Tu princesa está en otro castillo, pero ahora se llama Mary Sue

Nota: Este artículo se publicó originalmente en Infiltradas (Palabaristas Press, 2019).

La princesa Peach es una Mary Sue. Da igual que sepas o no lo que significa este término: tienes ante ti un largo artículo en el que se va a hablar de ello, pero te tiene que quedar claro este punto. Es algo crucial, una verdad que no puede ser ignorada, la piedra angular de toda mi argumentación. 

Es posible que no estés de acuerdo porque, en el fondo, te suena que lo de Mary Sue es algo negativo y no entiendes qué tiene que ver la princesa Peach con todo eso. Seguramente no seas capaz de definir en qué consiste el término «Mary Sue». Si estuvieras en un concurso de la televisión, ya habrías perdido millones de euros, lo siento mucho. 

Tengo tu atención, al menos. No me quejaré, es lo que buscaba desde un principio. El título del artículo ya te habrá sonado de algo si has tenido un mínimo de contacto con la cultura de los videojuegos. «Tu princesa está en otro castillo» es la frase con la que te obsequiaba el simpático champiñón Toad cuando, tras superar terribles calamidades y peligros, descubrías que, para salvar a Peach, tendrías que esforzarte mucho más. La princesa no está aquí, Mario, está en otra pantalla distinta.

«Tu princesa está en otro castillo» no es la frase que te regalan cuando eres una autora joven y publicas tu primera obra, da igual el género, y la gente califica a tu protagonista de Mary Sue; pero la sensación de frustración es exactamente la misma. Has intentado crear una protagonista fuerte y valiente, que no renuncie a su belleza y carisma, que sea perfecta en cada forma. Has repetido lo que lleva haciéndose desde el principio de los tiempos en ficción, pero no es suficiente. Tu reputación no llegará a nada si escribes Mary Sues, cariño. Busca en la siguiente pantalla. 

Origen del término: una broma entre trekkies

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Portada del primer número del fanzine Menagerie, donde más adelante se publicaría el relato «A Trekkies Tale».

Puede que existieran fandoms (traduciendo libremente, sería algo así como un «dominio de fans», un lugar metafórico o físico donde los fans de algo concreto se reúnen para compartir su afición) antes de Star Trek, pero debemos estar de acuerdo en que el fenómeno fan nunca habría sido lo mismo sin la aportación de esta incombustible saga de ciencia ficción que empezó como una serie en la televisión de EE. UU.

Star Trek (emitida por primera vez en septiembre de 1966) fue una auténtica pionera en muchos aspectos, llevando a la televisión historias diferentes a cualquier cosa que se hubiera emitido antes. El gran público la recibió de forma bastante cálida, consiguiendo reunir un gran número de seguidores que no se conformaban con consumir la ficción, sino que destacaron en la creación de materiales en torno a su obra favorita. Los «trekkies», que es como comenzaron a denominarse, celebraban convenciones, editaban fanzines llenos de ilustraciones propias, información, entrevistas, fanfics (traduciendo libremente, «ficción de fans». Historias no oficiales utilizando la ambientación de una obra), etc. Toda una red antes de Internet, no olvidemos que estamos hablando de la década de los 70. 

En esa vorágine de creatividad, también auspiciada por el boom que para la ciencia ficción supuso la llegada del ser humano a la Luna, creció la escritora Paula Smith. Su pasión por Star Trek la llevó a leer todo aquello que cayera en sus manos y que tuviera relación con la serie, participando también como consumidora y creadora de diversos fanzines. ¡Ah!, y también fue la creadora del término Mary Sue. (Referencia de la entrevista: Walker, Cynthia W. 2011. «A Conversation with Paula Smith.» Transformative Works and Cultures, no. 6. Enlace). 

Como aventajada lectora de fanfics, Paula Smith los encontró de todas las calidades imaginables. Algunos eran verdaderamente buenos; otros, regulares; y más de los que querría recordar eran atroces y punto. A Smith le gustaba analizar patrones de comportamiento y relaciones entre las cosas, así que terminó por fijarse en que existían similitudes entre los fanfics terribles, demasiado comunes como para pasarlas por alto. Estas historias solían estar protagonizadas por un personaje original («original character», es decir, que no formaba parte del canon [la narración oficial y su universo relacionado] de la serie), una adolescente muy capacitada que se unía a la tripulación de la Enterprise y de la que todo el mundo se enamoraba al momento. 

