El realismo mágico de Elena Garro

Realismo mágico: concepto y autoras

Definir el concepto de «realismo mágico» es complicado. No tiene características cerradas y concretas que nos permitan enmarcarlo con facilidad, sino que fueron sus autores quienes le dieron las características específicas que lo forman, aportando cada cual una nueva línea en esta literatura tan peculiar.

El realismo mágico es un movimiento literario que se desarrolló a lo largo del siglo XX en Latinoamérica, para después extenderse a otros países. Su característica principal es mostrar lo irreal como cotidiano, de manera que pequeños toques de magia se cuelan en contextos realistas que muestran el día a día de la sociedad sobre la que escriben. Esta realidad social es lo que hace especial este género, ya que la mayoría de obras realizan una crítica social del mundo que reflejan.

 Si hacemos una búsqueda superficial acerca del realismo mágico y las personas que han escrito obras adscritas a él, nos vamos a encontrar una larga lista de nombres masculinos, entre los cuales Gabriel García Márquez, Juan Rulfo o Jorge Luis Borges se mencionan como los más destacados. Por supuesto, ellos no fueron los únicos que dieron vida al género sobre el que hoy escribimos, y decenas de mujeres aportaron grandes obras al realismo mágico.

Autoras del realismo mágico: Laura Esquivel, María Luisa Bombal y Silvina Ocampo.

Aunque este artículo se centra en analizar tres obras cortas de Elena Garro, esta autora fue una de las muchas que participaron en este movimiento literario. Laura Esquivel es una figura imprescindible del realismo mágico y así lo demuestra su novela Como agua para chocolate. De la misma manera, Isabel Allende también se sumerge en su escritura con Eva Luna, al igual que Toni Morrison con Beloved, libro en el que el género se entremezcla con el terror. Además, no se puede dejar de mencionar a María Luisa Bombal con La amortajada, y a Silvina Ocampo con La furia. Estos ejemplos forman parte de una larga lista de mujeres que se adentraron y dominaron el realismo mágico desde el momento de su origen y mucho después, pero que, como ha ocurrido otras tantas veces, fueron silenciadas en favor de las voces masculinas.

Entre todas ellas, hoy queremos destacar la figura de Elena Garro, quien, aunque detestaba el término de «realismo mágico», inició el género en México con su obra Los recuerdos del porvenir, el cual se encumbró como uno de los libros más importantes del movimiento. Garro no solo escribió novela sino que también plasmó las peculiaridades del realismo mágico en obras teatrales como «Un hogar sólido», y en relatos como «La culpa es de los tlaxcaltecas» y «La semana de colores».

En estas tres obras vamos a centrar el análisis de los rasgos del realismo mágico de Garro.

Un hogar sólido

Elena Garro.

«Un hogar sólido» (1957) es una de las primeras obras de teatro que escribió la escritora mexicana; a pesar de su brevedad, puesto que su longitud no alcanza la quincena de páginas, es muy interesante realizar un análisis de su trama.

La obra está protagonizada por distintos miembros de la misma familia que, con alegría, reciben la visita de uno de los suyos, Lilí. Pero la clave de todo el desarrollo está en el lugar donde se sitúa la acción: la cripta familiar. Garro juega con el tiempo, con el espacio y con la narración para formular una línea temporal en la que confluyen distintas generaciones de una misma familia, con el objetivo conjunto de esperar juntos el Juicio Final.

La magia de la obra radica en el trato que Garro otorga a un elemento tan importante de la cultura mexicana como es la vida de los muertos, que se plasma a través de una elipsis temporal en la que Jesusita es una anciana de ochenta años, pero su hermana, Catalina, tan solo tiene cinco. Cabe destacar que Garro hace uso del humor a lo largo de todo el relato, al igual que nos encontraremos en «La semana de colores».

 

Clemente (interrumpiendo). —¡Por piedad, ahora no encuentro mi fémur!
[…]
Vicente. —Yo vi a Catita jugar con él a la trompeta.
Gertrudis. —Tía Catalina, ¿dónde olvidó usted el fémur de Clemente?
Catalina. — ¡Jesusita! ¡Jesusita! ¡Me quieren quitar mi cometa!
[…]
Gertrudis. —No lo sé, Clemente. A mí me perdió mi clavícula rota. Le gustaban mucho los caminitos de cal dejados por la cicatriz. ¡Y era mi hueso favorito!

