Reseña: Sirenas borrachas

“Bajo el mar, bajo el mar / Vives contenta, siendo sirena eres feliz”… a menos que quieras tomar una copa. En cuyo caso, te tocará confiar en la magia de tu amiga la bruja del mar y en que sabrá cómo devolverte la cola pasada la juerga… o recurrir a la amabilidad de los desconocidos de la superficie.

Mi primer contacto con Sirenas borrachas (Norma Editorial 2021, traducción de Gema Moraleda) fue uno de esos descubrimientos de novelas gráficas en su forma más pura: me gustan las sirenas, y la colorida portada y el estilo de dibujo me llamaron desde la estantería de la tienda de comics y me embrujaron con sus (nunca mejor dicho) cantos de sirena. Viendo la sinopsis, esperaba una historia humorística, divertida y ligera sobre las tropelías de tres sirenas desastre en la superficie, pero me encontré de pronto con una historia muy emotiva sobre estar fuera de la normatividad y sobre las expectativas ajenas, la soledad y la familia encontrada.

No hay destilerías bajo el mar

Eez, la bruja del mar, utiliza sus místicos poderes para extraer el alcohol de las botellas y que sus amigas se peguen una buena fiesta.

La historia comienza con nuestras protagonistas subacuáticas Pearl, Tooth y Eez saqueando los restos de un naufragio y bebiendo como esponjas (marinas). Desde el principio podemos observar que estas sirenas no se nos plantean como sensuales y estilizadas mujeres con cola de pez en las que solo cambian el color de su pelo y el de las conchas de su sujetador: Tooth es grande y fuerte, una auténtica camorrista; Pearl es gorda y soez, y Eez, escuchimizada y más parecida a un híbrido de humano y anguila que a una sirena clásica de Disney. El dibujo es sin duda uno de los puntos fuertes del cómic, que no teme hacerse con un aire más cartoon y dar carácter y diversidad a los personajes que nos encontremos de fondo en las viñetas, subrayados por una viveza de colores vibrante y muy fresca para un ambiente playero.

Pero volvamos a este trío calavera. Pearl, Tooth y Eez están vaciando las botellas de licor del naufragio y de pronto se les acaba la priva. El instinto de cualquier borracho es “vamos a por más”; lamentablemente, “más” en este caso no es algo sencillo, pues bajo el agua no se lleva mucho eso de destilar líquidos, por lo que sea. Y surge una de esas ideas de bombero tan clásicas de una borrachera: Eez, conviértenos en humanas para que podamos ir a la superficie a por más bebercio.

Después de una épica noche de borrachera y juerga salvaje en un bar que comparte nombre con el cómic y que parece pensado explícitamente para ellas, las tres sirenas se despiertan de resaca en un callejón (a quién no le ha pasado), y entonces Eez descubre algo terrible: no sabe cómo devolverles las colas. Sus amigas y ella están atrapadas en un mundo extraño, cuyo funcionamiento desconocen, y no saben cuándo podrán volver… o si podrán volver.

Humor, solidaridad queer y familia encontrada

Lo que comienza con la que es, sin duda, una de las secuencias más divertidas que he leído en un cómic, prosigue con una aguda crítica a los absurdos de nuestra realidad de la mano de las tres sirenas borrachas. Su exploración del mundo se aleja de la elegancia Disney de La Sirenita: donde Ariel se adaptaba con encanto a las extrañezas de tierra firme, la de estas tres es torpe, crítica y llena de dificultades, desde la necesidad de cubrirse los pechos en público hasta el concepto del dinero y el funcionamiento del sistema capitalista. Las tres sirenas reciben la ayuda de una camarera llamada Vivi, que se apiada de ellas al verlas tan “extrañas” (ninguna sorpresa cuando descubrimos que Vivi es una persona queer) y trata de guiarlas por los obstáculos del mundo de la superficie, en una narrativa que utiliza el humor y las reducciones al absurdo para transmitir su mensaje crítico, deconstruido y reivindicativo.

Vivi les explica el capitalismo a las sirenas, con su consecuente indignación.

La historia toma tintes más profundos y emotivos a medida que se van desentrañando los pasados y las circunstancias de las cuatro protagonistas, que forman su propio núcleo familiar en uno de los ejemplos más tiernos y naturales de familia encontrada que he visto en mucho tiempo. Las protagonistas no son solo monigotes divertidos y caricaturescos que se tambalean sobre dos piernas por la superficie y que se beben hasta el agua de los floreros en una juerga sin fin, sino que encarnan problemáticas tan humanas como las expectativas externas y cómo las interiorizamos, la soledad y el ostracismo, la frustración y la hipercrítica con uno mismo y cómo, en nuestros momentos más oscuros, nos separamos de aquellos que nos quieren cuando más los necesitamos y podemos llegar a sentirnos solos y diferentes con aquellos que siempre han sido nuestro apoyo más fiable. El personaje de Eez llega especialmente en este sentido, ya que se muestra que es la que más se esfuerza por devolver a las sirenas a su hogar subacuático (y se culpa de su actual situación), y la pobre muchacha se ve cada vez más apartada a medida que sus amigas se habitúan a la vida en tierra firme y ella sigue sintiéndose (perdón) como pez fuera del agua.

Portada de la edición española de Sirenas borrachas, de Kat Leyh.

Sirenas borrachas es un ejemplo de que vivimos un tiempo rico para una nueva ola de creadores que reflejan no solo una estética diferente en materia audiovisual, sino temas muy relacionados con la identidad, los aspectos más amables de la vida en un mundo hostil, la solidaridad con los otros “bichos raros” y los conflictos no violentos con resoluciones igualmente no violentas. Es una corriente entre cuyos nombres fuertes podríamos mencionar el Steven Universe de Rebecca Sugar y la Nimona o la She-Ra de ND Stevenson, y ahora, las Sirenas borrachas de Kat Leyh (dato curioso: después de que Stevenson abandonara Leñadoras fue Leyh quien tomó las riendas de la historia, así que esta concordancia de estilos gráfico y narrativo no es casualidad).

Este es, con diferencia, uno de los mejores standalone que he tenido la suerte de encontrarme, sobre todo por casualidad y sin saber nada de la obra ni de su autora. Si buscas una historia divertida, tierna y colorida que no por ello renuncia a la profundidad de sus temas y a la emoción de su argumento, no dejes pasar esta obra: yo todavía miro la portada y anhelo volver a sumergirme en su historia con la nostalgia de una sirena que anhela volver al mar al que pertenece.

Virginia Buedo
Virginia Buedo (Artículos/Reseñas): Escritora, mercenaria de la lengua y overthinker. Tengo un diccionario y no dudaré en usarlo. Me pirra el simbolismo. Siempre tengo sueño. Twitter

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