Entonces llegó el día en que leyó el peor de todos esos fanfics, en los que la protagonista, además, tenía un pasado trágico y sacrificaba su propia vida para que todos los demás tripulantes de la Enterprise pudieran salvarse, con un lacrimógeno final. Smith sintió llegar en ese momento la inspiración y creó un pequeño texto satírico para el fanzine Menagerie, un relato de apenas 200 palabras en las que una de estas adolescentes era ascendida al puesto de mando de la Enterprise entre declaraciones de amor. El nombre de la joven teniente os sonará de algo: se llamaba Mary Sue

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Fotografía de la publicación original de «A Trekkies Tale», con una ilustración bastante ácida del aspecto de Mary Sue.

El relato, titulado «A Trekkie’s Tale», tuvo bastante éxito, lo que llevó a Smith a seguir escribiendo historias de ese tipo, que reunió bajo el sobrenombre de «Aventuras de la teniente Mary Sue». En una entrevista, la propia Smith reflexionaba sobre si la broma no debería haber muerto ahí mismo, si no llegó demasiado lejos. En cualquier caso, sabemos que eso no pasó. Ella misma y otros trekkies adoptaron el término Mary Sue o «historias de Mary Sue» para referirse a todos aquellos fanfics que cumplían las características antes descritas, llegando incluso a producirse tensas discusiones a través de la sección de cartas de los fanzines, donde las autoras de fanfics defendían sus historias frente a las burlas. 

Es difícil imaginar qué habría ocurrido si el término Mary Sue no hubiera abandonado los ambientes trekkies. ¿Habríamos acabado por adaptar algún sinónimo para definir a esta clase de personajes o, simplemente, no existiría? Es algo con lo que solo podemos especular, aunque yo me inclino a pensar que un término similar habría aparecido. La fuerza con la que Mary Sue se ha extendido a lo largo del tiempo deja claro que la gente quería una expresión con la que referirse a estos personajes, por desgracia. 

¿Qué es una Mary Sue hoy en día?

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El personaje de Capitana Marvel (película de 2019), al que da vida la actriz Brie Larson, también ha sido acusado de Mary Sue.

Como cualquier concepto que lleve a sus espaldas cinco décadas de vida, poco queda ya con lo que identificar a la Mary Sue original con el uso que se le da en la actualidad. Por supuesto, ya no se aplica únicamente a fanfics de Star Trek ni a tripulantes adolescentes de la Enterprise. 

A decir verdad, existe muy poco acuerdo sobre lo que la idea de la Mary Sue significa. Ni siquiera la web TV Tropes, auténtica biblia de la ficción, consigue ponerse de acuerdo en mucho más que un núcleo duro: se trata de un tipo de personaje. A partir de ahí, existen tantas definiciones como personas que usan el término. Sin embargo, como resultaría harto complicado continuar este artículo sin dar, si quiera, unas características generales, aquí van esas con las que la gente parece estar mayoritariamente de acuerdo (aunque no sería necesario cumplirlas todas a la vez): 

  • La Mary Sue es una mujer. A veces se utiliza el término para referirse a personajes masculinos, pero no es algo que ocurra con la misma frecuencia. En cualquier caso, este punto se analizará más adelante.
  • Es muy joven, adolescente en gran parte de los casos, y tiene un pasado trágico diseñado para causar empatía en las lectoras. El resto de personajes también empatiza con ese pasado. 
  • Tiene características físicas muy llamativas y poco habituales en el propio universo de la obra, como ojos o pelo de colores únicos o heterocromía. Si existen razas fantásticas o alienígenas en la obra, ella sería de una muy especial. 
  • Toda la trama gira a su alrededor y el resto de personajes solo pueden amarla u odiarla. Quienes la odien serán automáticamente categorizados como villanos. 
  • No tiene defectos y, en caso de tenerlos, solo sirven para hacerla aún más maravillosa. 
  • Es un autoinserto de la autora.
  • A menudo tiene que sacrificarse de forma dramática para salvar al resto de personajes.
  • Se trata de un personaje original insertado en un fanfic, que roba el protagonismo a los personajes del canon.