La muerte es el tema principal de la obra y en torno a ella gira todo. Los personajes cuentan, mientras esperan la llegada de Lilí, cómo han llegado hasta el más allá, pero todos ellos lo enlazan con la vida y esperan con ganas la llegada del miembro de su familia para poder saber qué acontece en el mundo terrenal.

Entre las historias de los personajes, podemos encontrar el realismo mágico que impregna la obra y que se hace presente, de manera especial, en el paso entre la vida y la muerte.

Catalina. —A mí me trajo Doña Difteria. ¿Te acuerdas de ella? Tenía los dedos de algodón y no me dejaba respirar. ¿A ti te dio miedo, Jesusita?
Mamá Jesusita. —Sí, hermanita. Me acuerdo que te llevaron y el patio de la casa quedó sembrado de pétalos morados. Mamá lloró mucho y nosotros las niñas también.
Catalina. —¡Tontita! ¿Que no sabías que ibas a venir a jugar aquí conmigo? Ese día San Miguel se sentó junto a mí y con su lanza de fuego lo escribió en el cielo de mi casa.

Y lo encontramos también en las descripciones de la vida de los muertos cuando los personajes comentan entre ellos las diferentes experiencias que han vivido en el más allá.

Clemente. —¿Lili, no estás contenta? Hallarás el hilo y hallarás la araña. Ahora tu casa es el centro del sol, el corazón de cada estrella, la raíz de todas las hierbas, el punto más sólido de cada piedra.
[…]
Gertrudis. —A veces, tendrás mucho frío; y serás la nieve cayendo en una ciudad desconocida, sobre tejados grises y gorros rojos.
Catalina. —A mí lo que más me gusta es ser bombón en la boca de una niña, o cardillo, ¡para hacer llorar a los que leen cerca de una ventana!
Muni. —No te aflijas cuando tus ojos empiecen a desaparecer, porque entonces serás todos los ojos de los perros mirando pies absurdos.
Mamá Jesusita. —Ay, ojalá, y nunca te toque ser ojos ciegos de pez ciego en lo más profundo de los mares. No sabes la impresión terrible que tuve: era como ver y no ver.

La culpa es de los tlaxcaltecas

Este relato corto fue publicado en 1964 en la colección La semana de colores y su característica principal reside en el uso de realismo mágico como crítica social, política e histórica. Garro emplea la narración para explorar el papel de la mujer en la sociedad mexicana del siglo XX y, a la vez, expone el conflicto que se desarrolla entre mestizos e indígenas.

La protagonista del relato es Laura, quien, tras haber estado semanas desaparecida, reaparece en su casa y le cuenta a Nachita, su cocinera, lo que le ha sucedido. De camino a Guanajuato con su suegra Margarita, el coche se queda sin gasolina y Laura sale a pasear por los alrededores del Lago Cuitzeo, donde el automóvil las ha dejado tiradas. Este paseo Laura lo aprovecha para reunirse con su primo marido del siglo XVI.

La protagonista de este relato vive dos vidas en una, que se entremezclan en las páginas de la obra. En el siglo XVI, Laura es protagonista de la conquista de México y la caída de Tenochtitlan; en el siglo XX, vive con su marido, Pablo, quien controla sus pasos y cada aspecto de su vida, y con quien la protagonista no quiere estar.

El tiempo había dado la vuelta completa, como cuando ves una tarjeta postal y luego la vuelves para ver lo que hay escrito atrás. Así llegué en el lago de Cuitzeo, hasta la otra niña que fui. La luz produce esas catástrofes, cuando el sol se vuelve blanco y uno está en el mismo centro de sus rayos. Los pensamientos también se vuelven mil puntitos, y uno sufre vértigo.

En este relato, lo peculiar y la característica principal en la que se plasma el realismo mágico es el uso del tiempo, que se refleja en una continua nebulosa que mezcla ambas épocas. Laura se esfuerza una y otra vez por volver al siglo XVI con su primo marido, para que, cuando llegue el tiempo real, puedan convertirse en uno.

