de Triskel Ediciones. Como decíamos, nos encontramos ante una historia de ciencia ficción climática, así que no os dejéis engañar por el nombre del bosque. Aunque no os culparemos si lo hacéis, porque Annie también piensa que los diferentes seres que merodean por este lugar son criaturas fantásticas. Lo pensaría incluso del propio bosque si no hubiera estado antes en la Reserva Botánica.

Cubierta de El bosque de Sleipnir. Ilustración realizada por Eicinic

En esta historia seguimos los pasos de la misma Annie, pero también del resto de su familia. Conoceremos a Yuri, su padre, a Inga, su madre y a Olya, su hermana mayor. A ellos y, sobre todo, sus maneras de actuar frente a la dura situación en la que se encuentran. Los tres son conscientes de lo que ocurre. Excepto Annie, que, quizá por su edad, por su inocencia o por la manera en que ha sido criada, sigue conservando esa pequeña luz que al resto de su familia le falta.

La familia sigue avanzando sin tener rumbo alguno. No tienen claro un destino porque lo que más les importa es huir. Como lectores no podemos saber de qué se esconden, ni tampoco por qué motivo lo hacen. Poco a poco lo iremos descubriendo, claro, pero ya desde el principio intuimos que Yuri tiene algo que ver en ello y que su esposa no duda en recordárselo con palabras y con sentimientos. Pero al mismo tiempo ambos quieren mantener a sus hijas apartadas lo máximo posible de todo ello. Y la culpa, la furia, el resentimiento y el miedo les impide darse cuenta de que acaban de cruzar una alambrada que guarda un territorio peligroso en su interior.

Es a partir de este momento donde no os podríamos culpar de considerar esta una historia de fantasía, aunque no lo sea. Ya que nos encontramos en un bosque misterioso, descubrimos a unos misteriosos seres que Annie empieza a ver, hay ciertas referencias fantásticas… Poco a poco, la familia se interna más y más en ese territorio y van dándose cuenta de que no todo son imaginaciones de la más pequeña. Esas criaturas, por imposibles que parezcan, son reales. Y allí la familia no está a salvo. Y no solo por las criaturas.

Somos cámaras. Colocadas en árboles, postes, simas, arbustos, depresiones y rocas. Lo vemos todo. Lo oímos todo. Casi todo lo interpretamos. Pero no enviamos a nadie esta información. Ya no. Somos ojos y oídos no muertos.

Ahora, sólo nos dedicamos a observar. Tal vez algún día seamos los bardos que cuenten las historias de este mundo desparecido.

Como podéis ver en esta parte de la introducción de la novela, nos encontramos con un tipo peculiar de narrador observador (bueno, varios, pero no es algo importante). Como tampoco lo es su propia importancia en el mundo que las rodea. Las cámaras están situadas por todas partes. Una prueba más que nos habla del tipo de pasado que tuvo esta sociedad antes de llegar al punto en el que se encuentran ahora.

Las cámaras ya no son útiles para nadie, pero a los lectores nos dan un enfoque especial, además de ser un gran ejercicio a la hora de crear y desarrollar historias. Que la narración sea a través de sus lentes nos permite distanciarnos lo suficiente de los personajes principales como para poder analizarlos con objetividad, al mismo tiempo que también nos dan detalles del mundo fracturado de esta historia. Además, en cierto punto de la novela nos proporcionan visiones útiles para la trama y para entender la sociedad actual del mundo de El bosque de Sleipnir. Pero eso ya es terreno vedado en este artículo.

En mi opinión, lo realmente importante de esta historia son los personajes, tanto por su forma de pensar y actuar a lo largo de la novela como por la propia visión que tienen del mundo. Antes decía que las narradoras nos permitían observarlos con objetividad, pero los personajes no nos resultan ajenos, se puede ver bastante humanidad en ellos. La objetividad no se pelea con la humanidad y creo que es una combinación muy interesante a nivel narrativo, además de estar bastante conseguido.

Con estos personajes, su evolución y diferentes hechos de la historia, la autora habla de temas que no pueden ser más actuales, tanto ecológicos como otros bastante diferentes que no me esperaba encontrar y que, al mismo tiempo, tienen todo el sentido por el tipo de personas que son los personajes que iremos conociendo. Así, la autora crea en El bosque de Sleipnir un relato que habla de un mundo a punto de romperse y lo hace a través del bosque del que la novela recibe su nombre. Pero, al mismo tiempo, también habla de humanidad, familia, relaciones y autodescubrimiento.

Y una vez acabas de leer, te das cuenta que estos mensajes son más profundos de lo que parecen y te han dejado huella.

El futuro es bosque y Chikara, otras antologías greenpunk

En definitiva, El bosque de Sleipnir me parece una apuesta interesante para aquellas personas que quiera empezar a adentrarse en la ciencia ficción climática, sobre todo leyendo a autoras de nuestro país. En pocas palabras, Covadonga González-Pola escribe con intensidad. La autora nos presenta la historia de una familia que empieza a agrietarse cada vez más, al igual que el mundo en el que viven.

Esta publicación de Triskel Ediciones es dura y tierna al mismo tiempo. Pero, sobre todo, es una distopía cruda que nos avisa de lo que podría sucedernos a nosotros en un futuro, porque entre el mundo del libro y el nuestro no hay tanta distancia. No obstante, también cuenta con un atisbo de esperanza llamado Annie, al que le siguen unos cuantos más.

Arturo Urbanos
Arturo Urbanos (Novedades/Reseñas): Informático que lee de todo, pero adora la ciencia ficción, la fantasía y también encontrarse personajes no normativos en ficción. Esas tres cosas son lo que más aparecen en sus novelas y relatos. Se le puede encontrar reseñando en Flights of a dreamer, en la revista SuperSonic como redactor y en redes sociales como Twitter.

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