Este último punto es el que más parece haberse diluido con el paso de los años y el que, desde mi punto de vista, más importante resultaba en un primer momento. Paula Smith, la autora de los relatos satíricos de la teniente Mary Sue, escribió su primera parodia sobre este personaje como consecuencia del hartazgo que le producía encontrarse perfiles de esa clase en fanfics. Concretamente lo que más le molestaba no era que existieran personajes originales en estas ficciones, sino que estos tuvieran la capacidad de malear y deformar la personalidad de los personajes del canon a conveniencia de la trama. 

¿Qué ocurre, entonces, si el término Mary Sue se puede utilizar en cualquier obra, sea fanfic o no? Hoy en día se ha transformado en un calificativo que se aplica sin ton ni son a cualquier personaje femenino que, por el motivo que sea, no guste a quien lo está describiendo. La Mary Sue es un mal personaje y no hace falta explicar si la molestia viene porque el personaje es plano, aburrido o inverosímil. Es malo y punto. 

Antes era una princesa, ahora me llaman Mary Sue

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La actriz Kristen Stewart en su papel de Bella Swan en Crepúsculo (2008).

Como acabamos de ver, en la actualidad el uso del término Mary Sue se ha extendido a personajes originales de ficciones que nada tienen que ver con los fanfics; un ejemplo típico sería el personaje de Bella Swan, protagonista de la saga Crepúsculo (primer libro publicado originalmente en el año 2005). 

Bella Swan es acusada de Mary Sue debido a su descripción física, que podría ser similar al aspecto de la propia autora (Stephenie Meyer) y que daría lugar a un «clarísimo» autoinserto. Otro argumento sería que varios de los personajes sienten atracción romántica por ella. Sin embargo, quienes tachan a Bella de Mary Sue parecen olvidar que Crepúsculo es una historia romántica, cuya trama tiene que girar necesariamente en torno a los romances de la protagonista. No podemos obviar este detalle: el mundo en Crepúsculo gira en torno a Bella porque ella es la protagonista de su historia. 

Podríamos aquí iniciar un debate acerca de si esta saga es el inicio de un cataclismo cultural o no (cosa que descarto totalmente, pues parece que 10 años después de que se publicara el último de los volúmenes, las editoriales siguen funcionando y cada año salen al mercado libros buenos, mediocres y malos), pero no quiero desviarme del tema. Lo más relevante aquí es que se ha utilizado el odio masivo contra Crepúsculo como excusa para poner a su protagonista la pegatina de Mary Sue cuando, si atendemos a las características antes enumeradas, apenas sí cumple dos. ¿Por qué es Bella, entonces, una Mary Sue? ¿Por qué este sambenito cuelga sobre cualquier personaje femenino con protagonismo? Y, lo que me parece más importante, ¿por qué todas esas características que resultan tan irritantes en personajes femeninos protagonistas nunca han sido un problema para los personajes femeninos secundarios?

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El personaje de la Princesa Peach en su diseño para el juego Mario Party 8 (2007).

Volvamos a la princesa Peach, que no deja de ser uno de tantísimos ejemplos de princesas de la ficción (supongo que es el arquetipo que nos toca: ellos son héroes y nosotras, princesas). Peach fue diseñada para el videojuego Super Mario Bros (1985) como una mujer joven, de carácter amable, capaz de dirigir su reino con bondad y de una belleza espectacular, sobre todo, si la comparamos con los otros personajes humanos. Por supuesto, es el único personaje femenino que aparece en el juego. Super Mario está enamorado de ella y su trama consiste en rescatarla de las garras del malvado Bowser. Belleza despampanante, juventud, la trama gira en torno a ella… ¿Y nadie la llama Mary Sue? 

Demos un paso más, imaginemos que el videojuego se llamara «Super Princess Peach» y ella fuera la encargada de rescatar al fontanero. Misma personalidad, mismo aspecto, pero ella tiene agencia y poder, es la protagonista de su historia. ¿La llamarían Mary Sue entonces? Probablemente sí, porque si analizamos el uso de este término a lo largo de los años, parece que lo que molesta no son tanto los requisitos que el personaje cumpla, sino cuál sea su papel en la historia. La princesa debe ser rescatada, es una verdad inamovible que milenios de ficción han grabado en nuestro ADN cultural, desde la Odisea o la Ilíada hasta nuestros días. Ahora, ¿la mujer que protagoniza su historia? Esa sí que es una Mary Sue. 