Se me había olvidado, Nacha, que cuando se gaste el tiempo, los dos hemos de quedarnos el uno en el otro, para entrar en el tiempo verdadero convertidos en uno solo.

«La culpa es de los tlaxcaltecas» es una historia de amor, pero también es una crítica social al papel relegado que ocupa Laura, como símbolo de las mujeres, en su familia del siglo XX; además es una crítica al papel que los tlaxcaltecas tuvieron en la Historia de México —de ahí la continua repetición de la frase «La culpa es de los tlaxcaltecas» a lo largo del relato—, y es también un manifiesto contra el racismo que sufrían los indígenas, puesto que Pablo, el marido de Laura del siglo XX, realiza continuos ataques al primo marido de Laura por ser, como él mismo dice de forma despectiva, un indio.

La semana de colores

El último cuento que vamos a tratar es «La semana de colores» y fue publicado en 1964 en la colección con el mismo nombre. Es el relato más metafórico de los tres, y es el que realiza una muestra más directa de la magia que radica en los escritos de Garro.

A lo largo del relato, las dos niñas protagonistas, Evita y Leli, nos presentan a los Días de la Semana. Ellas no conciben el paso de la semana de una manera ordenada, de lunes a viernes, sino que nos explican que los días tienden a repetirse y a amanecer de maneras desordenadas.

Las semanas no se sucedían en el orden que creía su padre. Podían suceder tres domingos juntos o cuatro lunes seguidos. Podía suceder también lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo; pero era una casualidad. ¡Una verdadera casualidad! Era mucho más probable que del lunes saltáramos bruscamente al viernes y del viernes regresáramos al martes.

Ellas mismas van a conocer a los Días y son guiadas por Don Flor, que se los presenta y les explica cuáles son sus características: cada uno de ellos está asociado a un color y a una rasgo cargado de connotaciones católicas. Por ejemplo, el Domingo está asociado al color rojo y a la lujuria, mientras que el Sábado es de color rosa y se caracteriza por la castidad, y el Miércoles es amarillo y es avaro. Estas características se ven reflejadas directamente en las personificaciones de los Días.

«La semana de colores» es un cuento peculiar en el que la trama carece de importancia y la representación y personificación de la Semana es la que toma el protagonismo principal. Es una metáfora en la que Garro nos da una explicación a por qué hay semanas que son eternas y otras que pasan volando, o a por qué hay días grises y días blancos, anímicamente hablando.

Además, Garro personifica la mayoría de los días en mujeres que sufren algún tipo de violencia o discriminación, pues viven en una especie de prostíbulo donde reina el mal olor y la suciedad, haciendo de su relato una nueva crítica social.

Elementos del realismo mágico de Elena Garro

Portada de la obra Un hogar sólido, edición Universidad Veracrúz.

El realismo mágico de Garro está compuesto por multitud de características, pero quizá la más destacable de todas, que figura como eje central de los tres cuentos que hemos resumido, es la representación del tiempo. Este tema ha sido estudiado numerosas veces y se han escrito decenas de artículos sobre el mismo; uno de los más recientes, es el artículo de Maielis González: «Elena Garro y los difusos límites del tiempo», en el que la autora realiza un recorrido por el uso del tiempo que Garro hace a lo largo de sus obras. Y es que, sin duda, esta característica es la que hace tan especial los escritos de la autora mexicana.

El tiempo de Elena Garro no es lineal ni cronológico. La autora transforma este elemento en un ente cíclico que entrelaza diferentes épocas, generaciones y días de forma desordenada, pero manteniendo siempre un sentido.

En «Un hogar sólido», se entremezclan las edades de los personajes y dejan de responder a un orden generacional, de manera que dos hermanas, en un mismo punto temporal, tienen cinco años y ochenta. Garro juega con la percepción del lector, que presupone un orden cronológico, para confundirle durante las primeras páginas de la obra teatral, hasta que pone al descubierto la creación de una línea temporal en la que los difuntos conviven tras su muerte.

