Newropía: La femenina absoluta

Newropía es la suerte de microutopías en que se ha dividido Europa en la nueva novela de Sofía Rhei. En ella, la autora critica el capitalismo y el (mal) uso de la ficción publicitaria a través de una historia llena de intrigas, espías y asesinatos. Todo ello mediante la sátira y el humor, sin dejar de lado otra de las facetas más características de sus obras: la especulación lingüística, que tratará en este artículo.

En la imagen se ve el libro sobre un fondo en el que aparece una ciudad futurista. Aparece sobre él el mensaje "bienvenido a newropía, el continente gamificado"

Portada de Newropía.

La utopía me parece fascinante en su voluntad no solamente de detectar qué cosas podrían mejorarse en las sociedades, sino en su diminuta aportación en forma de soluciones concretas, de ideas aplicables. Como lectora, considero que es más difícil de escribir y más valiente que la distopía; pero tiene la característica, susceptible de adquirir una tonalidad naïf o bien totalitaria, de que, si es una persona quien la escribe o la idea, esa utopía es la de una sola persona.

Cuando sumergí las manos en la masa de diseñar mi propia fantasía utópica para Newropía, con la cabeza llena de las hermosas ideas de Christine de Pizan y de Charlotte Perkins Gilman, descubrí que en mi mente, e imagino que en la de cada persona del planeta Tierra, no existe una sola utopía, sino una multiplicidad de ellas. Algunas hasta podrían parecer incompatibles entre sí, a pesar de pertenecer a la misma mente.

Los tres proyectos utópicos de los que más se habla en la novela responden a tres facetas de la existencia que tienen la suficiente importancia en mi vida como para que me pudiera fascinar vivir en ellas. Una tiene que ver con la nostalgia de la infancia, otra con la devoción al arte de la palabra, y la tercera con la ideología. Esta es la que considero más importante y relacionada con el futuro.

La Foresta es una comunidad que decide vivir en zonas forestales, causando la menor alteración posible en ellas, y que reivindica y practica una variante de la brujería tradicional, entendiendo la figura de la bruja como emblema de la sabiduría y autonomía históricamente femeninas.

Al construir la Foresta intenté vestirme la piel de sus fundadoras, unas mujeres con una hartura tan absoluta de la presión atmosférica patriarcal que, cuando se les da la oportunidad, deciden crear una comunidad abierta únicamente a personas que se identifiquen como mujeres. Es más: deciden cocinarse una versión de la lengua carente de palabras masculinas, de manera que la norma femenina desaparece y termina por convertirse en la neutralidad. Estas brujas tenaces y persistentes tienen alergia a las palabras acabadas en “o” y solamente las mantienen como terminaciones verbales.

Llegaron al pueblo a lomos de los caballos tras un día agotador. El cielo estaba encapotado, el riesgo de un chaparrón requería buscar refugio de inmediato.

… se convierte en:

Llegaron a la aldea llevadas por las yeguas tras una jornada agotadora. La bóveda celeste estaba oscurecida, amenazando tormenta. Hacía falta resguardarse inmediatamente.

La autora, Sofía Rhei.

La mitad de la novela está narrada por Verbena, una mujer educada en esta comunidad, con lo cual piensa sin palabras masculinas. A pesar de que la narración está en tercera persona, habría considerado una traición hacia ella utilizar todas esas palabras que Verbena ni siquiera conoce. Así que me lancé a la aventura de escribir en «femenina absoluta», empezando por la propia denominación de una comunidad que no podía llamarse «bosque».

Generalmente, esta tarea ha requerido bastante sinonimia y no pocas perífrasis. Encontré sustituciones casi inmediatas, como utilizar formas adverbiales acabadas en «-mente» siempre que hubiera que sustituir palabras masculinas («solamente» por «sólo», etc). O «las cosas que» en lugar de «lo que». «Años» se convirtieron en «primaveras», «días» en «jornadas», «viaje» en «travesía», «hogar» en «morada», «tamaño» en «talla», «alimentos» en «viandas», «de vez en cuando» en «de vez en vez»…

En la historia se habla con frecuencia de las características físicas de las brujas, ya que sus habilidades consisten en amaestrar su mente y su musculatura. «Cuerpo» se volvió «forma»; «ojos», «miradas»; y «corazón», «pechera». Las brujas entienden que lo que en otras zonas se llama «hombres» son «personas masculinas». La denominación de las emociones también requirió varias pensadas, de manera que en la Foresta no existe «nerviosismo» sino «ansiedad», no hay «afecto» sino «querencia», y no se dice «miedo» sino «angustia».

Para algunas palabras aproveché la comprensión de la lengua inglesa que casi todas las lectoras tenemos, optando por «quietud» en lugar de «silencio», «memorias» en vez de «recuerdos», «balanza» para decir «equilibrio». Pero otras me costaron más vueltas, como «gobernanza» en sustitución de «control», «atadura» en lugar de «vínculo» o «nudo», «azogue» por «espejo»… y algunas nunca he conseguido resolverlas satisfactoriamente. Ha sido una tarea trabajosa, y estoy segura de que, si volviera a revisar la narración, encontraría más sustituciones posibles o mejores soluciones.

Fotografía de un bosque.

Fotografía de Simon Wilkes en Unsplash

Advertí que la «femenina absoluta» le daba una textura peculiar y algo anacrónica a la narración, aumentaba la cantidad de palabras y en general parecía hacer más densa e incluso más seria la información, cosa que me resultaba favorable para caracterizar a las brujas de la Foresta e incluso a Verbena en particular.

La experiencia de escribir utilizando únicamente palabras mujer me ha resultado intensa y, en cierta manera, adictiva. No descarto la posibilidad de llevar esta variante narrativa a obras futuras. Casi me da lástima separarme de Verbena y de las demás personas ficticias (o quizá no) de esta historia. Y he guardado en la caja de Newropía una propuesta concreta, una sugerencia que creo que podría aplicarse en la realidad y que quizá supusiera una mejora respecto a nuestras perspectivas como especie, si es que tenemos. Pero para saber cuál es habrá que leerse la novela.

Colaborador
Sofía Rhei (COLABORADORA): escritora, poeta experimental y traductora, entre otras cosas. Ha publicado más de treinta libros, en su mayoría infantiles y juveniles. Sus poemas, presentes en diversas antologías, han sido traducidos al inglés, francés, portugués, gallego, italiano, japonés, ucraniano y esloveno.


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