Son muchos los ejemplos en la cultura popular que muestran esta cuestión. Si analizamos, por ejemplo, a las primeras princesas Disney, encontramos el mismo arquetipo de interés romántico de la princesa Peach. Aunque las películas Blancanieves (1937), La bella durmiente (1959) o Cenicienta (1950) lleven el nombre de las propias princesas, en realidad su protagonismo es más bien una excusa para orientar las cintas al que era (y sigue siendo) su público objetivo: las niñas. Ninguna de las tres es el sujeto activo de sus propias películas, puesto que se limitan a ser manejadas por los hilos de las villanas (siempre mujeres mayores y amargadas frente a la virginal inocencia de la princesa) hasta que el príncipe puede rescatarlas (lo que no termina de ser una liberación, sino, más bien, un cambio de amo).  

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En la película, Blancanieves despierta en casa de los enanitos y se pone a limpiar.

Aunque el paso de los años haya supuesto avances en este aspecto, las primeras princesas Disney no están diseñadas para que las niñas se identifiquen con ellas, sino para que aspiren a ser como ellas. Solo tenemos que compararlas con los protagonistas masculinos de películas Disney de la misma época como Pinocho (1940), Winnie the Pooh (1961) o Merlín, el encantador (1963). En estas películas aparecen niños que piensan en jugar, que son enclenques y tienen dudas morales. Mientras tanto, las princesas son ideales; adolescentes modelos que siempre saben cómo comportarse, que se encargan de sus tareas sin que nadie se las recuerde y que ocupan sus roles sin rechistar. Son irritantemente perfectas y, aun así, no fue hasta los años 70 que surgió el concepto de Mary Sue. ¿Por qué? ¿Qué tenía la teniente para recibir todo el odio cuando tantas mujeres en ficción han tenido sus características antes?

Es más, incluso décadas después hemos podido observar la aparición de personajes como Leelo, de El quinto elemento (1997), que cumple casi todas las características que antes se enumeraron sobre las Mary Sues, llegando incluso a producirse una broma recurrente en la propia película cuando varios personajes se refieren a ella como «perfecta en todo». Aun así, la etiqueta de Mary Sue tampoco es para ella.

Entonces, si no son las características antes enumeradas lo que convierte a un personaje en Mary Sue, ¿de qué depende esta etiqueta, más allá de la aleatoriedad con la que el público la adjudica? ¿Qué es lo que hace que salten las alarmas ante determinados personajes? La única respuesta que encuentro se refiere al público al que pretende agradar el personaje. La princesa Disney satisface a la mirada masculina, a lo que la sociedad espera de nosotras. La Mary Sue es el escalón máximo de la autoidealización femenina, es lo que nosotras mismas queremos ser. 

Ellos son protagonistas, ellas, Mary Sues

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Rey Asecas, protagonista de la más reciente trilogía de Star Wars.

(Nota: recordemos que este artículo fue publicado antes de salir el Episodio IX de Star Wars, por lo que en el momento de escribirlo se desconocían cosas del personaje que ahora sí sabemos).

No puedo continuar este repaso a la cultura popular sin analizar al personaje protagonista de la saga Star Wars. Se ha criado en un planeta arenoso, trabajando en cosas que no le hacen feliz y jugando con mecánica. Siempre ha mostrado mucho interés por los vehículos, que es capaz de manejar y reparar con soltura. Cuando se inicia en el manejo de la Fuerza, pronto consigue grandes resultados, llegando a superar a su maestro en menos de lo que se tarda en decir «midiclorianos». ¿De cuál de los tres estoy hablando? Podría haberme referido a Luke Skywalker, sí, pero también a su padre, Anakin (protagonista de los Episodios I-III) o a Rey (Episodios VII-IX). Los tres tienen un pasado trágico, que conocen más o menos, y salen de la nada para acabar teniendo un papel crucial en la historia de la Galaxia. Sin embargo, y a pesar de todo lo que comparten, no fue hasta el estreno del Episodio VII (2015) que Internet se vio inundado por artículos, publicaciones en las redes sociales y mensajes en foros explicando por qué Rey es una Mary Sue y, por ende, un mal personaje que ha arruinado la franquicia.  