 En «La culpa es de los tlaxcaltecas», la línea temporal se vuelve más compleja. Deja de lado de nuevo la inmutabilidad del tiempo histórico, que en un principio es lineal, para entremezclar los sucesos de dos siglos distintos y hacer que la protagonista, Laura, pasee entre uno y otro a su placer. Laura vive en todo momento entre ambas épocas: el siglo XVI, con Tenochtitlan, y el siglo XX, con Ciudad de México, se superponen y chocan en momentos puntuales del relato —como cuando Laura se mancha de sangre en el siglo XVI, pero su vestido permanece teñido de rojo en el siglo XX—, a pesar de que son líneas temporales distintas y paralelas. Es la manera que tiene Garro de presentarnos su tiempo cíclico.

Además, en este relato nos encontramos con un discurso continuo sobre el fin del tiempo y es que Laura repite, de forma continua, que ya queda poco para que el tiempo se acabe. Este elemento rompe una vez más con la concepción lineal del mismo.

En «La semana de colores», esta idea se repite y se presenta al principio del relato de mano de las dos niñas que explican, al contrario de la opinión de su padre, que los días de la semana no transcurren de lunes a domingo de manera ordenada y lineal, sino que se repiten y se alternan sin saber en qué día vas a despertarte. De esa manera, una semana puede tener varios lunes o varios sábados, y hacerse más corta o más larga según cómo sean estos días. La repetición de los días es lo que aporta el componente cíclico en la temporalidad de este último relato.

Portada de la colección de relatos La semana de colores, edición de Porrúa.

La segunda característica del realismo mágico de Garro que podemos encontrar reflejada en estos tres relatos es la representación de la muerte. Los tres cuentos nos hablan de la misma desde perspectivas muy distintas, pero siempre con la sutileza mágica que contiene este género literario.

«Un hogar sólido» es una representación generalizada de este concepto: sus protagonistas están muertos y realizan una explicación muy concreta de cómo es la vida en el más allá. La muerte se plantea como una etapa más, en la que el ser humano muerto vive distintas experiencias en forma de animal o de objeto, pero siempre manteniendo la conciencia de sí mismo y el recuerdo. Esta obra de teatro es un homenaje directo al Día de Muertos de México y a toda la cultura sobre la muerte que rodea al país.

La lectura de la muerte en «La culpa es de los tlaxcaltecas» es de menor importancia y está supeditada al tema principal del relato, del cual ya se ha hablado con anterioridad: el tiempo. Laura expresa continuamente como el fin del tiempo va a llegar y da a entender que con él llegará la muerte. Además, Garro nos muestra la caída de Tenochtitlan en la línea temporal del siglo XVI, en la que la muerte es la protagonista, creando un ambiente de dolor y tinieblas en el que Laura busca frenéticamente a su primo marido.

 En «La semana de colores», su aparición es distinta y metafórica, como el resto del relato. Las niñas nos presentan un tiempo cíclico en el que la Semana tiene los días desordenados y repetidos frente a la Semana ordenada de su padre que se ajusta a lo dictado por la Iglesia Católica en cuanto al orden del tiempo. Tras su visita al hogar de los Días, la muerte se hace dueña del relato, y descubren que la persona que las ha guiado y les ha ido presentando a los Días, Don Flor, estaba muerto. Su muerte trae consigo la desaparición de la Semana colorida que ellas defendían y apreciaban para ser sustituida por la Semana tradicional y ordenada que conocemos. En este caso, la muerte no es protagonista del relato pero condiciona su final.

El realismo mágico de Elena Garro tiene muchos otros elementos, pero estos dos, el trato del tiempo y de la muerte, son los más característicos en los relatos que hemos tratado en este artículo. La pluma de la autora se ve definida especialmente por la representación y la defensa de un tiempo no lineal en la mayoría de sus obras.

Raquel Aysa Martínez
Raquel Aysa Martínez (Fichas de autoras/Artículos/Reseñas): Feminista, historiadora, lectora y escritora con varios relatos publicados (y otros tantos en el cajón). Adicta a la fantasía, a la ciencia ficción, al arte y a Twitter.


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3 comentarios en “El realismo mágico de Elena Garro

  1. M e resultó interesante esta nueva perspectiva del realismo mágico aunque me sorprende la inclusión de Silvina Ocampo dentro del movimiento. Silvina Ocampo siempre se la ha visto como exponente de la Literatura Fantástica al igual que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

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    • De hecho, a Borges también se le considera autor de realismo mágico por según que relatos. Supongo que es complicado separar un género del otro 🙂

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