Por más que me esfuerce, no logro ver ninguna diferencia que justifique este odio más allá de lo evidente: Rey es una mujer. Mucha gente parece dispuesta a creer que el machismo es algo del pasado, pero no ha sido hasta el año 2015 que hemos tenido a una mujer protagonizando la saga Star Wars, con las consecuencias que ya he comentado. La situación de la primera trilogía es tan terrible que incluso existe un vídeo recopilatorio (llamado Women don’t talk much in Star Wars) en el que aparecen recopiladas todas las frases dichas por mujeres en estas tres películas, una vez excluidas las de Leia. Este vídeo tiene una duración de 1 minuto y 24 segundos

Así que, aunque queremos creer que hoy en día no hay machismo, tampoco nos sorprende que los fans clásicos de la saga se sientan atacados cuando, viniendo de esos inicios y de una segunda trilogía que no concedía mucho más protagonismo a las mujeres, de repente una adolescente pilota el Halcón Milenario, utiliza un sable de luz y domina la fuerza para engañar a los Stormtroopers. Acciones que, recordamos, los demás protagonistas de la saga hicieron en sus películas.

Sin embargo, la saga ya tenía a personajes femeninos importante en las otras trilogías, como Leia y Padmé, que no recibieron esa cantidad de odio. Ellas también eran mujeres jóvenes, hermosas, que se llevaban bien con todo el mundo, y con fuerza y habilidad en el combate, de ser necesario. Otra vez características propias de Mary Sue, pero la etiqueta solo es para Rey. Para mí, la diferencia es clara: Leia y Padmé no son protagonistas, son princesas. 

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La princesa Leia no dudaba en defenderse usando su blaster.

Decir que el odio a las Mary Sues se limita a lo que esos personajes hacen o dicen sería mentir, porque no es importante siempre y cuando recuerden cuál es su papel en la historia. Leia y Padmé están en Star Wars para ser amadas, por eso nunca le llevan la contraria a los personajes masculinos principales o, cuando lo hacen, siempre es para que el hombre pueda replicar en una dinámica de flirteo, no porque ellas puedan tener razón. A la hora de la verdad, Leia y Padmé siempre serán apartadas o humilladas para lo que requiera la trama, para el lucimiento del hombre protagonista. ¿Por qué si no el biquini dorado? ¿Por qué la ridícula muerte «de pena» de Padmé? 

Rey, por su parte, no ha tenido ese momento que la «ponga en su lugar», en el lugar de las mujeres, porque Rey es la protagonista. No necesita que la salven ni que la amen porque esta es su historia y eso, sin duda alguna, es imperdonable para una parte demasiado amplia de la sociedad. El término Mary Sue supone en estos casos la válvula de escape a una incomodidad que mucha gente no es capaz de identificar. Les cuesta ver a una mujer haciendo todo aquello que siempre han visto hacer a los hombres, pero no es porque ellos sean machistas, es que el personaje es una Mary Sue. 

Volviendo al origen del término, estoy bastante segura de que en los fanzines de Star Trek que se publicaban en los años 70 también había fanfics escritos por hombres adolescentes, ficciones terribles en las que la personalidad de los personajes se manipulaba para colmar las fantasías del escritor. No existe ningún término para referirse a esos fanfics, al menos, no que haya sobrevivido hasta hoy. ¿Es que no existían esos fanfics o es, simplemente, que los hombres no necesitaban inventarse a personajes con los que identificarse porque ellos ya eran los protagonistas de la serie? Un adolescente fan de Star Trek no necesitaba crear un protagonista inteligente, del que todas las mujeres se enamoraran y que todo el mundo admirara y obedeciera. Ya tenían a Kirk y a Spock para ello.

Las «Mary Sues» crecieron en los márgenes de una cultura popular que se negaba a darnos el protagonismo que siempre concedió a los hombres. Porque cuando no teníamos mujeres con las que identificarnos, nos las inventamos y, ahora que las superproducciones nos dejan ser protagonistas, el término Mary Sue pasa a calificar también a los personajes del canon de esas ficciones. 

Es decir, si unas mismas características molestan en unos personajes sí y en otros no en función, primero, de su género y, segundo, de su papel en la trama no creo que sea descabellado hablar de que el término Mary Sue es esencialmente misógino

Eso es imposible, ¿qué pasa con «Gary Stu»?

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¿Es el personaje de Harry Potter, interpretado por Daniel Radcliffe en las películas, un «Gary Stu»?

Nos encontramos ante el «ni machismo ni feminismo» de los argumentos sobre las Mary Sue: el término Mary Sue no puede ser machista ni misógino porque también existe el «Gary/Marty Stu». Bueno, el problema es que este argumento no es cierto

No hay un solo personaje masculino cuyas acusaciones de Gary Stu hayan generado los ríos de tinta que generan sus contrapartidas femeninas, ya que el término no tiene ni el mismo alcance ni la aceptación de Mary Sue. Es más, ni siquiera tiene el mismo origen. Cuando antes he analizado la forma en que se empezó a utilizar Mary Sue, ha quedado claro que la broma venía por aquellos fanfics escritos por chicas adolescentes en las que una joven con un pasado trágico se unía a la Enterprise y todo el mundo se enamoraba de ella. Desde ahí se ha ido extendiendo conforme la gente «necesitaba» una forma de menospreciar a todos esos personajes femeninos que entendían demasiado perfectos y, ocasionalmente, ha pasado a algunos personajes masculinos. 

Es hasta cierto punto común que la gente se refiera a personajes como Harry Potter, Kvothe (de la saga Crónica del asesino de reyes) o Eragon como ejemplos de Gary Stu, pero la aceptación de esto es ínfima al lado del debate que genera cualquier personaje femenino con esas características. 

Los términos Mary Sue y Gary Stu no tienen las mismas connotaciones ni el mismo uso, del mismo modo que no lo tienen llamar «puta» a una mujer y llamar «puto» a un hombre. ¿O es que, al llamar «puto» a un hombre, estamos criticando su promiscuidad o su vida sexual? 

Para muestra, he recopilado la siguiente lista de personajes y los he buscado en Google para ver cuántos resultados arrojaba la búsqueda. Algunos de los personajes ya han sido analizados y otros, como Hermione Granger, que me han parecido interesantes porque, a pesar de ser inteligente, atractiva y marisabidilla, es otro personaje al que no se acusa de Mary Sue por mantener su lugar subordinado al protagonista de la historia. 

  • Rey Mary Sue: 13.200.000 resultados 
  • Luke Skywalker Mary Sue: 121.000 resultados // Gary Stu 41.000 resultados 
  • Anakin Skywalker Mary Sue: 127.000 resultados // Gary Stu 99.200 resultados 
  • Leeloo Mary Sue: 154.000 resultados 
  • Harry Potter Mary Sue: 3.520.000 resultados // Gary Stu 77.800 resultados 
  • Hermione Mary Sue: 225.000 resultados 
  • Bella Swan Mary Sue: 1.110.000 resultados 
  • Lara Croft  Mary Sue: 508.000 resultados 
  • Indiana Jones Mary Sue: 493.000 resultados //Gary Stu 126.000 resultados 

Viendo estas estadísticas son dos las conclusiones que saco:

El término Gary Stu no tiene un uso real ni extendido. De hecho, como se puede ver, la búsqueda arroja muchos más resultados cuando se combina el nombre del personaje masculino y Mary Sue que cuando se hace lo propio con Gary Stu.

No hay, ni de lejos, un solo personaje sobre el que haya tantos resultados como Rey. Si se compara el número de resultados con los de los otros personajes protagonistas de la saga Star Wars, no queda otra opción que sentir bochorno por el terrible trato que se ha dado a la primera mujer protagonista de la saga. 

¿Es la Mary Sue siempre un mal personaje?

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Internet está plagado de test para saber si tu personaje es o no una Mary Sue, como este de la web Gotoquiz.

Tras analizar los orígenes del término es evidente que Mary Sue nació con una connotación negativa. Las aventuras de la teniente Mary Sue siempre eran el mismo tipo de historia, no solo por su personaje principal sino también por la forma en la que manipulaban a los personajes del canon de Star Trek. Pero, ya que hemos comprobado cómo el término ha ido creciendo durante los años hasta perder casi por completo el significado que tuvo en un primer momento, ¿sigue teniendo Mary Sue esa connotación negativa?

Hemos visto que nos encontramos ante un concepto muy huidizo, que cada persona utiliza como mejor encaja con sus ideas. Partiendo de esta base parece que, hoy en día, existen dos corrientes en cuanto a las connotaciones de Mary Sue: una primera que niega que tenga que ser necesariamente negativo y otra que lo utiliza como sinónimo de «mal personaje».

Sobre los segundos no hay mucho que analizar, ya que el razonamiento viene a ser algo así como: yo pienso que ese personaje protagonista es una Mary Sue > el personaje está mal construido > la obra es mala. Curiosamente, esta también suele ser la versión más extendida del término, lo que no resultaría problemático si no fuera porque se acusa de Mary Sue, como ya hemos visto, a prácticamente cualquier personaje femenino con protagonismo. 

Existe una obsesión tan grande con las Mary Sues y lo terribles que son en cualquier obra que Internet está plagado de «test Mary Sue», en los que quienes se dedican a escribir ficción pueden comprobar si su querida protagonista entra en la categoría y, por tanto, la obra o fanfic es una basura ilegible que debe desecharse inmediatamente. Para mí, es muy triste que alguien que está aprendiendo a escribir tenga que preocuparse más de la puntuación que un test arroje acerca de su personaje que de conseguir transmitir lo que desea en el papel. 

Regresando a las corrientes de significado, ya antes anunciaba que hay quien considera que llamar Mary Sue a un personaje no tiene por qué ser malo, sino que nos encontramos ante una simple categoría, como pueden ser las clásicas de «personajes planos/redondos» o «personajes grises». Sin embargo, ¿qué sentido tiene mantener que Mary Sue solo está describiendo al personaje si, a la hora de la verdad, nadie se pone de acuerdo en cuáles son las características que forman esa categoría? Y es que, si pretendemos hacer ver que Mary Sue no es un término negativo, este queda (aún más) vacío de significado.

La reapropiación: adiós al término «Mary Sue»

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She-Ra y las princesas del poder es una serie repleta de personajes femeninos de todo tipo que también han sido acusados de Mary Sue.

Desde mi punto de vista, el único camino que le queda a Mary Sue es desaparecer. Como ya hemos analizado, se trata de un concepto bastante impreciso, peyorativo y con una base misógina imposible de negar. Mi pregunta es: ¿lo necesitamos? ¿Por qué seguimos usándolo?

Si queremos hablar de un mal personaje protagonista, o de los motivos que nos llevan a que no nos guste una obra, siempre encontraremos términos y adjetivos mucho más descriptivos. Con los ejemplos de las búsquedas de Google hemos visto que los dos personajes con más resultados eran Bella Swan y Rey, de Star Wars. ¿Cómo puede entenderse que exista una categoría que ponga en común a ambos personajes, que no se parecen en nada más que en el color del pelo?

Pero, lo que es más importante para mí: el problema con el término Mary Sue es lo castrante que resulta para cualquier muchacha que quiera empezar a escribir. Las mujeres necesitamos vernos representadas en la ficción, necesitamos sentir que nuestros deseos y aspiraciones también pueden aparecer en libros y películas. ¿Cómo vamos a crear todas esas obras de mujeres que pueden vencer al mal sin despeinarse si tenemos que estar pendientes de la sombra de Mary Sue?

Por más vueltas que le he dado mientras escribía este artículo, sigo sin entender dónde está el problema en que un personaje sea creado para cumplir los sueños de su autora. Las mujeres necesitamos conquistar ese espacio, necesitamos poder crear nuestros personajes planos, malos personajes, autoinsertos… Exactamente igual que los hombres han hecho siempre. Necesitamos ese margen de la mediocridad, el poder escribir historias sin más objetivo que el de pasarlo bien y que nuestras lectoras se diviertan. 

Siempre han existido personajes Mary Sue, pero no fue hasta que las mujeres se hicieron un hueco en el mundo de la cultura mainstream que fue necesario calificarlos así, ponerles una etiqueta en la frente. Nadie tiene problema con los personajes femeninos que lo pasan mal, que sufren, nadie llamaría Mary Sue a una Defred o a una teniente Ripley. Y las necesitamos a ellas también, por supuesto. Pero yo quiero más Reys, más chatarreras de Jakku que, con la única fuerza de su determinación, sean capaces de resistirse al Lado Oscuro. Necesitamos que nuestros sueños, nuestras aspiraciones, se vean reflejadas en la ficción como siempre se han visto las de los hombres. 

Necesitamos que nuestras heroínas vuelen bien alto y, desde arriba, se rían del estúpido techo de cristal que se llamaba Mary Sue. 

Enerio Dima
Enerio Dima (Novedades/Redacción): Abogada por el día, escritora por la noche y protestona (en Twitter) a tiempo completo. Me gusta leer hasta las etiquetas de los champús, pasando por toda clase de historias y géneros. No sé quién eres, pero te buscaré y te recomendaré un libro.

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